martes, 10 de marzo de 2026

¿Estamos romantizando (demasiado) la soledad?...

Tres expertos nos hablan de las consecuencias físicas y emocionales de no sentir una red de apoyo, en una era en la que el individualismo impera.
La soledad: cómo entendemos esta emoción
“Sentirse solo o carecer de una red social sólida puede ser tan peligroso como fumar 15 cigarrillos al día. Sí, así de serio es el impacto”, me dijo María Pastor -bióloga sanitaria y nutricionista- cuando le propuse que me ayudase a entender por qué, mientras que cada vez hay más estudios que demuestran que perjudica la salud, hay una corriente que se empeña en romantizar la soledad. Será el algoritmo o la nueva tendencia viral, pero es más frecuente ver en redes sociales frases o pseudogurús del bienestar que ensalzan el individualismo, llegando a criticar, incluso, a los más sociables o a quienes buscan compartir su vida con una pareja.
Para Juan Muñoz, psicólogo y divulgador en redes la idea de una persona exitosa está virando hacia posturas cada vez más individualistas. “La figura de alguien ‘construido a sí mismo’ es un buen ejemplo. Honramos a personas que supuestamente comenzaron sus millonarios negocios en el garaje de la casa de sus acomodados padres y esta idea de ‘si quieres, puedes’ está calando también en cómo entendemos las emociones”. Este experto en relaciones opina que depositamos en cada uno la responsabilidad absoluta de lo que le ocurre y, lo que es peor, de cómo nos sentimos con ello. “La realidad es contraria a este imperativo: nadie puede con todo en la más absoluta soledad, necesitamos de otras personas para comprender quiénes somos, cómo nos sentimos y cómo podemos gestionar eso que sentimos”.
Aprender a quererse y las relaciones de pareja
Confieso que en uno de mis círculos de amigas surgió la polémica cuando una de ellas expresó que, tras pasar más de un año soltera, le apetecía conocer a alguien. En lugar de escucharla y respetar su deseo, le insistieron en que debía aprender a estar sola y que no necesitaba a nadie más para estar bien. “Este tipo de mensajes son lo que yo llamo romantizar la soledad. Vienen a decirnos que solo cuando dejemos de necesitar a otras personas seremos felices. Spoiler: esto no pasa”. El psicólogo advierte que los seres humanos somos gregarios. “Nuestra responsabilidad debe situarse en construir una red de afectos y apoyos, una tribu, que nos ayude a transitar momentos difíciles y celebrar los buenos. No podemos con todo a solas. No entiendo por qué alguien querría pasar por un mal trago solo, cuando podría hacerlo en buena compañía”.
Para la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el peligro radica en la idealización, puesto que implica que magnificamos la soledad, basándonos en pensamientos irracionales. Propone que indaguemos en lo que nos motiva a estar solos, puesto que puede ser un mecanismo de defensa. “A veces no queremos sufrir por heridas que tenemos fruto de otras relaciones, duelos abiertos o por experiencias que hemos vivido. En estos casos lo más recomendable es realizar un trabajo terapéutico, solo así seremos realmente libres a la hora de decidir sobre si estar o no solteros. De lo contrario seremos esclavos de estas, aunque en nuestro discurso parezca que no”.
Autosuficiente vs independiente
Juan Muñoz observa una confusión de términos que da lugar a mensajes tergiversados en lo relativo a los vínculos. “Una persona independiente es aquella que dispone de los recursos necesarios para gestionar su vida. Aunque la mayoría de las veces estos recursos son otras personas: el consuelo de un familiar, el consejo de un compañero de trabajo o las risas con las amigas. Saber gestionar nuestros afectos nos hace independientes, pero nunca autosuficientes”.
Por otro lado, explica que querer tener una pareja no tiene nada que ver con ser dependiente emocional, como muchos piensan, del mismo modo que tampoco lo es tener amigos. “Son deseos personales y como tal, absolutamente normales. La dependencia emocional inicia cuando no sabemos estar sin una persona concreta, cuando el relato que hemos creado de nosotros mismos implica necesariamente a ese otro para sentirnos bien”. El psicólogo incide en la importancia de los vínculos, puesto que a partir de ellos somos capaces de evaluar nuestro autoconcepto. “Imagina que por alguna razón acabas viviendo sola durante años en un bosque. Cómo sabes si sigues siendo graciosa, buena conversadora, si eres buena profesional, buena madre o amiga. La autoestima se nutre de las ideas sobre uno mismo, pero también de la mirada ajena que nos evalúa y nos devuelve información. Nuestro entorno social es un espejo en el que continuamente nos miramos para reconocernos”.
Soledad: La epidemia silenciosa
El Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada de Fundación Once (España), habla de un sentimiento subjetivo de no tener la cantidad y/o la calidad que nos gustaría en relaciones sociales. Señalan este fenómeno como una epidemia silenciosa de la que son víctimas el 20% de los españoles, con una incidencia mayor en mujeres, jóvenes y mayores de 75 años. Las consecuencias trascienden lo individual, trayendo también repercusión a nivel social. “Se estima que supone unos gastos anuales por frecuentación de los servicios sanitarios de 5.605 millones de euros y por consumo de medicamentos de 495 millones de euros. En total, los costes sanitarios de la soledad no deseada representan 6.101 millones de euros anuales, el 0,51% del PIB en España”, refieren desde su sede.
En este sentido, resulta interesante el metaanálisis que menciona María Pastor, realizado por la investigadora Julianne Holt-Lunstad y su equipo, quienes recopilaron datos de más de 3.4 millones de personas. “Los resultados fueron contundentes: la soledad aumenta el riesgo de mortalidad prematura en un 26%, y el aislamiento social en un 29%”. Lejos de lo que hace años se suponía, los efectos de la soledad van mucho más allá de la salud mental. “Estudios recientes señalan que activa mecanismos de estrés crónico que afectan al sistema inmunológico, cardiovascular y metabólico”, señala la nutricionista, quien me enumera las consecuencias:
Sistema inmunológico: La soledad se asocia con un estado inflamatorio crónico de bajo grado, lo que puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y autoinmunes.
Sistema nervioso: Los individuos con altos niveles de soledad muestran alteraciones en la actividad del sistema nervioso simpático, lo que puede derivar en hipertensión y disfunción metabólica.
Cognición y salud mental: Investigaciones recientes han demostrado que las personas que experimentan aislamiento social tienen un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas. BP

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