Tres expertos nos hablan de
las consecuencias físicas y emocionales de no sentir una red de apoyo, en una
era en la que el individualismo impera.
La soledad: cómo entendemos
esta emoción
“Sentirse solo o carecer de
una red social sólida puede ser tan peligroso como fumar 15 cigarrillos al día.
Sí, así de serio es el impacto”, me dijo María Pastor -bióloga sanitaria y
nutricionista- cuando le propuse que me ayudase a entender por qué, mientras
que cada vez hay más estudios que demuestran que perjudica la salud, hay una
corriente que se empeña en romantizar la soledad. Será el algoritmo o la nueva
tendencia viral, pero es más frecuente ver en redes sociales frases o
pseudogurús del bienestar que ensalzan el individualismo, llegando a criticar,
incluso, a los más sociables o a quienes buscan compartir su vida con una
pareja.
Para Juan Muñoz, psicólogo y
divulgador en redes la idea de una persona exitosa está virando hacia posturas
cada vez más individualistas. “La figura de alguien ‘construido a sí mismo’ es
un buen ejemplo. Honramos a personas que supuestamente comenzaron sus
millonarios negocios en el garaje de la casa de sus acomodados padres y esta
idea de ‘si quieres, puedes’ está calando también en cómo entendemos las
emociones”. Este experto en relaciones opina que depositamos en cada uno la
responsabilidad absoluta de lo que le ocurre y, lo que es peor, de cómo nos
sentimos con ello. “La realidad es contraria a este imperativo: nadie puede con
todo en la más absoluta soledad, necesitamos de otras personas para comprender
quiénes somos, cómo nos sentimos y cómo podemos gestionar eso que sentimos”.
Aprender a quererse y las
relaciones de pareja
Confieso que en uno de mis
círculos de amigas surgió la polémica cuando una de ellas expresó que, tras
pasar más de un año soltera, le apetecía conocer a alguien. En lugar de
escucharla y respetar su deseo, le insistieron en que debía aprender a estar
sola y que no necesitaba a nadie más para estar bien. “Este tipo de mensajes
son lo que yo llamo romantizar la soledad. Vienen a decirnos que solo cuando
dejemos de necesitar a otras personas seremos felices. Spoiler: esto no pasa”.
El psicólogo advierte que los seres humanos somos gregarios. “Nuestra responsabilidad
debe situarse en construir una red de afectos y apoyos, una tribu, que nos
ayude a transitar momentos difíciles y celebrar los buenos. No podemos con todo
a solas. No entiendo por qué alguien querría pasar por un mal trago solo,
cuando podría hacerlo en buena compañía”.
Para la psicóloga Gema Sánchez
Cuevas el peligro radica en la idealización, puesto que implica que
magnificamos la soledad, basándonos en pensamientos irracionales. Propone que
indaguemos en lo que nos motiva a estar solos, puesto que puede ser un
mecanismo de defensa. “A veces no queremos sufrir por heridas que tenemos fruto
de otras relaciones, duelos abiertos o por experiencias que hemos vivido. En
estos casos lo más recomendable es realizar un trabajo terapéutico, solo así seremos
realmente libres a la hora de decidir sobre si estar o no solteros. De lo
contrario seremos esclavos de estas, aunque en nuestro discurso parezca que
no”.
Autosuficiente vs
independiente
Juan Muñoz observa una
confusión de términos que da lugar a mensajes tergiversados en lo relativo a
los vínculos. “Una persona independiente es aquella que dispone de los recursos
necesarios para gestionar su vida. Aunque la mayoría de las veces estos
recursos son otras personas: el consuelo de un familiar, el consejo de un
compañero de trabajo o las risas con las amigas. Saber gestionar nuestros
afectos nos hace independientes, pero nunca autosuficientes”.
Por otro lado, explica que
querer tener una pareja no tiene nada que ver con ser dependiente emocional,
como muchos piensan, del mismo modo que tampoco lo es tener amigos. “Son deseos
personales y como tal, absolutamente normales. La dependencia emocional inicia
cuando no sabemos estar sin una persona concreta, cuando el relato que hemos
creado de nosotros mismos implica necesariamente a ese otro para sentirnos
bien”. El psicólogo incide en la importancia de los vínculos, puesto que a
partir de ellos somos capaces de evaluar nuestro autoconcepto. “Imagina que por
alguna razón acabas viviendo sola durante años en un bosque. Cómo sabes si
sigues siendo graciosa, buena conversadora, si eres buena profesional, buena
madre o amiga. La autoestima se nutre de las ideas sobre uno mismo, pero
también de la mirada ajena que nos evalúa y nos devuelve información. Nuestro
entorno social es un espejo en el que continuamente nos miramos para
reconocernos”.
Soledad: La epidemia
silenciosa
El Observatorio Estatal de la
Soledad no Deseada de Fundación Once (España), habla de un sentimiento
subjetivo de no tener la cantidad y/o la calidad que nos gustaría en relaciones
sociales. Señalan este fenómeno como una epidemia silenciosa de la que son
víctimas el 20% de los españoles, con una incidencia mayor en mujeres, jóvenes
y mayores de 75 años. Las consecuencias trascienden lo individual, trayendo
también repercusión a nivel social. “Se estima que supone unos gastos anuales
por frecuentación de los servicios sanitarios de 5.605 millones de euros y por
consumo de medicamentos de 495 millones de euros. En total, los costes
sanitarios de la soledad no deseada representan 6.101 millones de euros
anuales, el 0,51% del PIB en España”, refieren desde su sede.
En este sentido, resulta
interesante el metaanálisis que menciona María Pastor, realizado por la
investigadora Julianne Holt-Lunstad y su equipo, quienes recopilaron datos de
más de 3.4 millones de personas. “Los resultados fueron contundentes: la
soledad aumenta el riesgo de mortalidad prematura en un 26%, y el aislamiento
social en un 29%”. Lejos de lo que hace años se suponía, los efectos de la
soledad van mucho más allá de la salud mental. “Estudios recientes señalan que
activa mecanismos de estrés crónico que afectan al sistema inmunológico,
cardiovascular y metabólico”, señala la nutricionista, quien me enumera las
consecuencias:
• Sistema inmunológico: La
soledad se asocia con un estado inflamatorio crónico de bajo grado, lo que
puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y autoinmunes.
• Sistema nervioso: Los
individuos con altos niveles de soledad muestran alteraciones en la actividad
del sistema nervioso simpático, lo que puede derivar en hipertensión y
disfunción metabólica.
• Cognición y salud mental:
Investigaciones recientes han demostrado que las personas que experimentan
aislamiento social tienen un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y
enfermedades neurodegenerativas. BP
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