La ciudad enseña a correr. Cristo enseña a
detenerse.
La Cuaresma es una pregunta incómoda: ¿Quién
ocupa el centro de mi vida?
Trabajo. Prestigio. Reconocimiento. Miedo. Rencor.
Metanoia no es cambiar de humor. Es cambiar de
dirección.
Hoy Cristo no grita. Susurra: “Vuelve”. RM
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