Regresan. Pero ahora todo es distinto. No porque el camino
cambió. Sino porque ellos cambiaron. Y entonces lo dicen:
“¿No
ardía nuestro corazón…?”
Ahí
estaba la clave. Cristo no
apareció de repente. Ya venía actuando. En las palabras. En la compañía. En el caminar
juntos.
Pero no lo habían notado.
Eso me
deja pensando.
¿Cuántas veces algo en mí ya está cambiando… y no
lo reconozco?
¿Cuántas veces la fe ya está viva… pero yo sigo
esperando otra señal?
El corazón
entiende antes que la mente. Pero no siempre le hacemos caso.
Cierre
A veces Dios ya está actuando… y nosotros apenas empezamos a darnos cuenta. RM
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