Vuelven a esperar.
Después de la cruz. Después del sepulcro. Después
de la Resurrección… otra vez
la espera.
Eso desconcierta. Porque uno pensaría que después
de todo eso ya vendría claridad total.
Pero no. Silencio. Tiempo. Nada evidente. La ciudad sigue su ritmo. La vida no se detiene. Y dentro… parece que tampoco pasa nada.
Pero la fe tiene estos momentos. Donde no hay señales. Donde no hay respuestas. Donde
solo queda permanecer. Y confiar.
Cierre
A veces Dios trabaja más cuando no vemos nada. RM
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