Aunque muchas veces la
disfagia o trastorno al tragar se asocia a etapas avanzadas de enfermedad, en
realidad puede manifestarse de forma más común y discreta, afectando a personas
que no han sido diagnosticadas y que ven alterada su calidad de vida sin saber
por qué.
La logopeda Adriana Iglesias,
profesional del Servicio de Logopedia de la Unidad de Neurorehabilitación del
Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez (España), explica: “La disfagia es una
alteración en el manejo del bolo alimenticio y en el paso de este desde la boca
hacia el estómago”.
Por ello, una persona con
disfagia manifiesta dolores al tragar, tanto alimentos sólidos como líquidos e,
incluso, su propia saliva. Asimismo, la especialista apunta: “Lo más importante
es no normalizar los síntomas. Comer con miedo no es normal, y toser al tragar
puede ser el primer aviso de un problema que requiere atención médica”.
Este trastorno afecta
especialmente a personas mayores y a pacientes con enfermedades neurológicas
como el párkinson, el alzhéimer o tras haber sufrido un ictus. Sin embargo, la
disfagia también puede aparecer como consecuencia de ciertos tratamientos
oncológicos en cabeza y cuello, o tras intervenciones quirúrgicas en esa zona.
Lo que todas estas situaciones tienen en común es una alteración en la
coordinación y fuerza de los músculos que participan en el acto de tragar.
La disfagia, un problema no
solo físico
El problema, sin embargo, no
es solo físico. Muchos pacientes desarrollan miedo o ansiedad ante la comida.
Comienzan a evitar determinados alimentos, reducen las cantidades, comen
lentamente y en silencio, en un intento de prevenir incidentes. En los casos
más graves, la disfagia puede conducir a desnutrición, deshidratación o
infecciones respiratorias recurrentes, como la neumonía por aspiración, que se
produce cuando restos de comida o líquido penetran en la vía respiratoria.
Los síntomas
Uno de los síntomas más
frecuentes, y a menudo subestimado, es la tos durante o después de las comidas,
especialmente al ingerir líquidos. Otros signos de alerta de la disfagia pueden
ser la sensación de que los alimentos ‘se quedan atascados’ en la garganta, la
necesidad de tragar varias veces para pasar un bocado, el babeo involuntario o
incluso una pérdida de peso inexplicada.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de la disfagia
requiere una valoración clínica detallada, que puede incluir pruebas
complementarias como la videofluoroscopia, una técnica radiológica que permite
observar en tiempo real el recorrido de los alimentos por la garganta, o la
endoscopia de deglución. Estas herramientas ayudan a determinar si hay una
alteración en las fases del proceso de deglución y cuál es su causa.
Una vez confirmado el
diagnóstico, el tratamiento debe adaptarse a cada paciente.
En casos leves, basta con
modificar la dieta y aprender ciertas estrategias posturales que faciliten la
deglución. En otros, se recurre a la rehabilitación mediante ejercicios
específicos dirigidos a fortalecer los músculos implicados. Cuando la disfagia
supone dificultades para tragar graves y persistentes, puede valorarse el uso
de una sonda de alimentación, aunque esta medida suele reservarse como último
recurso para este trastorno.
Tragar es un acto cotidiano al
que no damos importancia… hasta que empieza a fallar. Identificar precozmente
los síntomas de disfagia permite evitar complicaciones serias y mejorar de
forma significativa la calidad de vida de los afectados. La sensibilización es
clave para que tanto pacientes como familiares puedan reconocer a tiempo los
signos de alerta y consultar con un especialista. En salud, también comer sin
miedo es una señal de bienestar. BP
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