Llegan.
El día cae. La conversación se detiene.
“Quédate”. No es una gran oración. Es una
petición sencilla.
Y entonces pasa. Parte el pan. Un gesto conocido.
Repetido. Cotidiano.
Y en ese instante… lo reconocen. No en el camino.
No en las explicaciones. No en las palabras.
En un gesto. Eso me golpea. Porque a veces espero
que Dios se manifieste de forma extraordinaria. Clara. Indiscutible.
Y sin embargo… aparece en lo simple. En lo que ya
conocía pero no había entendido.
Cierre
A veces vemos a Dios cuando algo cotidiano revela su profundidad. RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario