Ciertos
patógenos parecen seguir un calendario riguroso. Conoce por qué algunas
enfermedades son más comunes durante algunas estaciones o temporadas del año.
A
lo largo del año, muchas enfermedades infecciosas tienden a surgir con más
fuerza en ciertas temporadas o estaciones, por ello, se las conoce como
estacionales.
Incluyen
desde enfermedades respiratorias, como gripe o virus sincicial respiratorio
(VSR), hasta transmitidas por vectores, como dengue o malaria, aunque también
hay casos gastrointestinales, como gastroenteritis o norovirus.
Los
expertos explican que distintos factores influyen en la
estacionalidad de este tipo de enfermedades infecciosas:
Factores
ambientales
Temperatura y humedad: muchas bacterias y virus sobreviven mejor en climas
fríos y secos. Por ejemplo, el virus de la gripe conserva su envoltura lipídica
(capa de grasa que lo recubre y protege) con mayor estabilidad a bajas temperaturas,
lo que lo hace más contagioso. Además, el aire seco favorece que las partículas
virales permanezcan más tiempo en suspensión en ambientes cerrados.
Radiación ultravioleta: en verano, la radiación ultravioleta del sol daña el
material genético de virus y bacterias, impidiendo que se repliquen. Este
efecto desinfectante natural reduce la viabilidad de los patógenos tanto en el
aire como en las superficies.
Condiciones que favorecen a
los vectores: en regiones tropicales y
subtropicales, el clima cálido y la humedad elevada crean condiciones ideales
para la reproducción de vectores como los mosquitos, responsable de
enfermedades como el dengue, Zika y chikungunya.
Comportamiento
humano
Durante
las temporadas de frío tendemos a pasar más tiempo en espacios cerrados. Esto
facilita la transmisión de enfermedades debido a una menor ventilación, mayor
proximidad entre las personas y tiempo de exposición.
A
su vez, este tipo de hábitos limitan la exposición a la luz solar, disminuyendo
la producción de vitamina D, un nutriente esencial para el buen funcionamiento
del sistema inmunitario.
Ritmos
biológicos
Investigaciones recientes
muestran que la expresión genética del sistema inmunitario varía con las
estaciones. En invierno, aumentan los genes asociados a la inflamación y la
defensa antiviral, posiblemente como una respuesta adaptativa, frente a la
mayor circulación de patógenos respiratorios.
En
verano se observa una mayor actividad de genes relacionados con la
inmunorregulación, la proliferación celular y procesos metabólicos. Esto sugiere
un perfil inmunitario más ‘calmado’ o equilibrado, con menor inflamación
sistémica.
¿Por
qué algunas enfermedades circulan todo el año?
Aunque
muchas enfermedades infecciosas muestran una clara estacionalidad, no todas siguen
este patrón. Existen múltiples razones por las que ciertos patógenos circulan
de forma más constante a lo largo del año, sin depender tanto del clima o de
factores estacionales.
Esto
puede deberse a la forma de transmisión, el entorno geográfico e incluso las
características biológicas del propio virus o bacteria:
·
Crónicas o persistentes: la
hepatitis B o el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), por ejemplo, no
presentan un patrón estacional ni relación con el clima
·
Transmitidas por vectores en zonas ecuatoriales: donde las condiciones climáticas se mantienen
constantes (alto calor y humedad), este tipo de enfermedades pueden circular
todo el año
·
Emergentes como la COVID‑19: aún
no siguen un patrón estacional claro. Si bien hay picos en invierno, circulan
continuamente y dependen más de variantes y coberturas de vacunación que del
clima
¿Cómo
prevenirlas?
Aunque
no siempre se pueden evitar por completo, hay muchas formas de reducir el
riesgo de contagiarse o propagar enfermedades estacionales:
·
Vacunación anual:
es la herramienta más eficaz contra algunas de las principales enfermedades
estacionales: gripe, VSR, COVID, tos ferina, o neumococo. La vacunación es
especialmente útil para personas mayores de 60 años, y no solo es una
herramienta de protección individual, sino que reduce la circulación de
patógenos en la comunidad, protegiendo a quienes no pueden vacunarse
·
Lavado de manos frecuente: esto es especialmente útil contra virus
gastrointestinales, como el norovirus
·
Ventilación de ambientes: reduce la concentración de partículas virales en
espacios cerrados
·
Evitar contacto cercano con personas enfermas: especialmente durante picos estacionales
·
Uso de repelente y eliminación de criaderos de
mosquitos: muy útil en zonas endémicas
de enfermedades como el dengue
Además
de las medidas básicas de prevención, es importante no ignorar síntomas
persistentes, consultar los calendarios de vacunación y reforzar los cuidados
en grupos vulnerables como niños y adultos mayores. CdeB
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