lunes, 18 de mayo de 2026

Cuando ya no puedas más…

¿Te ha ocurrido?
De pronto llegas al límite de tus fuerzas. Todo a tu alrededor te dice que debes seguir. Pero las fuerzas te faltan. Así le ocurrió a Juan Pablo II.
Sus últimas presentaciones ante los fieles del mundo, fueron dolorosas para él. Quería hablar y no podía. Se le veía en el rostro un gesto doloroso, un esfuerzo enorme. Recuerdo que en más de una ocasión le animaron los Católicos aplaudiéndole y dándole vítores. ¿Qué fuerza le impulsaba? El amor a la Iglesia. La oración. Su unión plena y vital con Dios. La Eucaristía. Su fe. Su entrega y aceptación a la voluntad de Dios. La mano amorosa de María, madre de nuestro Señor.
He aprendido de él. Ir hasta el final con la obra que Dios te ha encomendado. No ceder. Nunca rendirse.
¿Qué derecho tenemos a quejarnos? Ninguno.
Hay que levantarse y continuar.
Ayer pensé: No puedo continuar. Entonces tomé el rosario en mis manos y empecé a rezar. Cuánta dulzura. Cuánto amor de parte de Dios, que se hace presente en nuestras vidas. Entonces pensé: Puedo y debo. Y es lo que haré. Continuar. Seguir la vida que Dios me dio, con alegría y esperanza.
Hay un salmo que me encanta y siempre encuentro consuelo en él: Cuando me parece que voy a tropezar, tu misericordia Señor me fortalece. Cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia.
A veces, cuando siento que no puedo más, sencillamente dejo las cosas en las manos de Dios. Él siempre sabe qué hacer. En ese momento una fuerza interior, surge en mí, un amor tierno y puro, que me impulsa a seguir, a no desfallecer.
Y vuelvo a empezar, con la alegría de saberme amado, que soy especial para Dios. CC

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