El
domingo ya no es lo que era hace unos años. En poco tiempo ha crecido y se ha
convertido en el «fin de semana», que comienza ya el viernes por la tarde y en
el que la mayoría puede vivir de manera diferente, escapando de las obligaciones
del trabajo, de los horarios impuestos y de la rutina diaria.
No
todos vivimos el fin de semana de la misma manera. Para algunos es una
verdadera suerte: tienen iniciativa, posibilidades y amigos para disfrutar esos
días. Para otros es un tiempo cruel, pues sienten con más fuerza su soledad,
enfermedad o vejez; el domingo solo despierta en ellos tristeza y nostalgia.
Otros temen el domingo, no saben qué hacer con él, se aburren; si no hubiera
fútbol sería insoportable.
Teólogos
y liturgistas se preguntan hoy cómo será en el futuro el domingo cristiano. ¿Se
reducirá a una celebración de la misa aislada y sin conexión alguna con el fin
de semana de la gente? Por el contrario, «¿no será posible –se pregunta Xabier
Basurko– una integración dinámica de los valores humanos del fin de semana en
la mística del domingo?». El liturgista vasco nos ofrece algunas pistas.
El
domingo cristiano puede ser el alma del fin de semana, que ayude a los
creyentes a experimentar mejor su libertad de hijos de Dios, sin imposiciones
ni fines utilitaristas. La eucaristía podría ayudar a recuperar el sosiego y
reavivar el aliento interior. El fin de semana podemos ser un poco más
«nosotros mismos».
Por
otra parte, se podría recuperar el sábado como fiesta de la creación; de esta
manera se podría proseguir el domingo con la celebración de la salvación. Así
piensan algunos liturgistas. La fe ayudaría entonces a vivir el fin de semana
como una celebración al Creador y un encuentro con la naturaleza, no a través
del trabajo, sino del disfrute y la contemplación.
Por
último, la celebración de la «asamblea eucarística» puede dar un sentido más
hondo a esa otra dimensión del fin de semana, que es la comunicación entrañable
y gratificante con amigos y familiares, o el encuentro con otras personas y
otros pueblos. El fin de semana puede ser experiencia de encuentro y comunión
de hermanos. ¿Crecerá el domingo cristiano hasta ser «fermento y sal» del fin
de semana de la actual cultura? En cualquier caso, podemos hacernos una
pregunta: ¿sabemos los cristianos extraer de la eucaristía dominical aliento y
alegría para vivir el nuevo domingo? JAP
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