Hora pico. Autobuses llenos. bocinas
impacientes. Miradas cansadas.
En la ciudad no suenan bombas, pero
hay guerra todos los días.
Una guerra contra el egoísmo,
contra el juicio apresurado, contra la indiferencia que deja pasar al
necesitado, contra el miedo que paraliza, y la prisa que nos deshumaniza.
Cada mañana, sales a la calle
como a un campo de batalla. Con el alma expuesta… y la esperanza como única
defensa.
Pero si llevas fe, aunque nadie
la vea, será como escudo que resiste los dardos del día: la crítica sin
sentido, el desprecio gratuito, la injusticia que no se detiene.
Porque no hay arma más poderosa
que una fe viva, que se planta firme y responde con amor.
Hoy, Cristo no solo camina
contigo: también pelea contigo. Te recuerda: “No estás solo. Yo he vencido al
mundo”.
Efesios
6:16 - Toma el escudo de la fe,
con el que podrás apagar todos los dardos encendidos del maligno. RM
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