Dios nos habla
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“El Señor los alimentó con lo mejor del trigo, y los sació con miel
silvestre” (Antífona de entrada).
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“Moisés habló al pueblo diciendo: «Acuérdate del largo camino que
el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años.
Allí Él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y
ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir
hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres
conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo
lo que sale de la boca del Señor. No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo
salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y
temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al
Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua
de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no
conocieron tus padres»” (8, 2-3.
14b-16a).
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“Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la
Vida del mundo». Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este
hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro
que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán
Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo
lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y
mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece
en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene
Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por
mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y
murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente»” (Jn 6,51-58).
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“Hermanos: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión
con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo
de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos,
formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan” (1 Cor 10,16-17).
Nosotros le hablamos
“Señor Jesucristo, que en este
admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos venerar
de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar
siempre en nosotros los frutos de tu redención. Que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
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¿Nos damos cuenta la inmensa importancia que tiene el Sacramento de la
Eucaristía en nuestra vida?
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¿Dejamos que Dios alimente nuestro corazón con su amorosa presencia?
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