Pero basta mirar con un poco más de atención para
descubrir otra ciudad. La de quienes cargan una preocupación que nadie conoce;
la de quien espera un diagnóstico, busca trabajo, enfrenta una pérdida o
simplemente intenta reunir fuerzas para seguir adelante.
Es ahí donde Cristo camina
No suele hacerse presente en medio del ruido. Lo
encontramos en la serenidad de quien escucha, en la mano que sostiene, en una
palabra que anima o en un gesto de misericordia que devuelve la esperanza.
La ciudad no cambia porque desaparezcan sus
problemas. Cambia cuando alguien decide mirar al otro con los ojos de Cristo.
Porque el Reino de Dios suele comenzar en lo
pequeño. RM
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