Pero Dios no usa esa medida. Cuando llega su bendición, no solo llena lo que
faltaba: rebasa, desborda, sorprende. Lo que era escasez se convierte en abundancia. Lo que era vacío, en plenitud. Lo que era miedo, en paz.
Por eso, no midas tu esperanza por lo que necesitas
hoy.
Mídela por lo que Dios puede hacer mañana. Porque su promesa no es darte apenas lo suficiente, sino mostrarte que su gracia es más grande que
cualquier carencia.
“Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades conforme a sus riquezas
en gloria” (Fil 4,19). RM
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