Nueva
evidencia pone en duda la seguridad del consumo excesivo de pollo y abre el
debate sobre cómo incluirlo de forma saludable en la dieta y qué alternativas
elegir.
Un
reciente estudio ha generado preocupación entre profesionales de la
salud y la comunidad científica, ya que encontró que consumir más de 300 gramos
de carne de ave por semana podría estar asociado con un mayor riesgo de
mortalidad por todas las causas y un leve aumento en la incidencia de cánceres
gastrointestinales.
Estos
resultados parecerían contradecir investigaciones anteriores que posicionaban
al pollo como una de las proteínas animales más saludables. Sin embargo, antes
de eliminar el pollo de tu dieta, es importante poner estos datos en contexto.
El
estudio no consideró variables clave como el nivel de actividad física, el
origen del pollo, ni los métodos de cocción o el consumo de alimentos
procesados.
Esto
ha llevado a varios expertos a llamar a la cautela, resaltando que no se puede
establecer una relación causal directa entre el pollo y el cáncer sin más
evidencia.
Cómo
consumir pollo de manera saludable
Si
bien estos nuevos hallazgos resultan interesantes para profundizar en los
efectos del pollo sobre la salud, este alimento sigue siendo una fuente de
proteína magra, rica en nutrientes y baja en grasas saturadas. Por ello, la
clave se encuentra en elegirlo y prepararlo adecuadamente para aprovechar sus
beneficios al máximo:
·
Elige
pollo sin procesar: evita
productos como fiambres, nuggets o salchichas de pollo, que suelen contener
conservantes, sodio y aditivos poco saludables.
·
Opta
por métodos de cocción saludables: hornear,
cocer al vapor o asar sin grasa añadida es preferible a freír o cocinar a la
parrilla a altas temperaturas, ya que estos últimos métodos pueden generar
compuestos químicos asociados al cáncer.
·
Modera
la cantidad: una porción saludable ronda
los 200 gramos semanales (esto sería aproximadamente una porción del tamaño de
la palma de tu mano). El exceso, incluso de alimentos saludables, puede traer
consecuencias si no se equilibra con otros factores del estilo de vida.
·
Combina
con vegetales y fibra: acompañar
el pollo con verduras y cereales integrales puede mejorar la digestión, aportar
antioxidantes y reducir el impacto de compuestos potencialmente dañinos.
¿Qué
otras opciones existen?
Ampliar
las fuentes de proteína es clave para una dieta completa. Algunas alternativas
saludables al pollo incluyen:
·
Pescados
grasos como salmón o sardina: son
ricos en omega‑3, beneficiosos para el corazón y con efectos antiinflamatorios.
·
Legumbres
(lentejas, garbanzos, porotos): aportan
proteínas, fibra y minerales esenciales.
·
Huevos
y lácteos bajos en grasa: excelentes
aliados para la salud si se consumen con moderación.
·
Proteínas
vegetales como tofu, tempeh o seitán: tal
vez más desconocidos, pero ideales para quienes buscan reducir el consumo de
carne sin perder aporte proteico.
Como
sucede en todo lo relacionado con la nutrición, el equilibrio es más importante
que las prohibiciones. El pollo no debe ser eliminado de tu dieta, pero sí
repensado dentro de un contexto de alimentación variada y consciente.
Recuerda,
la clave está en la calidad del alimento, su preparación y el estilo de vida en
su conjunto. Para no correr ningún riesgo, consulta con un nutricionista o
profesional de la salud que te ayude a desarrollar un plan de alimentación
ideal para tu situación. CdeB
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