El 3 de julio,
el Vaticano presentó una nueva misa: la ‘Misa por la Custodia de la Creación’.
No es una ocurrencia simbólica, ni una moda verde. Es una decisión
profundamente eclesial, que sitúa el clamor ecológico en el centro de nuestra
vida litúrgica. ¿Dónde se inserta esta misa? En una sección poco conocida, pero
pastoralmente muy rica del Misal Romano: las Misas Pro variis necessitatibus
vel ad diversa.
¿Qué significa eso?
La expresión en
latín se traduce como “Por diversas necesidades o intenciones varias”. Es
decir: formularios litúrgicos que no celebran un santo o fiesta específica,
sino que permiten a la Iglesia responder oracionalmente a los desafíos
concretos del mundo. Se encuentran al final del Misal Romano, justo antes de
las misas de difuntos, y ofrecen una manera de orar por:
La Iglesia: por
el Papa, los obispos, los sacerdotes, los laicos…
Las necesidades
públicas: por la paz, los gobernantes, el progreso de los pueblos…
Los
necesitados: por los enfermos, los presos, los refugiados, los que sufren
persecución…
Situaciones
especiales: por lluvia, por el trabajo, por un viaje, en tiempo de pandemia…
¿Qué representa esta nueva Misa?
La “Misa por la
Custodia de la Creación” se sumará oficialmente a esta lista. Significa que la
Iglesia reconoce el cuidado del planeta como una necesidad litúrgica,
espiritual y pastoral. Ya no se trata solo de conferencias o exhortaciones: es
el altar mismo el que se convierte en espacio de conversión ecológica.
¿Por qué importa esto?
Porque la
liturgia no es solo rito: es un modo de vivir y de orientar la esperanza. Y
cuando la Tierra llora, la Iglesia debe responder también con oración profunda,
con símbolos, con gestos que modelen el alma. Esta misa nos ayudará a:
Pedir perdón por
la destrucción del planeta.
Dar gracias por
el don de la creación.
Rogar sabiduría
para protegerla con justicia y amor.
¿Y nuestra
comunidad?
Tal vez, desde
nuestras parroquias, escuelas o movimientos, podamos:
Celebrar esta
misa en tiempos de sequía, de incendios o de reflexión ambiental.
Ofrecerla como
signo de comunión con quienes sufren los efectos del cambio climático.
Educar
litúrgicamente en el valor espiritual de la ecología, no como ideología, sino
como parte del Evangelio.
Conclusión
La nueva misa por la creación no es solo una oración. Es una respuesta
pastoral, una opción teológica, y un signo profético. Porque cuidar la casa
común no es opcional: es custodiar el jardín de Dios, y asegurar que nuestras
generaciones futuras encuentren todavía un altar bajo el cielo. RM
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