Se acerca
alguien más.
Camina con ellos. Escucha. Pregunta.
Pero no
lo reconocen.
Eso me inquieta.
Cristo
está ahí. A su lado. Compartiendo el camino. Y ellos lo ven… como un extraño.
Pienso en
la ciudad. En la cantidad de rostros que cruzo cada día. En las conversaciones
breves. En los encuentros que no registro.
¿Y si a
veces también pasa así? No porque Dios se esconda. Sino porque yo no sé mirar.
Cristo no
irrumpe. Se integra. No se
impone. Acompaña.
Cierre
A veces Dios camina con nosotros bajo la
apariencia de lo cotidiano. RM
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