Van hablando. Repiten lo ocurrido. Lo analizan. Lo cuestionan.
“Nosotros esperábamos…” Esa frase pesa. Porque no habla del pasado. Habla
de lo que ya no fue.
Mientras camino, me doy cuenta: uno también carga
conversaciones así. Internas.
Silenciosas. Repetitivas.
Lo que salió mal. Lo que no entendí. Lo que no
cerró.
Los discípulos no están rezando. Están tratando
de entender.
Y en medio de esa conversación —tan humana, tan
común— Cristo se acerca. No cuando todo está claro. Sino cuando todo está
revuelto.
Cierre
Dios también entra en nuestras conversaciones inconclusas. RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario