Calle descuidada. Grafitis en espiral. Silencio entre voces marcadas.
Algunos ven una puerta sucia. Otros, una entrada que ya nadie cruza. Pero
Él ve más…
Ve las heridas dibujadas en aerosol. Los nombres que nadie llamó. Las
historias pegadas en stickers como súplicas mudas. Ve la ciudad que clama… incluso
cuando nadie escucha.
Cristo también pasa por estas puertas. También toca, aunque nadie abra.
También se queda, esperando… en los rincones donde todo parece perdido.
Porque donde el mundo ve basura, Él sigue viendo promesa. Y donde ya nadie
entra, Él sigue tocando… por si alguien vuelve.
“Estoy
a la puerta y llamo…” (Ap 3,20) RM
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