A veces, los ángeles no tienen alas… tienen arrugas
y te invitan una cerveza.
A veces, el Evangelio no se predica… se escucha.
A veces, el milagro no es sanar… sino encontrarte
con alguien que te mira sin juicio.
Porque sí: Dios es grande. Aunque lo hayas olvidado entre tráfico y cuentas por pagar.
La cerveza es buena. No porque embriague, sino porque a veces te hace
bajar la guardia para hablar de lo que duele.
Y la gente… está loca. Loca de dolor, de amor, de historia. Pero en esa locura, también cabe la ternura de
Dios.
Hoy, recuerda: La próxima vez que alguien se siente a tu lado,
escucha.
Podría ser un náufrago… o un profeta. O simplemente alguien a quien Dios te envió para
hacerte mejor persona.
“No se olviden de
practicar la hospitalidad, pues sin saberlo, algunos hospedaron ángeles”
(Hebreos 13,2) RM
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