Leonardo da Vinci tenía una
rutina de descanso bastante singular. Se especula que el famoso autor de la
Mona Lisa solía dormir 20 minutos cada cuatro horas a lo largo del día, un
hábito tan excéntrico como su genialidad. Algo parecido hacía el artista catalán
Salvador Dalí, que descansaba mediante microsiestas durante su jornada con un
puñado de lápices en sus manos. A pesar de estar separados por siglos, ambos
parecían intuir algo cierto. Las siestas diurnas representaban para ellos una
de sus principales fuentes de inspiración.
Y no son los únicos. No hace
falta ser un genio para experimentar un momento eureka, esa chispa repentina
que resuelve un problema o descubre una idea. Un nuevo estudio de la revista de
PLOS Biology sugiere que alcanzar la primera fase del sueño profundo (o N2)
durante una siesta podría ayudar a alguien que necesita esa epifanía o instante
de lucidez. Para alcanzar un auténtico ¡ajá!, a veces lo más efectivo es cerrar
los ojos y desconectarse por un momento. La neurociencia empieza a confirmar lo
que algunos artistas practicaban de forma casi ritual.
Anika Löwe y Maria Tzegka,
investigadoras de la Universidad de Hamburgo (Alemania), diseñaron un
experimento en el que participaron un grupo de 90 voluntarios entre los 18 y 35
años. La tarea, en apariencia sencilla, consistía en seguir una serie de puntos
en una pantalla y responder pulsando un teclado. Lo que los participantes no
sabían es que, tras completar el 40% del ejercicio, los científicos
introducirían un truco que facilitaba la tarea. Después de cuatro rondas de
ensayos, algunos de los sujetos fueron puestos a dormir una siesta de 20
minutos, mientras sus cerebros eran monitoreados mediante un
electroencefalograma (EEG).
Al despertar, todos los grupos
mostraron cierta mejora en su desempeño, pero el 70,6% de los que llegaron a la
fase N2 al dormir detectaron la estrategia oculta. Y solo el 55% de los que
permanecieron despiertos pudieron descubrir la treta. “El resultado es un
cerebro más plástico y receptivo a las nuevas ideas, lo que podría explicar por
qué tantas personas descubren el truco oculto tras la siesta”, señala a EL PAÍS
Anika Löwe, autora principal de la investigación que se publica este jueves. En
otras palabras, una mente más atenta para ver lo que antes pasaba desapercibido.
La mayoría de los estudios
sobre el sueño que existen se centran en la actividad oscilatoria -es decir,
los husos del sueño y las ondas lentas- que son rítmicas y muestran picos
claros en el EEG. En este caso, en cambio, los científicos se focalizaron en la
actividad aperiódica, que consiste en los patrones eléctricos en el cerebro que
no se repiten con regularidad. Esa especie de ‘ruido de fondo’ neuronal parece
desempeñar un papel clave en la forma en que nuestras neuronas se activan, se
apagan y hacen conexiones nuevas.
“Descubrimos que proporcionaba
un poder predictivo adicional, posiblemente porque refleja una dimensión más
continua de la profundidad del sueño y de la flexibilidad cerebral, que va más
allá de las fases tradicionales del sueño”, asegura la científica.
Delphine Oudiette,
neurocientífica del Instituto del cerebro de París (Francia), opina que aún se
necesitan más estudios para entender cómo funcionan estos mecanismos. “Es un
reto para los especialistas descubrir los procesos neuronales involucrados”,
señala esta experta que no participó del análisis. La falta de claridad sobre
los procesos cognitivos, en palabras de Oudiette, hacen difícil saber con
exactitud “qué parte de la tarea o etapa del sueño se produce el efecto”.
Una de las mayores
limitaciones del nuevo análisis es que los científicos no monitorearon la
actividad cerebral durante la realización de la tarea, aunque sí lo hicieron
durante la siesta. “Un siguiente paso interesante sería examinar si parte del
contenido aprendido se reactiva durante el sueño y cómo esto se relaciona con
un momento de revelación”, sostiene la autora. Los autores del hallazgo esperan
que este descubrimiento, que podría estar vinculado a la potencia de las ondas
cerebrales del EEG, sea una “buena primera pista”.
Resetear el cerebro
Al dormir, las personas
atraviesan un ciclo de dos fases: el movimiento ocular rápido (REM, por sus
siglas en inglés) y el sueño sin REM. En particular, durante la fase de ondas
lentas, el cerebro reduce la fuerza de las conexiones sinápticas -que sucede
cuando las neuronas interactúan- disminuyendo la intensidad de las conexiones y
señales químicas menos relevantes. Esto ayuda a mantener el equilibrio y
prepara al cerebro para aprender nueva información al despertar.
Anika Löwe explica que existen
dos teorías. La primera sugiere que solo se debilitan las sinapsis
irrelevantes, conservando las conexiones importantes. La otra propone una
reducción generalizada de todas las sinapsis, lo que es ‘resetear’ el sistema.
Los mecanismos cognitivos y neuronales que subyacen a la intuición, sin
embargo, aún se debaten, lo que ha atraído el interés de los investigadores
desde hace bastante tiempo.
Odiette participó de un
estudio similar en 2021 que defiende que el sueño ligero -que ocurre justo
antes de quedarnos profundamente dormidos- puede ayudar a resolver problemas.
Los científicos se inspiraron en Dalí y Thomas Edison, quienes creían que la
creatividad podía potenciarse sentándose cómodamente en una silla con un objeto
en la mano, que cae al suelo despertándoles en cuanto se quedan dormidos.
Aunque hallaron un efecto significativo para el sueño N1, no fue así para el N2
en la resolución de la tarea. Otras investigaciones de 2018 y 2020, por el
contrario, no encontraron beneficios del sueño para los momentos eureka o no
informaron diferencias entre el sueño y el descanso despierto.
De cualquier manera, para
Odiette existe algo claro en el que coinciden ambos análisis: “Si quieres usar
una microsiesta en tu vida, puede beneficiar en al menos dos tipos de tareas
creativas, aunque no sepas en qué etapa del sueño estás”, plantea. Quizás por
eso da Vinci dormía por fragmentos. O Dalí se dejaba caer justo en el borde del
sueño. No se encontraban escapando del mundo. Puede que estuvieran ocupados
soñando y buscando otra forma de verlo. BP
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