Avenida
transitada. Luces que parpadean. Gente que avanza con prisa.
En la ciudad
hay días que desgastan, donde el
cansancio no es solo físico, sino del
alma.
Pero hay una
fuerza que no se mide en horas de sueño ni en tazas de café.
Es la que nace
cuando decides confiar en Dios… incluso cuando no ves el final del camino.
Esa fuerza no
depende de tus reservas, sino de
su promesa.
Y en medio del
ruido, su voz firme te dice: “Yo te sostengo. Sigue”.
“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas…” (Isaías 40:31) RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario