En medio
del ruido, su mirada te encuentra. No desde un altar, sino desde el corazón de
la calle. No desde la distancia, sino desde el centro mismo de tu vida.
Cuando Él
está ahí, las piezas encajan: el trabajo tiene propósito, el cansancio se
vuelve ofrenda, y hasta el dolor encuentra un sentido que el mundo no entiende.
Porque no
se trata de añadir a Dios como un accesorio, sino de dejar que sea la brújula.
Que su mirada marque el norte. Que su amor sea el pulso que acompasa cada paso.
Hoy, entre
el tráfico y las prisas, pregúntate: ¿Quién está realmente en el centro de tu
vida?
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia…”
(Mt 6,33) RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario