A veces Dios no apaga el ruido de la
ciudad, pero te abre paso entre el tráfico y la prisa. No
siempre quita los problemas, pero te enseña a caminar sobre el asfalto
roto y a encontrar belleza en medio del caos.
Porque la fe no es una salida de emergencia, es un
mapa que te guía aunque la calle esté llena de obstáculos.
“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo…” (Is 43,2) RM
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