lunes, 28 de septiembre de 2026

No me voy a rendir nunca…

Acera desgastada, cansancio en los hombros, la ciudad parece empujar para abajo.

En medio del ruido, nace una oración sencilla pero potente: “No me voy a rendir nunca. Ayúdame, mi Dios”.

Porque rendirse sería aceptar que el dolor tiene la última palabra. Y no es así.

Cuando las fuerzas faltan, su gracia se multiplica.

Cuando los pies flaquean, Él toma tu mano.

Cuando la esperanza parece apagada, su luz vuelve a encenderla.

Hoy, tu oración puede ser resistencia, tu fe puede ser refugio, tu confianza puede ser semilla de un nuevo comienzo.

“El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en Él confía mi corazón y soy ayudado” (Salmo 28,7) RM

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