El sábado 20 de septiembre, el Auditorio Nacional se convirtió en un
santuario abierto al cielo. Cielo Abierto celebrará su 15º aniversario con dos
conciertos de adoración eucarística bajo el lema ‘Esperanza’, en plena sintonía con el Año Jubilar proclamado
por el Papa Francisco. No es casualidad: en medio de la incertidumbre, la
violencia y la desconfianza que golpean a nuestra nación surge un signo de los
tiempos.
La esperanza no es un eslogan ni una emoción pasajera. Es la virtud que nos
sostiene cuando las cifras de inseguridad desaniman, cuando la corrupción
parece inamovible y cuando las familias cargan dolores que no aparecen en los
titulares. La esperanza cristiana no se alimenta de discursos políticos, sino
de la certeza de que Dios actúa en la historia, aun en los momentos más
oscuros.
El Jubileo de la Esperanza que viviremos en 2025 nos recuerda que somos
peregrinos, no náufragos. Que el mal no tiene la última palabra, y que cada
gesto de fe, cada oración compartida, cada canción entonada con el corazón, es
una semilla de luz en medio de la noche. Cielo Abierto, con sus más de 250
conciertos y 1.500 noches de adoración a lo largo de estos años, ha sido
justamente eso: un faro en medio del caos, un recordatorio de que Cristo
Eucaristía sigue siendo el centro.
Hoy más que nunca necesitamos levantar la mirada y proclamar juntos que sí
es posible confiar, reconciliarnos, sanar y construir paz. Que México, con
todas sus heridas, puede encontrar en Cristo Rey y en Santa María de Guadalupe
la fortaleza para no rendirse.
Que este concierto no sea solo música, sino una oración nacional que
proclame con fuerza: Cristo es
nuestra verdadera libertad. RM
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