El
café que no se pospone. Mesa pequeña en una esquina cualquiera. Dos tazas
humeantes. Las conversaciones importantes casi nunca se planean: surgen entre
sorbos de café, miradas sinceras y silencios compartidos.
A
veces pensamos: “luego nos vemos, luego platicamos”. Pero el mañana no siempre
llega.
Jesús,
que se sentaba a la mesa con amigos y pecadores, nos enseña que la vida se
construye en lo cotidiano: un pan partido, un vino compartido, un café
ofrecido.
Acepta
esa invitación. Haz espacio en tu agenda. Porque el último café… no avisa. RM
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