Con el buen tiempo y los
primeros días de la primavera llega algo más que jornadas soleadas y
temperaturas más cálidas. Esta época también anuncia la temporada de alergias.
Si bien los estornudos, el lagrimeo y la congestión son síntomas de alergia
bien conocidos, las alergias estacionales también pueden afectar a la piel, que
puede volverse vulnerable a los efectos de las orugas de los pinos y otras
amenazas externas.
¿Cómo afecta esta época a la
piel? Conocer los síntomas más comunes de cada una de ellas puede ayudar a
tomar las medidas adecuadas para aliviarlos.
Procesionaria del pino:
reacciones cutáneas llamativas
A diferencia de la gran
mayoría de las orugas, la Thaumetopoea pityocampa es una especia particular. A
primera vista, la oruga procesionaria parece un insecto inofensivo. Sin
embargo, los aproximadamente 500.000 pelos urticantes que llevan en el dorso
secretan una sustancia histamino-liberadora que actúa como tóxico al contacto
con la piel y las convierte en un riesgo ya que se desprenden con facilidad.
Esta larva anida en los
árboles durante la primavera y el verano, en forma de una “especie de bolas
blancas como de algodón que se enganchan en las ramas”, lo que hace que sean
fáciles de detectar, explicó la Dra. Mar Fernández-Nieto, especialista del
Servicio de Alergología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
(Madrid, España).
Las orugas procesionarias
reciben su nombre por su particular comportamiento de moverse en largas filas,
lo que es notorio cuando abandonan sus nidos para alimentarse y, por tanto, son
fáciles de reconocer.
“El contacto directo y por vía
aérea a través de corrientes de viento con estos pelos puede desencadenar
reacciones cutáneas locales más o menos llamativas, y también pueden provocar
problemas oculares y bronquiales”, admitió la Dra. Fernández-Nieto. La
erupción, que suele aparecer en la parte interna de los brazos, la cara o las
piernas, suele provocar un “intenso picor cutáneo y aparición de habones y
lesiones compatibles con picaduras”, confirmó la especialista.
Si se trata de una reacción
por mecanismo irritativo, lo primero y más importante que debe hacerse es
eliminar los posibles pelos enganchados “echando agua fría en la zona afectada
y así calmar la piel agredida”, recomendó la Dra. Fernández-Nieto. Al secretar
histamina, en algunos casos un antihistamínico aliviará los síntomas.
Pero si la afectación va más
allá y aparece una verdadera alergia, los síntomas suelen ser más graves:
inflamación de la cara, urticaria generalizada, dificultad para respirar y, en
algunos casos, reacciones anafilácticas que necesitan una actuación urgente.
Como en todo, la prevención es
fundamental para evitar este tipo de manifestaciones cutáneas. Si bien lo más
adecuado es exterminar los nidos para evitar la procesionaria, cuando esto no
es posible deben tomarse algunas medidas. La Doctora Fernández-Nieto aconsejó
“evitar sentarse o permanecer en zonas de pinares durante estas fechas, evitar
también la exposición de nuestras mascotas y, en caso de duda, consultar con el
médico de cabecera”.
Urticaria crónica, de origen
desconocido
Más allá de la alergia, la
subida de las temperaturas también puede desencadenar reacciones cutáneas como
la urticaria o, lo que es lo mismo, la aparición de lesiones cutáneas, con
relieve y enrojecidas, que causan mucho picor, similar al que produce una
picadura. Estos habones, que pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo,
suelen desaparecer a las 24 horas sin dejar marca, aunque es de curso crónico, es
decir, que tiene brotes de 6 o más semanas de duración. Si bien altera la
calidad de vida de la persona, se trata de un tipo de urticaria de origen
desconocido que es “benigna, no infecciosa y no contagiosa”, afirmó la Dra.
Fernández-Nieto.
Según datos de la Sociedad
Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), la urticaria crónica
afecta aproximadamente al 0,6% de la población española, aunque su incidencia y
prevalencia podría ser mayor. Y afecta tanto a hombres como mujeres de
cualquier edad, aunque la mayoría son mujeres de entre 30 y 50 años.
“Hasta un 50% de los casos se
pueden asociar a angioedema, una manifestación de la urticaria en las mucosas y
zonas blandas: lengua, labios o párpados, entre otras”, afirma la Dra.
Fernández-Nieto. ¿Hay alguna relación con otro tipo de alergias? No se ha
establecido relación alguna ni con una alergia ambienta, ni alimentario o de
otro tipo. Sí se ha demostrado que “algunos pacientes que la sufren ven cómo se
puede precipitar un brote tras la toma de antiinflamatorios no esteroideos”,
advirtió la especialista.
Para detectar este tipo de
urticaria es clave realizar unos test de calidad de vida ya que, pese a ser
benigna, impacta de lleno en el día a día de la persona. También es fundamental
efectuar un diagnóstico que descarte otras enfermedades que también puedan
cursar con estos brotes, como los trastornos tiroideos.
En cuanto al tratamiento, lo
más habitual es administrar antihistamínicos de segunda generación en dosis
altas durante periodos largos y, en el caso de que no lograse remitir los
síntomas, se pueden plantear otro tipo de terapias. En todos los casos, y siempre
que surjan dudas de por qué pica la piel, “es importante contactar con la
consulta de Alergología, que realizará un estudio completo y un tratamiento
correcto”, concluyó la Dra. Fernández-Nieto. BP
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