La vejiga hiperactiva tiene
tratamiento, bien farmacológico o si este falla, quirúrgico, algo que las
personas afectadas deben de saber, porque muchas de ellas lo desconocen. Desde
la Asociación Española de Urología (AEU), el coordinador nacional del grupo de
Urología Funcional Femenina, Dr. Luis Resel, explica que esta patología es un
trastorno que se caracteriza por un síntoma principal: la urgencia miccional y
aumento de la frecuencia tanto de día como de noche, con o sin presencia de
incontinencia.
Contracción involuntaria del
músculo
Hay ‘multitud’ de causas que
pueden producirla, pero la definición de vejiga hiperactiva como tal es aquella
que no es secundaria a otras alteraciones orgánicas, sobre todo en la mujer,
asegura el experto de la AEU, quien subraya que el diagnóstico se hace por
descarte de otras anomalías.
“Es una contracción
involuntaria del detrusor, que es el músculo de la vejiga”, abunda el Dr.
Resel. El síntoma principal que la define es la urgencia patológica, es decir,
“el deseo imperioso de orinar”. No se trata de la urgencia fisiológica de
hacerlo, que es cuando se tienen muchas ganas pero se puede aguantar.
El riesgo de incidencia y
severidad aumenta con la edad. Y se dividen entre vejigas hiperactivas secas,
que son las que no producen incontinencia y húmedas, y las que sí. Son éstas
últimas las que más afectan a la calidad de vida.
El calvario
“Tiene un impacto brutal
porque afecta a todas las facetas de nuestra actividad cotidiana. Llega un
momento en que los pacientes se aíslan, entran en depresión. Les afecta a su
vida laboral, social y familiar”, afirma el urólogo.
Y es que, prosigue el experto,
los pacientes creen que la enfermedad molesta a los demás y por eso se aíslan.
De hecho, hay gente que tiene que orinar en menos de 1 hora y eso supone que
todo el día está buscando baños… Hay otras personas que pueden aguantar 1 hora
o 2, pero la urgencia les condiciona.
Por eso, hace hincapié en que
el impacto de la calidad de vida es mayor que en otras enfermedades como la
diabetes o la artritis reumatoide.
El infradiagnóstico
Está infradiagnosticada por
varias razones, insiste, entre ellas porque muchas pacientes creen que es
propio de su condición femenina y de la edad, o porque la han padecido las
mujeres de su familia y piensan a ella les toca también y no van al médico.
“Entre un 25 y 50% no acude a
la consulta (…) Además se van habituando ellas mismas a su situación”, indica
el Dr. Resel, quien subraya el componente psicológico tan importante que tiene
esta afectación.
Fármacos
El tratamiento en primera
línea es farmacológico, con anticolergénicos y adrenérgicos, que relajan la
vejiga, de forma que disminuyen la frecuencia de las contracciones
involuntarias. Además, el abordaje es multidisciplinar y personalizado, que
incluye recomendaciones dietéticas, reeducación vesical y rehabilitación del
suelo pélvico, de forma que se instruye a las pacientes a posponer las
micciones poco a poco.
“Nuestra idea es que el
paciente esté mejor solo con el tratamiento conservador y necesite la medicación
en las épocas en que se encuentre peor”, explica.
Así, el experto subraya la
necesidad de decir a los pacientes que la patología tiene tratamiento y que
puede curarse o al menos, mejorar muchísimo. “El mensaje más importante es
ese”, sostiene el urólogo.
Ese primer manejo, indica, lo
puede hacer el médico de familia: prescribir el tratamiento, la reeducación de
la vejiga y le puede derivar al rehabilitador.
Si no funcionan, cirugía
Otra fase, si los fármacos no
funcionan o tienen efectos secundarios, es la cirugía, de la que hay dos tipos:
las inyecciones intravesicales de botox y la neuromodulación de raíces sacras,
a través de una especie de marcapasos.
“Lo que hace es estimular el
nervio pudendo para disminuir la hiperactividad”, agrega. Y hay un
procedimiento intermedio, entre los fármacos y la cirugía, que es la
neuroestimulación del nervio tibial posterior, con una especie de parche que se
pone en el tobillo, donde está el citado nervio, al que da unas corrientes
eléctricas para mejorar la vejiga hiperactiva.
“Ahora hay incluso
dispositivos que se pueden comprar y colocar en casa en forma de tobillera, que
son muy cómodos para el paciente”, concluye el experto de la AEU.BP
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