sábado, 4 de abril de 2015

II Samuel 6

II Samuel 6: Capítulo 6

El traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén
1 David reunió nuevamente a lo más selecto de Israel –treinta mil hombres–
2 y con todo el pueblo que lo acompañaba se dirigió hacia Baalá de Judá, para subir de allí el Arca de Dios, la cual es llamada con el Nombre, el nombre del Señor de los ejércitos, que tiene su trono sobre los querubines.
3 Luego cargaron el Arca de Dios en un carro nuevo y se la llevaron de la casa de Abinadab, que está sobre la colina. Uzá y Ajió, los hijos de Abinadab, conducían el carro.
4 Uzá iba al lado del Arca, y Ajió avanzaba delante de ella.
5 Mientras tanto, David y toda la casa de Israel hacían grandes festejos en honor del Señor, cantando al son de cítaras, arpas, tamboriles, címbalos y platillos.
6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uzá extendió su mano hacia el Arca de Dios y la sostuvo, porque los bueyes habían resbalado.
7 Entonces la ira del Señor se encendió contra Uzá, y Dios lo hirió allí mismo por ese error. Así el murió junto al Arca de Dios.
8 David se conmovió, porque el Señor había acometido contra Uzá, y aquel lugar se llamó Peres Uzá –que significa "Brecha de Uzá"– hasta el día de hoy.
9 Aquel día, David tuvo miedo del Señor y dijo: «¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?».
10 Y no quiso trasladar el Arca del Señor a su casa, a la Ciudad de David, sino que mandó que la llevaran a la casa de Obededom de Gat.
11 El Arca del Señor permaneció tres meses en la casa de Obededom de Gat, y el Señor bendijo a Obededom y a toda su familia.
12 Cuando informaron a David: «El Señor ha bendecido a la familia de Obededom y todos sus bienes a causa del Arca de Dios», David partió e hizo subir el Arca de Dios desde la casa de Obededom a la Ciudad de David, con gran alegría.
13 Los que transportaban el Arca del Señor avanzaron seis pasos, y él sacrificó un buey un ternero cebado.
14 David, que sólo llevaba ceñido un efod de lino, iba danzando con todas sus fuerzas delante del Señor.
15 Así, David y toda la casa de Israel subieron el Arca del Señor en medio de aclamaciones y al sonido de trompetas.
16 Mientras el Arca del Señor entraba en la Ciudad de David, Mical, la hija de Saúl, se asomó por la ventana. Y al ver al rey David que saltaba y danzaba delante del Señor, lo despreció en su corazón.
17 Luego introdujeron el Arca del Señor y la instalaron en su sitio, en medio de la carpa que David había levantado para ella, y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión delante del Señor.
18 Cuando David terminó de ofrecer el holocausto y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos.
19 Después repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, hombres y mujeres, una hogaza de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva por persona. Luego todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
20 Cuando David se volvía para bendecir a su casa, le salió al encuentro Mical, la hija de Saúl, y le dijo: «¡Hoy sí que se ha lucido el rey de Israel, mostrándose desnudo a la vista de las esclavas de sus servidores, como se desnudaría un inútil cualquiera!».
21 Pero David replicó a Mical: «Lo hice delante del Señor, que me eligió en lugar de tu padre y de toda su casa, para constituirme jefe del pueblo del Señor, de Israel. He bailado ante el Señor,
22 y me humillaré todavía más, envileciéndome así a tus ojos. En cambio, esas esclavas de que hablas, ellas sí me considerarán digno de honra».
23 Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte.

La muerte de Jesús

La muerte de Jesús (05-04-15)

A los 33 años, Jesús fue condenado a la muerte. En ese momento, la crucifixión era la “peor” muerte. Solo los peores criminales eran condenados a ser crucificados.
Sin embargo, fue aún más terrible para Jesús ya que, a diferencia de otros criminales condenados a muerte por crucifixión, Él fue clavado a la cruz por sus manos y pies, en vez de atado. Cada clavo tendría entre 6 y 8 pulgadas de largo. Los clavos eran insertados en sus muñecas, no en sus palmas como se muestra comúnmente.
Hay un tendón en la muñeca que se extiende hasta el hombro. Los guardias romanos sabían que cuando los clavos atravesaban la muñeca, ese tendón se desgarraba y rompía, forzando a Jesús a utilizar los músculos de su espalda para apoyarse para poder respirar.
Sus dos pies fueron clavados juntos. Por lo tanto, Él fue forzado a apoyarse sobre un solo clavo que aprisionaba sus pies a la cruz. Jesús no podía apoyarse sobre sus piernas por mucho tiempo debido al dolor por lo que estuvo forzado a alternar entre arquear su columna y usar sus piernas para seguir respirando. Imagínense la lucha, el dolor, el sufrimiento, el valor. Jesús soportó esta realidad por más de tres horas.
Unos minutos antes de morir, Jesús dejó de sangrar. Simplemente estaba derramando agua por sus heridas. De las imágenes comunes, vemos heridas en sus manos y pies y aún la herida de la lanza en su costado. ¿Pero recordamos las muchas heridas infligidas a su cuerpo?
Antes de los clavos y la lanza, Jesús fue azotado y golpeado. Los azotes fueron tan severos que le arrancaron piel de su cuerpo. Los golpes tan horríficos que su rostro fue desfigurado y su barba arrancada de su barbilla. La corona de espinas (con espinas de dos a tres pulgadas) ahincada sobre su sien. La mayoría de los hombres no habría sobrevivido tal tortura.
No tenía más sangre que derramar, solo agua fluía de sus heridas. Todo esto sin mencionar la humillación que pasó tras cargar su propia cruz por casi dos kilómetros mientras la multitud le escupía el rostro y le lanzaba piedras. La pieza transversal de la cruz pesaba casi 30 Kg, a la cual sus manos fueron clavadas.
Jesús tuvo que soportar esta experiencia para que nosotros pudiésemos tener acceso libre a Dios. Para que nuestros pecados fuesen “lavados”… ¡todos ellos, sin excepción!
¡Jesucristo murió por ti!
Hoy, por la celebración de la Semana Santa, les envío una reflexión que nos llegase en estos días en la que se describe la muerte de nuestro Salvador. Me resulta curioso que en una de las televisoras estarán proyectando una película titulada “¿Quién mató a Jesús?”. Aunque no conozco la trama, la respuesta a esa pregunta trasciende a los autores intelectuales (líderes religiosos judíos) y materiales (autoridades romanas) del momento.
Jesús fue a la cruz voluntariamente por causa de nuestro pecado… sí, el tuyo y el mío. Por lo que los únicos responsables de la muerte de Cristo somos quienes necesitábamos que Él muriese por nuestros pecados: ¡todos nosotros! Recordemos eso siempre y estémosle agradecidos por la eternidad. Que el Señor les continúe bendiciendo. RI

Evangelio del Domingo 05 de Abril

Día Litúrgico: Domingo de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 20,1-9): El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». 
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Comentario: Mons. Joan Enric VIVES i Sicília Obispo de Urgell (Lleida, España)

«Entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó»

Hoy «es el día que hizo el Señor», iremos cantando a lo largo de toda la Pascua. Y es que esta expresión del Salmo 117 inunda la celebración de la fe cristiana. El Padre ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Amado, Aquél en quien se complace porque ha amado hasta dar su vida por todos.
Vivamos la Pascua con mucha alegría. Cristo ha resucitado: celebrémoslo llenos de alegría y de amor. Hoy, Jesucristo ha vencido a la muerte, al pecado, a la tristeza... y nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia. ¡Que nadie esté triste! Cristo es nuestra Paz y nuestro Camino para siempre. Él hoy «manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22).
El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado. Y los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura. Sepulcro vacío y apariciones serán las grandes señales para la fe del creyente. El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida. El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.
“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. Dejemos que su Vida vivifique a la nuestra y renovemos la gracia del bautismo que hemos recibido. Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.

04 de Abril - Benito de Palermo

Benito de Palermo, Santo
Religioso Franciscano, 04 de Abril

Martirologio Romano: En Palermo, ciudad también de Sicilia, san Benito Massarari, denominado «el Moro» por el color de su piel, fue primero eremita, y entró después en la Orden de los Hermanos Menores. Se mostró siempre humilde en todo y lleno de fe en la divina Providencia. 
Fecha de canonización: 24 de mayo de 1807 por el Papa Pío VII.

San Benito el Moro nació en 1526 en San Fratello, antes llamado San Filadelfo, provincia de Mesina (Sicilia), de padres cristianos, Cristóbal Massarari y Diana Larcari, descendientes de esclavos negros. De adolescente Benito cuidaba el rebaño del patrón y desde entonces, por sus virtudes, fue llamado el «santo moro». 
A los veintiún años entró en una comunidad de ermitaños, fundada en su región natal por Jerónimo Lanza, que vivía bajo la Regla de San Francisco. Cuando los ermitaños se trasladaron al Monte Pellegrino para vivir en mayor soledad, Benito los siguió, y a la muerte de Lanza, fue elegido superior por sus compañeros.
En 1562 Pío IV retiró la aprobación que Julio II había dado a aquel instituto e invitó a los religiosos a entrar en una Orden que ellos mismos escogieran. Benito escogió la Orden de los Hermanos Menores, y entró en el convento de Santa María de Jesús, en Palermo, fundado por el Beato Mateo de Agrigento. 
Luego fue enviado al convento de Santa Ana Giuliana, donde permaneció sólo tres años. Trasladado nuevamente a Palermo, vivió allí veinticuatro años. 
Al principio ejerció el oficio de cocinero con gran espíritu de sacrificio y de caridad sobrenatural. Se le atribuyeron muchos milagros.
Se le tenía en tal aprecio que en 1578, siendo religioso no sacerdote, fue nombrado superior del convento. Por tres años guió a su comunidad con sabiduría, prudencia y gran caridad. Con ocasión del Capítulo provincial se trasladó a Agrigento, donde, por la fama de su santidad, que se había difundido rápidamente, fue acogido con calurosas manifestaciones del pueblo.
Nombrado maestro de novicios, atendió a este delicado oficio de la formación de los jóvenes con tanta santidad, que se creyó que tenía el don de escrutar los corazones.
Finalmente volvió a su primitivo oficio de cocinero. 
Un gran número de devotos iba a él a consultarlo, entre los cuales también sacerdotes y teólogos, y finalmente el Virrey de Sicilia. Para todos tenía una palabra sabia, iluminadora, que animaba siempre al bien. Humilde y devoto, redoblaba las penitencias, ayunando y flagelándose hasta derramar sangre. Realizó numerosas curaciones. Cuando salía del convento la gente lo rodeaba para besarle la mano, tocarle el hábito, encomendarse a sus oraciones. Dócil instrumento de la bondad divina, hacía inmenso bien a favor de las almas.
En 1589 enfermó gravemente y por revelación conoció el día y hora de su muerte. Recibió los últimos sacramentos, y el 4 de abril de 1589 expiró dulcemente a la edad de 63 años, pronunciando las palabras de Jesús moribundo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». Su culto se difundió ampliamente y vino a ser el protector de los pueblos negros.

viernes, 3 de abril de 2015

II Samuel 5

II Samuel 5: Capítulo 5

David ungido rey de Israel
1 Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: «¡Nosotros somos de tu misma sangre!
2 Hace ya mucho tiempo, cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: «Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel».
3 Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
4 David tenía treinta años cuando comenzó a reinar y reinó cuarenta años.
5 En Hebrón reinó siete años y seis meses sobre Judá, y en Jerusalén, treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
La conquista de Jerusalén
6 El rey avanzó con sus hombres sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban en el país. Pero estos dijeron a David: «Tú no entrarás aquí. Los ciegos y los inválidos bastarán para impedírtelo». Con esto querían decir: «David nunca podrá entrar aquí».
7 Sin embargo, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la Ciudad de David.
8 Aquel día, él había dicho: «El que quiera derrotar a los jebuseos, que se meta por el canal. En cuanto a los ciegos y a los inválidos, David siente aversión por ellos». Por eso se dice: «El ciego y el lisiado no entrarán en la Casa».
9 David se instaló en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego construyó la ciudad en derredor, desde el Terraplén hacia el interior.
10 Así David se iba engrandeciendo cada vez más, y el Señor, el Dios de los ejércitos, estaba con él.
La casa y la familia de David en Jerusalén
11 Jiram, rey de Tiro, envió una embajada a David, con madera de cedro, carpinteros y talladores de piedra, para que le edificaran una casa.
12 David reconoció entonces que el Señor lo había confirmado como rey de Israel y que había enaltecido su realeza por amor a su pueblo Israel.
13 David tomó otras concubinas y esposas después que llegó a Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas.
14 Estos son los nombres de los hijos que tuvo en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón,
15 Ibjar, Elisúa, Néfeg, Iafía,
16 Elisamá, Eliadá y Elifélet.
Dos victorias de David sobre los filisteos
17 Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey de Israel, subieron todos para atacarlo. David se enteró y bajó al refugio.
18 Los filisteos llegaron y se desplegaron en el valle de Refaím.
19 Entonces David consultó al Señor, diciendo: «¿Debo subir contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?». El Señor respondió a David: «Sube, porque ciertamente pondré a los filisteos en tus manos».
20 En seguida David se dirigió hacia Baal Perasím, y allí los derrotó, David dijo: «El Señor ha abierto ante mí una brecha entre mis enemigos, como una brecha abierta por las aguas».
21 Como los filisteos habían abandonado allí sus ídolos, David y sus hombres se los llevaron.
22 Luego los filisteos subieron una vez más, y se desplegaron por el valle de Refaím.
23 David consultó al Señor, y él respondió: «No subas de frente; da una vuelta por detrás de ellos, y atácalos por el lado de las moreras.
24 Cuando oigas un ruido como de pasos por las copas de las moreras, irrumpe decididamente, porque entonces el Señor saldrá delante de ti para derrotar el campamento de los filisteos».
25 David lo hizo tal como se lo había ordenado el Señor, y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guezer.

El especialista

El especialista (04-04-15)

Una historia cuenta que, mirando por la ventanilla del ferrocarril, una niña sintió que había entrado en su ojo una partícula de carbonilla del humo de la máquina.
La madre, desesperada por la queja de la niña, hizo cuanto pudo para librarla de lo que la hacía sufrir, aunque todo resultó inútil.
Un caballero que estaba sentado cerca le ofreció su ayuda, pero la madre no aceptó desconfiando de lo que podría suceder si el desconocido tocaba el ojo de su hija.
Al día siguiente, después de una mala noche y de que la dolencia de la niña se había agravado, la pequeña fue llevada al oculista.
La sorpresa de la madre fue grande cuando vio que el oculista era nada menos que el desconocido del tren.
Lo mismo puede haberte sucedido, mientras ibas en el tren de tu vida, algo entró en tu vida y has estado luchando contra ese intruso sin ningún éxito, lo único que has logrado es irritar más tu herida y te resistes a que otra persona te ayude.
No tienes que pasar una noche mala ni debes esperar a que tu molestia se agrave para recurrir al especialista. Él está sentado junto a ti ofreciéndote su ayuda y no importa si se tratan de molestias físicas, emocionales, psicológicas, económicas, familiares, laborales o de cualquier otra índole, Dios tiene el remedio exacto para todas ellas.
“Él perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades. Me redime de la muerte y me corona de amor y tiernas misericordias. Colma mi vida de cosas buenas; ¡mi juventud se renueva como la del águila!” Salmos 103:3
Confía en Jesús y permite que cure tus heridas, no necesitas estar sufriendo cuando hay alguien dispuesto a sanarte y liberarte de aquello que te lastima. Él es especialista en imposibles y  jamás hará algo para lastimarte, lejos de eso quiere sanar tus heridas, darte vida abundante y bendecirte. AMFI

Evangelio del Sábado 04 de Abril

Día Litúrgico: Sábado Santo

Texto del Evangelio ( ):  

Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia)

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Hoy no meditamos un evangelio en particular, puesto que es un día que carece de liturgia. Pero, con María, la única que ha permanecido firme en la fe y en la esperanza después de la trágica muerte de su Hijo, nos preparamos, en el silencio y en la oración, para celebrar la fiesta de nuestra liberación en Cristo, que es el cumplimiento del Evangelio.
La coincidencia temporal de los acontecimientos entre la muerte y la resurrección del Señor y la fiesta judía anual de la Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, permite comprender el sentido liberador de la cruz de Jesús, nuevo cordero pascual cuya sangre nos preserva de la muerte.
Otra coincidencia en el tiempo, menos señalada pero sin embargo muy rica en significado, es la que hay con la fiesta judía semanal del “Sabbat”. Ésta empieza el viernes por la tarde, cuando la madre de familia enciende las luces en cada casa judía, terminando el sábado por la tarde. Esto recuerda que después del trabajo de la creación, después de haber hecho el mundo de la nada, Dios descansó el séptimo día. Él ha querido que también el hombre descanse el séptimo día, en acción de gracias por la belleza de la obra del Creador, y como señal de la alianza de amor entre Dios e Israel, siendo Dios invocado en la liturgia judía del Sabbat como el esposo de Israel. El Sabbat es el día en que se invita a cada uno a acoger la paz de Dios, su “Shalom”.
De este modo, después del doloroso trabajo de la cruz, «retoque en que el hombre es forjado de nuevo» según la expresión de Catalina de Siena, Jesús entra en su descanso en el mismo momento en que se encienden las primeras luces del Sabbat: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,3). Ahora se ha terminado la obra de la nueva creación: el hombre prisionero antaño de la nada del pecado se convierte en una nueva criatura en Cristo. Una nueva alianza entre Dios y la humanidad, que nada podrá jamás romper, acaba de ser sellada, ya que en adelante toda infidelidad puede ser lavada en la sangre y en el agua que brotan de la cruz.
La carta a los Hebreos dice: «Un descanso, el del séptimo día, queda para el pueblo de Dios» (Heb 4,9). La fe en Cristo nos da acceso a ello. Que nuestro verdadero descanso, nuestra paz profunda, no la de un solo día, sino para toda la vida, sea una total esperanza en la infinita misericordia de Dios, según la invitación del Salmo 16: «Mi carne descansará en la esperanza, pues tu no entregarás mi alma al abismo». Que con un corazón nuevo nos preparemos para celebrar en la alegría las bodas del Cordero y nos dejemos desposar plenamente por el amor de Dios manifestado en Cristo.

03 de Abril - José el Himnógrafo

José el Himnógrafo, Santo
Monje y Presbítero, 03 de Abril

Martirologio Romano: En Constantinopla, san José, por sobrenombre Himnógrafo, presbítero, que, siendo monje, en la persecución desencadenada por los iconoclastas fue enviado a Roma para pedir la protección de la Sede Apostólica y, después de muchos padecimientos, recibió la custodia de los vasos sagrados de la iglesia de Santa Sofía (886). 
Etimológicamente: José = Aquel al que Dios ayuda, es de origen hebreo.

La «Vita» de san José el Himnógrafo fue escrita por su discípulo y sucesor Teófano; nace en Sicilia en el 816, durante el tiempo de las invasiones árabes del 827 su familia se refugió en el Peloponeso (Grecia meridional). 
A los 15 años (en el año 831) se mudó a Tesalónica (la actual Salónica) en Macedonia, tomando el hábito religioso en el monasterio de Latomia. Consagrado sacerdote, tuvo como maestro espiritual a san Gregorio el Decapolita, que hacia el 840 lo lleva consigo a Constantinopla, donde junto a otros discípulos vivieron en la iglesia de San Antipas.
Al año siguiente, José fue enviado a Roma, al papa Gregorio IV, para pedir su ayuda en la lucha entablada por su maestro y condiscípulos contra la herejía iconoclasta, iniciada por el emperador León III el Isáurico en el 726. 
La nave sobre la que viajaba cayó en manos de piratas árabes que lo condujeron a Creta; fue rescatado y liberado por personas caritativas, y en el 843 volvió a Constantinopla, donde encontró a su maestro Gregorio muerto o moribundo.
Permaneció como eremita en la misma iglesia de San Antipas, y luego por cinco años fue a la iglesia de San Juan Crisóstomo, donde en el 850 fundó un monasterio, del que fue abad, trasladando allí las reliquias de Gregorio su maestro-, de su discípulo Juan, y las de san Bartolomé, que las había obtenido en Tesalónica. 
Quedó relacionado con los acontecimientos de la deposición del patriarca Ignacio, ocurrida el 23 de noviembre del 858, y puesto que era amigo y sostenedor del patriarca, fue exiliado por el poderoso César Bardas a Cherson, en Crimea, donde permaneció posiblemente hasta la reposición de Ignacio en la sede, en el 867.
El emperador Basilio I el Macedonio (812-886) le confió la custodia de Santa Sofía de Constantinopla, y en esta función recibió a los enviados del papa Adrián II al Concilio de Constantinopla, el 25 de septiembre del 869. Después de una interrupción, retomó nuevamente el cargo hasta el 886, año en el que murió, el 3 de abril. Son célebres sus himnos en la liturgia griega, de lo cual deriva su nombre de Himnógrafo.

jueves, 2 de abril de 2015

II Samuel 4

II Samuel 4: Capítulo 4

Asesinato de Isbaal y castigo de los homicidas
1 Cuando el hijo de Saúl se enteró de que Abner había muerto en Hebrón, quedó muy desalentado, y todo Israel fue presa del pánico.
2 Ahora bien, el hijo de Saúl tenía dos jefes de bandas armadas; uno se llamaba Baaná y el otro Recab, hijos de Rimón de Beerot, y eran benjaminitas, porque a Beerot también se la consideraba parte de Benjamín.
3 Los de Beerot habían huido a Guitaim, y allí han residido como forasteros hasta el día de hoy.
4 Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de ambos pies. Este era un niño de cinco años cuando llegó a Izreel la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán. Su niñera lo tomó consigo y huyó; pero lo hizo con tanta precipitación, que el niño se cayó y quedó rengo. Su nombre era Meribaal.
5 Recab y Baaná, los hijos de Rimón de Beerot, se pusieron en camino, y a la hora de más calor llegaron a la casa de Isbaal, que estaba durmiendo la siesta.
6 Se introdujeron en el interior de la casa, como si estuvieran llevando trigo, e hirieron a Isbaal en el bajo vientre. Luego se pusieron a salvo.
7 Al entrar en la casa, mientras Isbaal estaba acostado en el lecho de su dormitorio, Recab y su hermano Baaná lo habían herido mortalmente y le habían cortado la cabeza. Después se llevaron la cabeza y marcharon toda la noche por el camino de la Arabá.
8 Así presentaron a David, en Hebrón, la cabeza de Isbaal y dijeron al rey: «Aquí está la cabeza de Isbaal, hijo de Saúl, tu enemigo, el que intentó matarte. El Señor ha permitido hoy que mi señor, el rey, se vengara de Saúl y de su descendencia».
9 Pero David respondió a Recab y a su hermano Baaná, los hijos de Rimón de Beerot: «¡Por la vida del Señor, que me libró de todo peligro!
10 Al que me anunció que había muerto Saúl, creyendo ser portador de una buena noticia, lo tomé y lo ajusticié en Siquelag, pagándole así esa buena noticia.
11 Con mucha más razón, ahora que unos hombres malvados han matado a un inocente en su propia casa y sobre su lecho, ¿no tendré que pedirles cuenta de su sangre y borrarlos de la tierra?».
12 Entonces David dio una orden a los jóvenes, y ellos los mataron. Luego les cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto a la cisterna de Hebrón. En cuanto a la cabeza de Isbaal, la recogieron y la enterraron en la tumba de Abner, en Hebrón.