Puede que ‘lo que va, vuelve’
sea sólo una expresión, pero ayudar a los demás podría tener importantes
beneficios para nuestro cerebro a medida que envejecemos, según ha descubierto
un nuevo estudio.
Según el estudio, publicado en
la revista ‘Social Science and Medicine’, los adultos de mediana y avanzada
edad que ayudan con regularidad a personas con las que no conviven experimentan
un deterioro cognitivo considerablemente más lento que los que no ayudan a los
demás.
Los investigadores analizaron
los datos de más de 30.000 adultos mayores de 51 años de Estados Unidos cuya
salud cerebral fue objeto de seguimiento entre 1998 y 2020. Los científicos
estudiaron cómo la ayuda formal, como el voluntariado en una organización, y la
informal, como ayudar a un vecino o a un amigo fuera de casa, afectan al
bienestar cognitivo y a la salud a lo largo del tiempo.
El estudio descubrió que tanto
la ayuda formal como la informal se asociaban a niveles más altos de función
cognitiva y a un declive cognitivo más lento a lo largo de la vida, mientras que
el abandono de estas actividades se relacionaba con una peor capacidad
cognitiva.
“A veces se supone que la
ayuda informal ofrece menos beneficios para la salud debido a su falta de
reconocimiento social”, afirmó en un comunicado Sae Hwang Han, profesor adjunto
de Desarrollo Humano y Ciencias de la Familia en la Universidad de Texas
(EE.UU), y una de las autores del estudio. “Fue una agradable sorpresa
descubrir que proporciona beneficios cognitivos comparables a los del voluntariado
formal”, añadió.
Según el estudio, los adultos
mayores no necesitaban dedicar mucho tiempo a ayudar a los demás para obtener
beneficios cognitivos. Incluso un compromiso moderado de 2 a 4 horas semanales
se relacionó con ventajas sustanciales para la salud cerebral. “Los beneficios
cognitivos de ayudar a los demás no fueron sólo a corto plazo, sino
acumulativos a lo largo del tiempo con un compromiso sostenido”, dijo Han.
Sin embargo, el estudio
también tiene algunas limitaciones. No proporcionó detalles sobre las formas
exactas en que las personas se ofrecieron voluntarias, se basó en datos
autoinformados y no puede afirmar con certeza una relación causa-efecto entre
el voluntariado y la salud cerebral.
Aun así, los resultados
concuerdan con conclusiones anteriores. Investigaciones anteriores han sugerido
una relación positiva entre el rendimiento cognitivo y el voluntariado, y
algunos estudios incluso han destacado que los beneficios son especialmente
significativos para las mujeres.
Sin embargo, las oportunidades
de voluntariado suelen dirigirse a los jóvenes. En la Unión Europea, programas
regionales oficiales como el Cuerpo Europeo de Solidaridad están abiertos a
personas de entre 18 y 30 años para contribuir a proyectos sociales en todo el
bloque.
No existe ningún programa de
este tipo para adultos de mediana edad y mayores. En 2021, la Comisión Europea
recomendó el voluntariado a los mayores en su Libro Verde sobre el
Envejecimiento, pero se centraba en la cooperación intergeneracional y la
mejora de la autoestima, no de la salud cognitiva.
Según Han, los últimos
hallazgos sugieren que los adultos mayores deberían seguir siendo miembros
activos de sus comunidades el mayor tiempo posible, tanto por su propio bien
como por el de los demás.
“Esto sugiere la importancia
de mantener a las personas mayores comprometidas con algún tipo de ayuda
durante el mayor tiempo posible, con los apoyos y las adaptaciones adecuadas”,
concluyó. BP
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