Lo vemos en todas partes. En
el autobús, en una sala de espera, en el trabajo. Personalmente, soy de esas
personas que nunca para de mover la pierna, y no hay ni un solo sitio en el que
me siente y ese movimiento inconsciente no empiece a hacer de las suyas. Porque
sí, aunque moleste a los demás, es completamente inconsciente.
En un intento de entender lo
que esconde este gesto, entrevisto brevemente al Dr. Carlos Cenalmor (Madrid,
España), psiquiatra y psicoterapeuta especializado en burnout laboral y
tratamiento del estrés, y me lo deja muy claro desde el principio.
“Este movimiento aparentemente
trivial, el de mover la pierna rítmicamente mientras estás sentado, es mucho
más común de lo que parece. Y aunque a menudo lo etiquetamos como una simple
‘manía’ o un tic nervioso, lo cierto es que esconde una serie de claves sobre
cómo regulamos nuestros niveles de estrés, nuestra ansiedad o nuestra tensión
interna”, asegura, “es una señal silenciosa, pero muy expresiva, de cómo
estamos por dentro”.
Regulación emocional
Lo primero que el Dr. Carlos
Cenalmor nos deja claro es que “desde un punto de vista neuropsicológico, este
tipo de movimientos repetitivos e inconscientes se conocen como comportamientos
autorregulatorios o de descarga”. Es decir, que son una forma “que tiene el
cuerpo de liberar energía acumulada, de modular la activación interna, o de
crear una especie de ‘compás’ físico que estabiliza lo que por dentro está inestable”.
Esto, sin embargo, “no siempre
tiene una causa patológica”, o sea, que no indica que estés enferma o tengas un
problema. “A veces simplemente estamos aburridos o anticipando algo”, asegura
el experto, “pero si ese movimiento se vuelve habitual, frecuente y difícil de
controlar, merece la pena observarlo con atención”.
Más allá de ese límite
preocupante, del que hablaremos más adelante, el experto asegura que “desde una
mirada integradora, podríamos decir que” con este gesto “el cuerpo intenta
ayudarnos a regular lo que la mente no consigue”. Y en este sentido, señala,
mover la pierna puede cumplir varias funciones, entre las que destaca:
• Distraer del malestar o la
rumiación mental.
• Estimular el sistema
nervioso para mantener la atención (como ocurre en el TDAH).
• Descargar energía acumulada
por una emoción reprimida (estrés, miedo, frustración).
• Crear una sensación de
control o ritmo cuando la mente se siente caótica.
Es, en conclusión, “sistema
primitivo, pero eficiente de volver a una sensación de equilibrio”. El
problema, asegura el psicólogo, es cuando “esta es la única estrategia que el
cuerpo tiene de autorregularse”.
El límite de lo normal
Aunque puede ser un gesto
completamente normal, como señalaba el psicólogo, hay un momento en el que
puede volverse preocupante. Según expone en esta entrevista, “el límite entre
lo normal y lo patológico no siempre es claro, pero hay algunas pistas”. Por
ejemplo, “si el movimiento interfiere con la concentración, genera molestias
físicas, llama la atención de forma constante o aparece junto a otros síntomas
(como insomnio, irritabilidad, fatiga mental o dificultad para desconectar),
puede estar indicando que el sistema nervioso está en sobrecarga”.
Esto no significa que mover la
pierna constantemente pase a ser algo así como “una enfermedad”, pero sí que
puede ser un síntoma. “Y los síntomas”, advierte el Dr. Cenalmor, “son avisos”.
“En muchas ocasiones, este
‘temblor nervioso’ va de la mano con un estilo de vida donde no hay pausas
reales, donde el cuerpo sigue funcionando en modo alerta incluso cuando está
sentado”, continua el experto. Y en estos contextos de estrés sostenido o
burnout, que son la especialidad del psiquiatra, “esta hiperactivación puede
volverse crónica y dejar de ser funcional”. Es, por así decirlo, una de las
señales que nos puede enviar nuestro cuerpo para avisarnos de que nos estamos
desbordando.
Aprendiendo a lidiar con este
movimiento
Si has notado que mueves la
pierna constantemente y crees que podría convertirse en un problema, el Dr.
Cenalmor tiene algunos consejos para ti. El primero es “no quitarlo, sino
entenderlo”. Es decir, aclara el experto, “no recomiendo reprimir el movimiento
a la fuerza. Eso es como tapar una válvula de escape sin liberar la presión
interna: solo traslada el problema a otra parte”.
En lugar de optar por bloquear
el movimiento, Cenalmor recomienda que nos centremos en dos cosas: “reducir los
niveles de estrés que tenemos y encontrar otras maneras de autorregularnos”.
Para ello, nos deja estas recomendaciones prácticas, que comparte a menudo en
su newsletter.
• Haz pausas conscientes
durante el día.
“Siempre recomiendo hacer
pequeñas pausas cada 60 o 90 minutos de trabajo. Nuestro cuerpo no es como un
motor, necesita descansos cada poco tiempo”, explica el psiquiatra, que
recomienda “una pausa de tres minutos con respiración lenta o mirando por la
ventana”.
• Movimientos intencionales.
El siguiente consejo del
experto es que “si el cuerpo te pide moverse”, puedas ofrecerle “una
alternativa”, como “caminar, estirar, hacer movimientos suaves con el cuello y
los hombros. El movimiento voluntario puede sustituir al movimiento automático
y, además, es una práctica saludable no solo para el estrés sino para todo lo
demás”.
• Reducir la carga de trabajo
y estrés.
“Si este tipo de gestos
aparece, puede ser una señal de que estás al límite, aunque sigas siendo
funcional”, afirma Cenalmor. “La pregunta no es si puedes seguir, sino cuánto
tiempo más puedes hacerlo sin pagar un precio en salud, relaciones y vida
perdida”.
• Observar sin juicio.
Además de todo lo anterior, el
psiquiatra nos recuerda que “detectar que lo haces ya es el primer paso”. Así
que “no te castigues por ello. El cuerpo siempre hace lo que hace por un
motivo”.
• Buscar espacios de
regulación profunda.
“La respiración, el contacto
con la naturaleza, la escritura emocional o incluso la conversación con
personas que no exigen eficiencia pueden ser pequeñas ventanas de descarga
emocional real”, concluye el especialista en estrés. BP
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