martes, 28 de octubre de 2025

Día litúrgico: Miércoles XXX (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy somos testigos de una pregunta inútil (típica de la curiosidad de los hombres) y, a la vez, de una respuesta profunda (la de Dios). ¿Qué nos importa a nosotros si son muchos o pocos los que se salvan? ¿Acaso las ‘estadísticas’ nos van a salvar?
—Lo que verdaderamente importa es amar con obras y de verdad. ¡Ah!, y con esfuerzo, porque los ‘amores fáciles’ no funcionan (¡consulta las estadísticas más recientes!).

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Lo que nadie dice sobre la menopausia, una revolución silenciosa...

Cada 18 de octubre se conmemora el ‘Día Mundial de la Menopausia’, una fecha impulsada por la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS) para visibilizar la importancia del cuidado integral de la salud de la mujer en esta etapa. En ese marco, el Dr. Pablo Carpintero, junto a la Fundación Iberoamericana de Salud Pública (FISP), comparte una reflexión sobre esta transición.
En un mundo donde la expectativa de vida sigue aumentando -con una expectativa de vida femenina que ronda los 83 años-, el Dr. Pablo Carpintero, médico especialista en Ginecología, Obstetricia y Sexología Clínica, en colaboración con la FISP, invita a repensar qué significa hoy transitar la menopausia. En Latinoamérica, el inicio promedio se ubica cerca de los 49 años; así, muchas mujeres vivirán entre 30 y 34 años en esta etapa, es decir, aproximadamente un tercio de su existencia.
Lejos de ser una enfermedad, la menopausia es un proceso natural y transicional, comparable a otros momentos vitales como la adolescencia. Supone cambios hormonales, emocionales y en los roles personales y sociales, que pueden ir acompañados de síntomas como alteraciones del ciclo menstrual, sofocos, trastornos del sueño, cambios en el estado de ánimo o en la libido. Estas manifestaciones son variables y pueden abordarse exitosamente a través de un enfoque integral, biopsicosocial y profesional, que contemple las distintas dimensiones de la salud femenina.
Sin embargo, muchas mujeres aún no consultan. Algunas naturalizan los síntomas, otras evitan hablar de ellos por el estigma cultural que asocia la menopausia al envejecimiento, la pérdida de fertilidad, del deseo sexual o de la juventud. Deconstruir estos mitos es clave. La menopausia no marca el final de nada: puede ser el comienzo de una nueva etapa de autoconocimiento, plenitud y reinvención personal.
Este año, el lema de la IMS pone el foco en la Medicina del Estilo de Vida, entendida como una herramienta poderosa para promover una menopausia saludable y una longevidad plena. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular -combinando ejercicios aeróbicos y de fuerza-, cuidar la calidad del sueño, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, controlar el estrés y fortalecer una red de vínculos sociales saludables son los pilares fundamentales para vivir esta etapa con bienestar físico y emocional.
Como indica el Dr. Carpintero, hablar de la menopausia es hablar de salud, de bienestar y de derechos. En palabras que resuenan cada vez con más fuerza: “No es el fin de nada: es el inicio de conocerse de verdad”. BP

Cuando el amor divino toca tu vida…

¿Sabes una cosa? Hay algo que nunca deja de sorprenderme: el amor de Dios. A veces nos cuesta creerlo, especialmente cuando la vida se torna dura y los días parecen nublados. Sin embargo, ese amor sigue ahí, firme, constante y real. El amor de Dios no se mide por lo que tenemos ni por lo que logramos, sino por lo que Él es: amor puro, incondicional y eterno.
Desde el primer instante en que abrimos los ojos cada mañana, ese amor ya nos rodea. Y aunque a menudo pasamos por alto su presencia, siempre está obrando silenciosamente en los detalles.
El amor de Dios no depende de tus circunstancias
Quizás hoy sientas que las cosas no marchan bien. Tal vez la enfermedad, la pérdida o la incertidumbre te han robado la paz. Pero quiero recordarte algo poderoso: Dios no te ha olvidado.
“Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” — Jeremías 31:3
El amor de Dios no se desvanece cuando fallas ni se apaga cuando dudas. No depende de tu estado de ánimo ni de tus circunstancias externas. Dios te ama tal como eres, y su fidelidad no cambia aunque tú cambies mil veces.
Cuando comprendes esta verdad, algo dentro de ti se transforma. Empiezas a vivir con propósito, con esperanza y con gratitud.
Cómo experimentar el amor de Dios en tu día a día
A veces buscamos grandes señales, pero el amor de Dios suele manifestarse en lo cotidiano. Aquí tienes algunas formas prácticas de experimentar su amor hoy mismo:
1.     Agradece lo pequeño. Empieza y termina tu día mencionando tres cosas por las que estás agradecido.
2.     Escucha con el corazón. Dios puede hablarte a través de una canción, una conversación o incluso un silencio.
3.     Ayuda a alguien más. Servir es una de las maneras más hermosas de sentir el amor de Dios fluir a través de ti.
4.     Perdona. Soltar el rencor te libera y te permite experimentar el amor que sana.
5.     Lee su Palabra. Cada versículo es una carta de amor escrita para ti.
Estas acciones sencillas abren el corazón y fortalecen la fe. Cuanto más reconoces el amor de Dios en tu vida, más consciente eres de su poder transformador.
El amor de Dios te redefine
Tal vez creas que no mereces ser amado por tus errores o por tu pasado, pero déjame decirte algo con total certeza: Dios no ve tu historia con condena, sino con compasión.
Su amor no solo perdona, sino que también redefine. Lo que antes te avergonzaba puede convertirse en testimonio de esperanza. Cada herida puede transformarse en un recordatorio de que la gracia de Dios es más fuerte que tu caída.
“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” — 1 Juan 4:8
Tres verdades que nunca debes olvidar
·        Dios te ama ahora, no cuando seas perfecto.
·        Su amor no se gana, se recibe.
·        Nada puede separarte de su amor.
Estas tres verdades son la base de una vida plena y libre. Cuando las interiorizas, el miedo pierde poder y el gozo se renueva.
Cuando el amor sana lo que el dolor rompió
Quizás has pasado por traiciones, pérdidas o decepciones que dejaron cicatrices. Pero el amor de Dios es el único capaz de sanar lo que parece irreparable. No importa cuán roto esté tu corazón, Él puede restaurarlo con ternura y paciencia.
Hay momentos en los que la oración parece no tener respuesta, pero incluso en el silencio, Dios trabaja. Su amor actúa en los tiempos invisibles, en los procesos lentos y en los lugares donde nadie más puede llegar.
Aplicando el amor de Dios a tu vida práctica
Hablar del amor divino es hermoso, pero vivirlo es aún más poderoso. Aquí tienes tres pasos prácticos para hacerlo realidad cada día:
1.     Elige amar como Él ama. Sé paciente, compasivo y generoso, incluso cuando no recibas lo mismo a cambio.
2.     Practica la gratitud consciente. Encuentra a Dios en las pequeñas victorias y en las pruebas.
3.     Declara fe sobre tus circunstancias. No mires con los ojos del miedo, sino con la confianza de quien sabe que está en manos de un Padre amoroso.
El amor de Dios te impulsa a compartirlo
Cuando experimentas verdaderamente su amor, algo cambia: ya no puedes guardártelo. Empiezas a mirar a los demás con compasión, a perdonar con más facilidad y a servir sin esperar nada. Ese es el reflejo más puro del amor divino: el que se da sin condiciones.
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” — Juan 13:35
Conclusión: el amor que transforma todo
El amor de Dios no solo te consuela, te transforma. Cambia tu manera de pensar, de actuar y de ver el mundo. Te enseña a vivir con esperanza, incluso cuando todo parece incierto. Te recuerda que no estás solo, que hay propósito incluso en el dolor, y que cada día es una oportunidad para volver a empezar.
Entonces, la próxima vez que dudes, pregúntate: ¿Sabes una cosa? Dios sigue amándote, hoy y siempre. RdeP