Hay un gesto que repetimos
infinidad de veces a lo largo del día sin apenas ser conscientes de ello: el
suspiro. Según la definición de la RAE, constituye una “aspiración fuerte y
prolongada seguida de una espiración, acompañada a veces de un gemido y que
suele denotar pena, ansia o deseo”. Desde la perspectiva de la salud, conviene
tener claro que no se trata de un fenómeno aleatorio, casual o sin significado.
Todo lo contrario: suspirar cumple funciones tanto fisiológicas como
psicológicas.
Empezando por las primeras,
los suspiros se consideran un reflejo con un papel muy importante en la
respiración y, en concreto, en el llenado pulmonar. Sirven para inflar los
alvéolos, que son los pequeños sacos de los pulmones en los que se produce el
intercambio de gases, permitiendo la entrada de oxígeno en el organismo y la
expulsión del dióxido de carbono. En ocasiones, estos saquitos se colapsan,
pero suspirar fomenta su desbloqueo.
Un suspiro es una respiración
muy profunda que a menudo realizamos de forma consciente. De hecho, hay
personas que tienen el hábito de hacerlo sin ninguna sutileza y de una manera
muy audible. Pero la mayor parte de las veces lo efectuamos involuntariamente:
se calcula que suspiramos espontáneamente cada 5 minutos.
Función psicológica de los
suspiros
Además de contribuir a regular
la respiración, suspirar también tiene una misión psicológica. En términos
generales, según proponen los autores de una revisión publicada en la revista Biological
Psychology, los suspiros facilitan la transición de un estado psicológico a
otro, contribuyendo de esta manera a la flexibilidad emocional. Actuarían, por
lo tanto, como un mecanismo de reseteo o reinicio.
Por ejemplo, suspirar puede
ayudar a reducir la ansiedad. Ante una situación a la que nos cuesta
enfrentarnos, los suspiros servirían para obtener un alivio temporal de la
angustia que sentimos.
El significado de suspirar
mucho
El problema surge cuando
suspirar se convierte en una acción demasiado frecuente. Es entonces cuando
puede ser un signo de una patología respiratoria subyacente o un trastorno
emocional. Pero también se ha relacionado con otros problemas de salud.
Estas son algunas de las
posibles explicaciones:
• La asociación entre los
trastornos de ansiedad y un aumento significativo de la frecuencia con la que
se suspira ha sido ampliamente corroborada. Aquí cabe citar tanto la ansiedad
crónica como los ataques de pánico y el trastorno de estrés postraumático,
entre otras patologías.
• Suspirar con más frecuencia
de lo normal se ha asociado con diversas enfermedades no solo mentales, sino
también físicas. Por ejemplo, los pacientes con dolor lumbar crónico lo hacen
mucho más y se ha correlacionado con la intensidad del dolor al sentarse, estar
de pie, inclinarse y caminar.
• En pacientes con traumatismo
craneoencefálico, suspirar constituye una conducta habitual y relacionada con
el dolor.
• En cambio, en un estudio que
evaluó a pacientes con artritis reumatoide, los suspiros se relacionaron con la
existencia de depresión, pero no con el dolor.
• En cuanto a su vínculo con
las enfermedades respiratorias, se ha apreciado una mayor frecuencia en
pacientes con asma grave, entre otras.
• En pacientes con el
denominado síndrome de hiperventilación (que combina la dificultad para
respirar con un aumento de la frecuencia respiratoria), un estudio mostró que,
en comparación con las personas sanas, su frecuencia de suspiros fue mayor al
sentarse en silencio y también al realizar otras actividades relajantes como
escuchar música suave.
El suspiro como terapia
Curiosamente, además de
constituir un claro signo de ansiedad, el suspiro también puede convertirse en
una forma de combatir este problema. El Dr. Andrew Huberman, neurocientífico de
la Universidad de Stanford (Estados Unidos), ha popularizado el denominado
suspiro fisiológico como técnica de respiración para reducir la ansiedad y el
estrés. Consiste en realizar dos inhalaciones rápidas por la nariz y una
exhalación larga y lenta por boca. Según sus investigaciones, esta forma de
suspirar activa el sistema nervioso parasimpático, relajando el cuerpo y
reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés). BP
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