martes, 2 de diciembre de 2025

Día litúrgico: Miércoles I (A) de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 15,29-37): En aquel tiempo, pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y Él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?». Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy vemos a Jesús curando a muchos enfermos y dando de comer a muchas personas que tenían hambre. Dios quiere curarnos y alimentarnos a todos. Por esto Jesús va a nacer en Navidad: se acerca a nosotros para salvarnos a todos; quiere llevarnos a la casa eterna del Padre.
—¿Puede Jesús salvar a todos los hombres? Sí, porque es Dios. Entonces, ¿cómo es que todavía hay tantos males en el mundo? Porque todavía no le hemos acogido. ¿Quieres tú recibirle de verdad?

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Las 5 medidas principales para prevenir el cáncer de piel...

El cáncer de piel comienza como una proliferación de células en la piel, las cuales pueden invadir y destruir los tejidos sanos del cuerpo, mientras que, a veces, las mismas pueden desprenderse y diseminarse a otras partes del cuerpo.
Este tipo de cáncer puede ser causado por la exposición a la radiación ultravioleta (UV) del sol o de camas de bronceado, mientras que se manifiesta como lunares nuevos o cambiantes, llagas que no cicatrizan o crecimientos con color, tamaño, forma o textura inusuales.
En el marco de la Campaña Nacional de prevención del cáncer de piel, un informe del Hospital Británico advierte sobre la incidencia de esta enfermedad en nuestro país, la importancia de las medidas para prevenir el daño solar, así como la revisión de los lunares.
“El cáncer de piel tiene una tasa de incidencia de 212 casos por 100.000 habitantes (considerando ambos sexos y todos los tumores a excepción de piel no melanoma), cifra que la posiciona dentro de los países del mundo con incidencia de cáncer media-alta, ubicándola a su vez en el séptimo lugar en Latinoamérica”, advierte el Dr. Gabriel Noriega, jefe del Servicio de Dermatología del citado centro de salud.
En este sentido, el especialista señala: “Las dos causas principales que generan el cáncer de piel, el más común en el ser humano, son los rayos ultravioletas (UV) del sol y el uso de camas solares. Como el daño solar es acumulable, las exposiciones reiteradas e indiscriminadas producen a largo plazo un envejecimiento prematuro, lesiones precancerosas y esta enfermedad”.
“Si el cáncer de piel se detecta a tiempo, puede tratarse con altas probabilidades de curación, incluso en etapas tempranas cuando aún el tumor no se ha desarrollado”, resalta el Dr. Noriega.Las 5 principales medidas de prevención son:
1.  Evitar el sol directo de 10 a 16 hs.
2. Utilizar ropa que cubra el cuerpo, lentes con protección UV y sombreros.
3. Usar protector solar igual o mayor a FPS 30. Hay que reponerlo cada 2 horas si se transpira o nos mojamos mucho.
4. Los protectores solares FPS 50 son muy útiles en personas con antecedes en cáncer de piel.
5. Si la piel se pone roja, es por el efecto de los rayos solares. El bronceado es un mecanismo de defensa de la piel.
¿Cuándo hay que realizar consulta por los lunares?
“Los lunares o nevos melanocíticos son comunes a todas las personas. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y en todas las edades, siendo más frecuentes en los primeros 20 años de vida. Frecuentemente son de color amarronado, de bordes regulares y de un tamaño menor a 5-6 mm. Pueden comenzar como una mancha y con los años hacerse sobresalientes, perder el color y, en ocasiones, tener pelos”, precisa el profesional.
Los nevos atípicos o displásicos suelen ser de más de 6 mm, forma levemente asimétrica, varios tonos de marrón o rosados, mostrando un aspecto raro.
Los lunares debemos chequearlos:
• Si apareció recientemente y es llamativo
• Cuando crece continua o abruptamente
• Si cambia de color
• En caso de erosión, picazón, sangrado o costra sobre el lunar. BP

Corona de Adviento - La justicia…

“Dar a cada quien lo suyo”. Así se ha definido siempre la justicia.
Si vamos a la etimología, justicia proviene del sustantivo latino ‘ius’, que significa derecho. Es justo el hombre que concede a cada uno sus derechos, lo que le es debido por ser lo que es en todos los órdenes. Por tanto, la justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido.
La justicia es un valor que acompaña el ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. Desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud determinada por la voluntad de reconocer al otro como persona. Desde el punto de vista objetivo, este valor y virtud constituye el criterio determinante de moralidad en el ámbito intersubjetivo y social.
Hoy la justicia se muestra particularmente importante en el contexto actual, en que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, está seriamente amenazado por la generalizada tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad y del tener.
La justicia no es una simple convención humana, porque lo que es ‘justo’ no es originalmente determinado por la ley, sino por la identidad profunda del ser humano.
Esta virtud regula las relaciones entre los hombres en sus múltiples manifestaciones: con Dios, con los demás y consigo mismo.
Tenemos que ser justos, primero, con Dios. La justicia con Dios se llama virtud de religión. Debemos dar a Dios honor y gloria. Debemos dar a Dios el primer lugar. Y esto se demuestra en dedicar un tiempo al día para agradecerle la vida, la fe, y tantas gracias que a diario Él nos da en el orden espiritual y material, familiar y laboral. Aquí entrarían esos minutos al día para leer la Biblia y entrar en diálogo con Él. Aquí entraría ese participar activa y fervorosamente de la misa dominical. Aquí también la oración de agradecimiento antes de las comidas. O ese rezo del rosario en familia. Todo esto es justicia con Dios por ser quien es: nuestro Señor, nuestro Padre y nuestro Dios.
Tenemos que ser justos, sobre todo, con los demás. Esta justicia garantiza básicamente el respeto mutuo en el uso de los bienes que Dios nos ha otorgado, que son para todos y que miran no sólo a nuestra utilidad en este mundo, sino también para que nos ayuden a llegar hasta Dios. El Magisterio social de la Iglesia evoca al respecto tres formas clásicas de justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal. Dice el Catecismo de la Iglesia católica: “Los contratos están sometidos a la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre las personas y entre las instituciones en el respeto exacto de sus derechos. La justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguardia de los derechos de propiedad, el pago de las deudas y el cumplimiento de obligaciones libremente contraídas. Sin justicia conmutativa no es posible ninguna otra forma de justicia. La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia distributiva que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en proporción a sus contribuciones y a sus necesidades” (número 2411). “En virtud de la justicia conmutativa, la reparación de la injusticia cometida exige la restitución del bien robado a su propietario…” (Número 2412).
Por tanto, bajando a detalles, se falta a la justicia, y a veces gravemente, mediante el hurto, la rapiña, el fraude, la usura, la extorsión, el plagio, la retención injusta del algo ajeno. Se falta a la justicia, cuando por negligencia se retrasan los salarios o pagos, pudiendo hacerlo a tiempo. Mientras se pueda, convendría pagar al contado, sobre todo a los que lo necesitan, y al día siguiente de terminar el mes. Sí, falta a la justicia:
• El patrón que retrasa el pago del salario a los obreros, sin causa justa.
• El que se niega a pagar sus deudas pudiendo hacerlo.
• Los que no devuelven las cosas prestadas o las devuelven en mal estado.
• Los que engañan en la administración de bienes ajenos.
• Los que falsifican dinero.
• El que estafa a quien le confió la administración de sus bienes.
• Los que guardan la cosa perdida sin buscar al dueño.
• El que con gastos excesivos se imposibilita para pagar sus deudas.
• Los comerciantes que provocan quiebras ficticias para declararse insolventes.
• El que sabiendo que en el supermercado se ha equivocado la cajera y le ha dado dinero de más, y no hace nada por devolverlo.
Tenemos que ser justos, finalmente, con nosotros mismos. A esto lo llamamos humildad. La justicia con nosotros mismos significa ponernos en el lugar que nos corresponde: ni arriba ni abajo. Y si ahondamos un poco, sabemos que el lugar que nos corresponde es el último, porque somos criaturas de Dios, servidores de nuestros hermanos y además pesa sobre nosotros una realidad profunda: somos pecadores.
Tratemos de vivir esta virtud de la justicia con más conciencia, sobre todo con nuestro prójimo. Y unamos a la virtud de la justicia, la virtud del amor y de la solidaridad. Sólo así superaremos la visión contractual de la justicia, que es visión limitada. La justicia sola no basta. Puede incluso llegar a negarse a sí misma, si no se abre a aquella fuerza más profunda que es el amor. AR

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