martes, 29 de agosto de 2023

Día litúrgico: Miércoles XXI (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 23,27-32): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy, Jesús echa en cara a los mismos de siempre (escribas y fariseos) un vicio muy actual: la hipocresía de lo ‘políticamente correcto’. ¡Cuánta apariencia, cuánta imagen! ¡Y cuánto fantasma! Parece más importante ‘quedar bien’ que ‘hacer el bien’.
—Jesús hizo al revés: hizo el bien aunque quedó mal. ¡Jesús no fue a la ‘moda’!

29 de Agosto - Día del Abogado... 04

Buenos días... 870

lunes, 28 de agosto de 2023

Canciones acústicas instrumentales - Sumérgete en la calidez de la dulce música romántica de guitarra...

Karla Herescu - El pastor solitario...

Ama y haz lo que quieras...

Más que pedir...

Víctor, Santo

Recluso, 29 de Agosto
Elogio: En la región de Nantes, en la Bretaña Menor, san Víctor, solitario, que vivió recluido en un pequeño oratorio, construido por él mismo junto a Bonchamp.
País: Francia - †: c. s. VII

Cáncer de Estómago: 8 signos a los que debes poner atención…

El cáncer de estómago es una enfermedad grave que provoca un gran sufrimiento y puede acabar en la muerte, pero como muchos otros tipos de cáncer pueden solucionarse y tratarse de forma eficaz y rápida gracias a la detección precoz. El principal problema en el caso del cáncer de estómago es que a pesar de los muchos dolores que provoca la enfermedad, en sus primeras etapas no trae dolor alguno, y por lo tanto es difícil de detectar. Por ello, es muy importante prestar atención a las diversas señales que emite nuestro cuerpo, que no necesariamente se manifiestan en dolor, sino en otros fenómenos de salud que nos pueden indicar que hay un desarrollo de una masa cancerosa en nuestro estómago y que debemos hacernos la prueba lo antes posible para permitir la detección y el tratamiento tempranos.
Se enumeran 8 signos a los que debes prestar atención, que pueden despertar la sospecha de que la enfermedad se está desarrollando en tu cuerpo.
¿Qué es el cáncer de estómago y cómo se trata?
El cáncer de estómago es una enfermedad común que ocurre en 1 de cada 111 personas que pueden desarrollar un tumor canceroso en el estómago durante su vida, y esto es más común entre los hombres de 60 a 70 años. El tumor canceroso suele desarrollarse en la zona del tejido estomacal, y su principal causante es la bacteria Helicobacter pylori, responsable del 60% de la propagación de la enfermedad en el mundo. Los principales factores de riesgo para este cáncer son el tabaquismo, el desarrollo de una úlcera estomacal y el consumo excesivo de alimentos ahumados. Al mismo tiempo, es importante recalcar que al final, las causas directas de la enfermedad son mutaciones aleatorias que ocurren durante la división celular, por lo tanto hay una dimensión de aleatoriedad en la recurrencia de la enfermedad, y también puede ocurrir independientemente de fumar o comer ciertos alimentos. El cáncer de estómago se trata mediante la extirpación quirúrgica del tumor, pero esto solo es posible en las primeras etapas de la enfermedad cuando el tumor aún está localizado, es pequeño y aún no se ha diseminado a los ganglios linfáticos o a los órganos cercanos. Todavía no hay tratamiento para las últimas etapas después de la propagación y la enfermedad se considera incurable. Por eso es muy importante prestar atención a los siguientes 8 signos para que el cáncer puedas detectarlo en la etapa más temprana.
8 signos de desarrollar cáncer de estómago
1. Dolores de estómago, frecuentes y persistentes
El dolor abdominal es algo común que le sucede a las personas casi a diario y no indica cáncer en absoluto, pero cuando el dolor abdominal se vuelve agudo, frecuente y cada vez más persistente, hay lugar para la sospecha. Incluso si la mayoría de las veces la fuente del dolor resulta ser una enfermedad u otro problema de salud en el estómago, estos síntomas no deben darse por sentados, porque a veces un dolor intenso puede indicar el desarrollo de una masa en el estómago. Los signos de que los dolores se deben al desarrollo del cáncer incluyen la persistencia de los dolores a lo largo del tiempo y la sensación de que se está produciendo una especie de ‘rechinamiento’ en el estómago. No se trata de algo que sentirás un día de repente, sino de dolores que duran más de dos semanas de una forma continua.
2. Rápida pérdida de apetito
Una posible indicación de la aparición de cáncer de estómago es una pérdida de apetito repentina y significativa. Esto puede ocurrir cuando sientes hambre y comienzas a comer, pero pierdes rápidamente el deseo de continuar después de unos pocos bocados y encuentras el sabor poco atractivo. Los expertos se refieren a esto como saciedad temprana, que puede ser una señal de advertencia de un problema grave, como un crecimiento canceroso. Si normalmente te sientes lleno con relativa rapidez, es probable que no haya motivo de preocupación. Sin embargo, si se trata de una nueva aparición, se recomienda buscar atención médica para descartar posibles problemas de salud.
3. Sangre en vómito o heces
Si observas sangre en las heces, podría ser una señal de diversas afecciones digestivas y estomacales, e incluso puede aumentar la posibilidad de desarrollar cáncer. Se recomienda buscar atención médica sin demora. Aunque la sangre en las heces o el vómito también pueden indicar problemas como úlceras estomacales o enfermedad de Crohn, es fundamental diferenciarlos. En caso de cáncer de estómago, la sangre que se encuentra en las heces será de color negro oscuro debido a las enzimas estomacales. Por otro lado, la sangre que acompaña a las secreciones de vómito resultantes del cáncer de estómago tendrá una textura granular y un color rojo brillante ya que ha sido parcialmente digerida.
4. Pérdida de peso inexplicable
La pérdida de peso inesperada puede ser el resultado de varios problemas de salud, como la enfermedad de Addison, la diabetes tipo 1, la enfermedad de Crohn y el cáncer de estómago. Por lo tanto, si notas una disminución en tu peso incluso si no estás siguiendo ninguna dieta, es crucial consultar a un médico para un examen y tratamiento adecuados. Es esencial tener en cuenta que la pérdida de peso puede ocurrir gradualmente en lugar de repentinamente. Sin embargo, si has perdido más de 5-6 kilogramos en seis meses sin ningún cambio en la dieta o aumento de la actividad física, es motivo de preocupación y debe controlarse. Además, la acidez estomacal continua también puede ser un síntoma de algunos problemas de salud subyacentes.
5. Acidez estomacal incesante
La acidez estomacal molesta e incesante puede ser un signo claro del desarrollo de una masa cancerosa en el estómago. Hay muchas explicaciones y razones para el desarrollo de la acidez estomacal, y en sí mismas están lejos de ser producto únicamente del cáncer de estómago, pero si persisten por mucho tiempo, son muy dolorosas y no cesan, es necesario contactar a un especialista, consulte y verifique la causa de este síntoma.
6. Aumento de la fatiga
Uno de los signos generales que pueden indicar el desarrollo de una masa cancerosa en su cuerpo es el aumento de la fatiga y la falta de energía que no desaparecen incluso después de una buena noche de sueño. En el caso del cáncer de estómago, este cansancio se produce debido a una gran pérdida de sangre y líquidos, principalmente debido a las secreciones sanguinolentas de las heces. Si, además de los diversos síntomas que hemos mencionado aquí, también sufres un aumento de la fatiga, comunícate con tu médico de inmediato para verificar y diagnosticar si estás enfermo.
7. Hinchazón, diarrea y estreñimiento
Cuando se desarrolla un tumor canceroso en el estómago, es probable que cause hinchazón y problemas con las deposiciones. Si bien es posible que experimentar solo uno de estos síntomas no necesariamente indique cáncer y podría deberse a otros factores, si experimentas una combinación de estos síntomas junto con otros mencionados en la lista, es importante buscar atención médica y someterte a un examen para descartar la posibilidad de cáncer.
8. Dificultades para tragar
El cáncer de estómago puede causar más de un síntoma, incluida la pérdida rápida de apetito, hinchazón y dificultad para tragar, que es una indicación común de este tipo de cáncer. La dificultad para tragar es evidente en la incapacidad para tragar alimentos mientras se come, regurgitación de alimentos después de tragar y náuseas intensas. El proceso de deglución requiere muchos músculos, y si el tumor se desarrolla en la capa muscular del estómago o afecta los nervios que se conectan a esos músculos, puede provocar dificultad para tragar, lo cual es un signo importante de cáncer de estómago. JQR

Vivir en los límites de la ley…

Cuando a alguien le ponen una multa por exceso de velocidad, la excusa que suele dar es que no se fijó en que había superado el límite. Pretendía ir al máximo de velocidad permitido, noventa o ciento veinte y, sin darse cuenta, aceleró a noventa y cinco o a ciento veintiséis kilómetros por hora. Justo en ese momento, por casualidad (¡ley de Murphy!), se cruzó un policía y ¡zas!, multa al canto. Es algo que, probablemente, nos ha sucedido a todos los conductores en alguna ocasión y que, por lo tanto, nos resulta muy comprensible. A fin de cuentas, sería imposible y también peligroso conducir constantemente mirando el velocímetro del coche.

Por otro lado, al dar esa excusa no estamos teniendo en cuenta una solución muy sencilla: si el límite está en ciento veinte kilómetros por hora, para no pasarnos de ese límite por un descuido basta conducir a ciento diez. De esa forma, cuando apretamos un poco más el acelerador inconscientemente o vamos cuesta abajo o hay que acelerar un poco para adelantar a alguien, nuestro coche avanzará a ciento doce o a ciento quince o a ciento dieciocho, pero será mucho más difícil que nos pongan una multa por exceso de velocidad.

Cuando uno intenta mantenerse justo en el límite, resulta muy fácil traspasarlo casi sin darse cuenta, al menos en algunas ocasiones. Todos lo sabemos, pero el problema está en que, en realidad, nos gustaría ir más rápido. Querríamos ir a ciento treinta o ciento cuarenta y, si no lo hacemos, es porque no nos atrevemos por si la ley nos penaliza. Por eso nos quedamos en el máximo posible que nos permite evitar la multa. Es exactamente lo mismo que nos pasa a los cristianos.

Por desgracia, también es una experiencia que probablemente nos resultará familiar a la mayoría. Con buena voluntad y de forma sincera, intentamos no pecar gravemente o, en el mejor de los casos, no pecar a secas. Sabemos que, si uno pasa de esta línea o aquella, está pecando, así que intentamos cumplir los mandamientos, mantenernos en la línea y no traspasarla… y, al igual que les sucede a los conductores, traspasamos esa línea a menudo, casi sin darnos cuenta.

Semana tras semana, caemos en los mismos pecados y nos confesamos de las mismas cosas, de forma aparentemente inevitable. Esa sensación de que, por mucho que nos esforcemos, siempre seguimos pecando desemboca en la idea de que es imposible no pecar, de que no tenemos remedio, de que hagamos lo que hagamos no podemos cumplir los mandamientos de Dios. Es decir, nos lleva a la desesperanza, que es la muerte de la vida cristiana. De esta forma se cumple lo que dijo San Pablo por propia experiencia: Así resultó que el mandamiento que debía darme la vida, me llevó a la muerte.

El problema, como en el caso de los conductores, es que lo único que se nos ocurre es intentar no hacer lo que está prohibido. No queremos traspasar el límite, pero nos empeñamos en vivir lo más cerca posible del mismo. No queremos pecar gravemente, porque somos ‘buena gente’, pero más allá de eso esperamos que Dios no se meta mucho en nuestra vida. Nuestro deseo es ser cristianos pero sin exagerar, buscando un justo medio entre los pecados graves y la ‘beatería’, los ‘cristianos radicales’ o los ‘ultracatólicos’. Como dice la expresión popular, queremos ‘ser buenos pero no tontos’. Desgraciadamente, esto es lo que define a una gran parte de los cristianos: tratamos de vivir en los límites de la ley de Dios. No hemos entendido nada.

El que cree que el cristianismo consiste fundamentalmente en evitar el pecado, en no traspasar unos límites morales puestos por Dios, ha convertido la fe en un moralismo. San Pablo se pasó la vida advirtiéndonos de que eso no es ser cristianos: la letra mata, el espíritu vivifica. Si intentamos ser cristianos así, el cristianismo será para nosotros una horrible carga, como lo ha sido para tantos que han creído liberarse abandonando esa carga.

Por supuesto, la vida en el Espíritu de la que habla San Pablo no consiste en saltarse la Ley divina, porque los mandatos de Dios son mandatos de vida y el salario del pecado es la muerte. Al contrario, la vida en el Espíritu consiste en vivir en el centro mismo de esa Ley, en intentar ser santos, en dejar que la gracia transforme nuestra vida por completo. No se trata de dar a Dios lo que está mandado y (a ser posible) ni un milímetro más, sino en entregarle absolutamente todo lo que somos y tenemos.

Los mandamientos, la ley de Dios, son como una señal de dirección en la carretera, que señala cuál es la dirección correcta hacia el destino de tu viaje y te avisa de que, si vas en dirección contraria, tendrás un accidente. Quien peca, se dirige a ciegas contra otro coche o cae en un precipicio.

No es mucho menor, sin embargo, la estupidez de quien elige acampar junto a la señal, sabiendo que mientras esté allí no circulará en dirección contraria, pero tampoco se acercará a su destino. Claramente, no entiende la finalidad de la señal, que sólo existe para que podamos llegar a ese destino. Así hacemos al obstinarnos en servir a Dios, pero sin dejar de servir también al dinero, olvidando que esos compromisos siempre llevan al desastre, como Cristo mismo nos advirtió: porque amará a uno y odiará al otro.

La solución no está en intentar una y otra vez mantenernos en el límite, porque eso nos llevará de nuevo a sobrepasarlo, cayendo por enésima vez en los mismos pecados. La auténtica solución está en convencernos de que la felicidad no está del lado del pecado, sino en la dirección que nos señala Cristo. Por eso conversión, en griego, se dice metanoia, es decir, cambio de mentalidad. Para ser cristiano hay que cambiar de mentalidad. No podemos seguir pensando, como los paganos, que en realidad lo que nos haría feliz sería tener una aventura con la secretaria, recibir el ascenso que le dieron a Fernández (que no se lo merecía tanto como yo) o quedarnos los domingos en casa en lugar de ir a misa. Como no nos da la gana convertirnos, como seguimos pensando que la felicidad está en pecar, nos quedamos junto a la señal de tráfico, porque lo que verdaderamente deseamos es ir en dirección contraria a la que nos marca la ley de Dios. No nos atrevemos a ir en sentido contrario, pero lo deseamos. Y así nos va la vida.

En la vida cotidiana, entendemos perfectamente que quien se queda junto a la señal  nunca llega a ningún sitio y lo único que hace es perder el tiempo. En cambio, como cristianos, somos el que pone la mano en el arado y vuelve la mirada atrás, el que quiere servir a Dios y al dinero. No hay peor forma de vivir que esa, porque ni disfrutamos de la vida nueva de Cristo ni hacemos la prueba de que el pecado sólo lleva a la muerte. Como dijo el profeta Elías: ¿Hasta cuándo vais a andar con muletas? Si Baal es Dios, seguid a Baal. Si lo es Yahvé, seguid a Yahvé. Pero nos da miedo movernos en cualquiera de las dos direcciones: sabemos que el pecado no es bueno, pero tampoco queremos ser santos porque imaginamos (con razón) que eso significa cambiar completamente de vida y estamos cómodos como estamos. Al final, no somos ni chicha ni limoná, como se dice castizamente.

Nos engañamos pensando que somos cristianos, pero en realidad no lo somos. El que sabe que no es cristiano sino que es un pecador puede convertirse al ver que pecar no hace más que destruir su vida, pero el que piensa que es cristiano sin serlo no puede convertirse, porque cree que no lo necesita. Nada hay peor que vivir en la tibieza. No lo digo yo, lo dice Cristo: Ay de ti, porque no eres frío ni caliente. A los tibios los vomitaré de mi boca.

Eso es precisamente lo que proclama el sermón de la montaña y precisamente por ello nos resulta tan escandaloso a los cristianos acomodados que vivimos en los límites de la ley. No nos recuerda algo que ya sabemos, como ‘no peques de ira’. En lugar de eso, pone por completo del revés nuestra vida diciendo: al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra. Al que te lleve a juicio para quitarte el manto, entrégale también la túnica. Ama a tus enemigos. No se queda en ‘no robes’ o en ‘se justo’, sino que dice: al que te pide, dale. A Cristo no le basta con que seamos ‘solidarios’, ‘ciudadanos comprometidos’ o ‘buenas personas’, sino que llega al extremo de lo políticamente incorrecto, al decirnos a los cristianos: Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo. No dice ‘no peques’, sino que, con la brutal sinceridad de quien verdaderamente nos ama, nos aconseja: si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti. No nos llama a ‘ser buenos’, sino que tiene la audacia de pedirnos que seamos perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Por supuesto que hay que cumplir la ley moral y divina. Quien dice lo contrario no es cristiano. Sin embargo, eso no debe hacernos olvidar que Dios hace posible que cumplamos esa ley llevándonos mucho más allá de sus meros límites, hasta su mismo centro, que está en la vida de la Trinidad. La verdadera forma de no pecar es querer ser santos. El que ama a su enemigo, no peca de ira. El que da al que le pide, no roba ni es injusto. Si quieres no pecar, lo mejor que puedes hacer es arrancar de ti cualquier cosa que te conduzca al pecado, por mucho que hacerlo te cueste un ojo de la cara. El que intenta ser bueno, lo que será es mediocre y tibio, mientras que el que se ofrece por entero a Dios para que le haga santo, llegará a ser perfecto como su Padre celestial por obra de la gracia.

No se trata de ser un poco mejores, sino de ser completamente distintos. No se trata de intentar no pasarse, sino de pasarse por completo en la otra dirección. Dios nos llama a ser una criatura nueva, ciudadanos del cielo, hijos de Dios, otros Cristos con los mismos sentimientos de Jesús. A eso estamos llamados y no a la triste, mezquina y frustrante vida de quien intenta ser lo más pagano posible pero sin condenarse.

Dios nos dé la valentía de dejarle, de una vez, que nos haga santos. BM