La presencia
que no se esconde.
La ciudad
volvió del todo. Tráfico completo. Agendas abiertas. El calendario ya no tiene
tregua.
Y
Cristo sigue ahí.
No se fue con
los villancicos. No se guardó con el pesebre. Camina entre quienes regresan
cansados, entre quienes no tuvieron descanso, entre quienes empiezan el año con
más dudas que certezas.
Cristo no se
impone en la ciudad. Pero tampoco se esconde.
Está en la
decisión pequeña de hacer lo correcto. En el gesto silencioso de paciencia. En
la esperanza que no hace ruido.
La Epifanía
comienza así: cuando descubrimos que Dios no se fue.
¿Dónde lo reconoces hoy, ya sin
luces de Navidad? RM
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