Ofrecemos estos
breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación
individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la
misa del domingo 11 de enero de 2026.
Se dividen en tres
partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a
comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta;
y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a
muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
•
“Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan
para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene
necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»
Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así
cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado,
Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu
de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del
cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi
predilección»” (Mt 3,13-17).
•
“Así habla el Señor: Este es mi Servidor, a quien yo sostengo,
mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él
para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni
la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha
que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se
desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas
esperarán su Ley. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano,
te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para
abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y
de la cárcel a los que habitan en las tinieblas” (Isaías 42,1-4.6-7).
Reflexión
“Soy yo el que
necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Tú que eras al principio, y
estabas junto a Dios y eras Dios mismo; tú que eres el esplendor de la gloria
del Padre; tú que eres la imagen perfecta del padre perfecto; tú que eres la
luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo; tú que
para estar en el mundo viniste donde ya estabas; tú que te hiciste carne sin
convertirte en carne; tú que acampaste entre nosotros y te hiciste visible a
tus siervos en la condición de esclavo; tú que, con tu santo nombre como con un
puente, uniste el cielo y la tierra: ¿tú acudes a mí? ¿Tú, tan grande, a un
hombre como yo?, ¿el Rey al precursor?, ¿el Señor al siervo? Pues aunque tú no
te hayas avergonzado de nacer en las humildes condiciones de la humanidad, yo
no puedo traspasar los límites de la naturaleza. Tengo conciencia del abismo
que separa la tierra del Creador. Conozco la diferencia existente entre el
polvo de la tierra y el Hacedor. Soy consciente de que la claridad de tu sol de
justicia me supera con mucho a mí, que soy la lámpara de tu gracia. Y aun
cuando estés revestido de la blanca nube del cuerpo, reconozco no obstante tu
dominación. Confieso mi condición servil y proclamo tu magnificencia. Reconozco
la perfección de tu dominio, y conozco mi propia abyección y vileza. No soy
digno de desatar la correa de tu sandalia; ¿cómo, pues, voy a atreverme a
tocar la inmaculada coronilla de tu cabeza? ¿Cómo voy a extender sobre ti mi
mano derecha, sobre ti que extendiste los cielos como una tienda y cimentaste
sobre las aguas la tierra? ¿Cómo abriré mi mano de siervo sobre tu divina
cabeza? ¿Cómo lavar al inmaculado y exento de todo pecado? ¿Cómo iluminar a la
misma luz? ¿Qué oración pronunciaré sobre ti, sobre ti que acoges incluso las
plegarias de los que no te conocen?” (San
Gregorio de Neocesarea, Homilía 4 [atribuida],
en la santa Teofanía).
Nosotros le hablamos
•
“Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste a Cristo como
Hijo tuyo muy amado, cuando era bautizado en el Jordán, y el Espíritu Santo
descendía sobre él; concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu,
perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración
Colecta).
Nuestra vida cambia
•
¿Cómo podemos ser agradecidos con Dios por el don inmenso de
ser sus hijos por el bautismo?
•
¿Qué podemos imitar de la misión de Jesús que nos describe el
profeta Isaías?
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