El Día Mundial del Cáncer de
Próstata se celebra el 11 de junio y tiene como objetivo concienciar sobre la
importancia de la prevención y el diagnóstico temprano de esta enfermedad que
afecta a millones de hombres en todo el mundo.
Una buena noticia de salud
pública: si bien el cáncer de próstata sigue siendo el más frecuente en
varones, su tasa de mortalidad asociada disminuyó un 26% si se considera la tendencia
de la década que va entre 2014 y 2024.
Según la información reciente
del Sistema de Vigilancia y Reporte del Cáncer (SIVER-Ca), la mortalidad en el
año 2014 fue de 12,45 defunciones cada 100 mil varones En el 2024, esa
estadística fue de 9,22 defunciones cada 100.000 varones. Al finalizar el
período, la conclusión es que se alcanzó una reducción acumulada del 26% en
todo el período.
Las razones de la mejora en
este indicador
Según informó el Ministerio de
Salud de Argentina, esta evolución favorable se asocia principalmente al
aumento de las consultas oportunas en los servicios de urología y a los avances
en las tecnologías de diagnóstico y tratamiento. En este sentido, se destacan
la implementación de la resonancia multiparamétrica de próstata, el PET con
colina, el PET PSMA -estudios diagnósticos por imágenes no invasivos-, y los
tratamientos basados en hormonoterapia y radioterapias menos tóxicas y
dirigidas.
El cáncer de próstata es el
tumor más frecuente en varones en Argentina y uno de los más frecuentes a nivel
mundial.
“En el país, más de 11.600
hombres reciben este diagnóstico cada año. La mayoría no presenta síntomas
previos, y por eso el control periódico es clave para encontrar la enfermedad
cuando todavía puede tratarse con intención curativa”, detalló el Dr. Gonzalo
Vitagliano, Jefe de la Sección de Oncología - en el Servicio de Urología en el
Hospital Alemán de Buenos Aires.
El cáncer de próstata en sus
etapas tempranas es completamente asintomático. Por eso es necesario hacerse
los controles periódicos para encontrarlo en su etapa curativa.
“La próstata es una glándula
pequeña, del tamaño aproximado de una nuez, ubicada debajo de la vejiga. Aunque
es pequeña, puede tener un gran impacto en la salud. A partir de los 50 años,
todos los hombres deberían conversar con un urólogo sobre sus controles”, sumó el
Dr. Vitagliano. Y continuó: “Si existen antecedentes familiares de cáncer de
próstata, especialmente en padre, hermanos o familiares cercanos, esa consulta
debería comenzar antes, alrededor de los 40 años”.
El problema es que, cuando da
síntomas, muchas veces la enfermedad ya está más avanzada. Por eso, esperar a
sentir dolor, molestias urinarias o cualquier otro síntoma no es una buena
estrategia de prevención.
El PSA: una señal de alerta,
no un diagnóstico
Uno de los controles más
utilizados es el PSA, una proteína que se mide con un análisis de sangre. Un
PSA elevado no significa automáticamente cáncer. Puede subir por varias causas,
como inflamación de la próstata, infecciones, crecimiento benigno, actividad
sexual reciente, ejercicio intenso o procedimientos médicos previos.
Por este motivo, las
recomendaciones más recientes destacan un punto simple pero muy importante: en
hombres sin síntomas con un PSA entre 3 y 10 ng/ml, antes de avanzar
directamente hacia estudios más complejos, conviene repetir el análisis.
Repetir el PSA ayuda a confirmar si el valor realmente se mantiene elevado o si
fue una variación pasajera.
Este paso puede evitar
resonancias innecesarias, reducir biopsias que quizás no hacían falta y
disminuir el sobrediagnóstico, es decir, la detección de situaciones que tal
vez nunca hubieran causado un problema real para la salud del paciente.
Cuando el PSA sigue elevado o
el riesgo del paciente lo justifica, la resonancia magnética de próstata ocupa
un lugar cada vez más importante. En hombres sin síntomas con PSA entre 3 y 20
ng/ml, la resonancia puede ayudar a decidir si corresponde hacer una biopsia.
La resonancia permite observar
la próstata con mayor detalle. Si muestra una zona sospechosa, puede orientar
una biopsia más precisa, dirigida hacia el área de mayor riesgo. Si no muestra
lesiones importantes y el riesgo general es bajo, en algunos casos puede
evitarse o postergarse la biopsia, siempre bajo seguimiento médico.
Esto no significa que todos
los hombres deban empezar sus controles con una resonancia. La estrategia más
equilibrada sigue siendo comenzar con el PSA y la evaluación clínica, y luego
indicar resonancia sólo cuando sea útil para aclarar el riesgo.
La biopsia de próstata es el
estudio que confirma el diagnóstico de cáncer, pero es un procedimiento
invasivo. Por eso, el objetivo actual es no indicar biopsias de forma
automática ante cualquier PSA elevado, sino seleccionar mejor a quién realmente
la necesita.
El camino más razonable es
evaluar la PSA, repetirla si corresponde, tener en cuenta la edad, los
antecedentes familiares y otros factores de riesgo, y utilizar la resonancia o
biomarcadores cuando puedan aportar información adicional. De esta manera, la
biopsia se reserva para los casos donde hay una sospecha más fundada.
¿Qué lugar ocupa hoy el tacto
rectal?
El tacto rectal fue durante
muchos años una parte central del control prostático. Hoy, en hombres sin
síntomas, no se recomienda como estudio rutinario para todos de entrada. Esto
no quiere decir que haya dejado de servir, sino que su uso debe ser más
selectivo.
El tacto rectal sigue siendo
importante cuando el paciente tiene síntomas, cuando el médico necesita evaluar
mejor la próstata, cuando existe sospecha de cáncer o cuando ya hay un
diagnóstico y se necesita definir con mayor precisión la situación clínica. En
otras palabras: no siempre es necesario como primer control preventivo, pero
continúa teniendo valor en situaciones específicas.
Además del PSA y la
resonancia, hoy existen herramientas que permiten estudiar mejor cada caso.
Entre ellas se encuentran los biomarcadores en sangre u orina, el PET PSMA, la
resonancia multiparamétrica y los estudios de genética tumoral. Estas
herramientas pueden ayudar a conocer la ubicación, la agresividad y la
extensión del tumor, y permiten planificar tratamientos más personalizados.
¿Por qué cuesta tanto hablar
de la próstata?
Así como las mujeres
incorporaron desde hace décadas el control ginecológico como parte de su
rutina, los hombres también deben aprender a cuidar su salud sin esperar a que
algo ande mal. A pesar de los avances, la próstata sigue siendo un tema tabú
para muchos hombres. La vergüenza, el miedo al diagnóstico o la idea de
consultar solo cuando aparece un síntoma hace que muchos controles se
posterguen. Sin embargo, cuidar la salud prostática debería ser tan normal como
cualquier otro control preventivo.
Hablar de cáncer de próstata
no debe generar alarma, sino conciencia. Un control no implica necesariamente
una biopsia, una resonancia o un tratamiento. Muchas veces, el primer paso es
simplemente una consulta y un análisis de sangre. A partir de ahí, el médico
define si hace falta repetir el estudio, controlar con el tiempo o avanzar con
nuevas evaluaciones.
El cáncer de próstata puede no
dar síntomas durante años. Por eso, la ausencia de molestias no garantiza que
todo esté bien. La consulta temprana permite detectar la enfermedad en etapas
curables y, al mismo tiempo, evitar estudios o tratamientos innecesarios cuando
el riesgo es bajo.
El mensaje central es claro: a
partir de los 50 años, o desde los 40 si hay antecedentes familiares, conviene
hablar con un urólogo. La PSA es una herramienta útil, pero debe interpretarse
con criterio. Si está elevada, muchas veces lo primero es repetirla. Si el
riesgo persiste, la resonancia y otras herramientas modernas pueden ayudar a
decidir mejor. Y la biopsia debe indicarse cuando realmente existe una sospecha
suficiente. Consultar a tiempo puede salvar vidas. En cáncer de próstata, la
diferencia muchas veces no está en tener síntomas, sino en no esperar a que
aparezcan. BP
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