El aumento de los suicidios en
la Argentina constituye una señal de alarma. En 2025 el Sistema Nacional de
Información Criminal registró 5.209 muertes por suicidio, un 22,6% más que en
2024, con una tasa de 11,8 cada 100.000 habitantes mayores de cinco años, la
más alta de la serie 2016-2025.
Desde la psiquiatría debemos
evitar explicaciones únicas. El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal,
en el que interactúan factores psicológicos, psiquiátricos, familiares,
sociales y culturales. Por eso, oponer un fenómeno colectivo a un problema
individual de salud mental constituye una falsa dicotomía.
Preocupa especialmente su
impacto en los jóvenes. Junto con los trastornos mentales, los consumos, las
crisis vitales o los conflictos familiares, debemos considerar condiciones
contemporáneas de vulnerabilidad. Observamos formas de sufrimiento atravesadas
por sentimientos de insuficiencia: la vivencia de no alcanzar, no rendir o no
poder realizar aquello que aparece socialmente como esperable. A esto se suman
la incertidumbre sobre el futuro, las dificultades de autonomía, la soledad y
una cultura de la inmediatez y el rendimiento. Las redes sociales amplifican
además la comparación con imágenes seleccionadas de éxito, belleza y felicidad.
Esto no causa por sí mismo el suicidio, pero puede aumentar la vulnerabilidad.
También debemos atender la
marcada mortalidad masculina: aunque los intentos notificados son más
frecuentes en mujeres, su letalidad es mucho mayor en los varones.
Argentina cuenta con una Ley
Nacional de Prevención del Suicidio. El desafío es traducirla en políticas
sostenidas: detección precoz, acceso oportuno a la atención, seguimiento
después de un intento y articulación entre salud, educación, familias y
comunidad.
Preguntar por ideas de muerte
no induce al suicidio. Escuchar, acompañar y facilitar una consulta puede
resultar decisivo. Pero frente a un incremento de esta magnitud, la prevención
no puede quedar limitada a la intervención ante la crisis. Requiere detectar y
tratar el sufrimiento psíquico, fortalecer los vínculos y generar condiciones
que permitan recuperar proyectos y expectativas de futuro.
En la obra teatral ‘Los
árboles mueren de pie’, su autor Alejandro Casona imaginó que, frente a una
decisión suicida, podía bastar una palabra para volver a abrir el futuro:
‘Mañana’. La prevención requiere tratamientos, políticas públicas y redes de
cuidado, pero también contribuir a que quien atraviesa una crisis pueda volver
a imaginar que existe un mañana. BP
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