Acera sencilla, palabras que parecen cotidianas. Pero
cuando hablas con Dios, nada es rutina.
Una conversación con Él no es monólogo ni trámite:
es encuentro. Él no te dicta fórmulas, te abre caminos. No te da frases vacías,
te regala paz. Y de pronto, el día ya no pesa igual, porque en tu corazón
alguien lo habita contigo.
La ciudad corre, exige, distrae… pero basta un
instante de diálogo con Dios para recordar lo esencial: que no estás solo, que
tu historia tiene sentido, que el amor es más fuerte que cualquier cansancio.
“Definitivamente, hablas con Dios y te cambia el día”. RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario