El 29 de septiembre es el ‘Día
Mundial del Corazón’, y, en ese marco, el Hospital de Clínicas de la
Universidad de Buenos Aires reveló que el 63,9% de las personas evaluadas tenía
hipertensión arterial, una afección que constituye la principal causa de
accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca. Solo el 49% de quienes la
padecían recibía tratamiento y apenas el 10% mantenía la presión dentro de los
valores recomendados.
Más del 80% de los eventos
cardiovasculares graves puede prevenirse mediante el control temprano de los
factores de riesgo y la incorporación de hábitos saludables. La detección es
especialmente relevante porque la hipertensión suele no presentar síntomas y
muchos diagnósticos se producen durante consultas médicas de rutina.
La presión arterial mide la
fuerza con la que la sangre circula por las arterias. De acuerdo con la
Federación Mundial del Corazón, aunque sus valores pueden variar durante el
día, lo ideal es que se mantengan por debajo de 120/80 milímetros de mercurio.
La hipertensión aparece cuando
esa presión permanece elevada de manera constante y puede dañar el corazón, el
cerebro y otros órganos. A nivel mundial, afecta a uno de cada cuatro adultos,
pero solo uno de cada cinco logra controlarla.
En Argentina, uno de cada tres
habitantes tiene presión alta y la condición es más frecuente entre los
varones, según la Sociedad Argentina de Cardiología. El 55,5% recibe
medicación, cerca del 38,8% desconoce su diagnóstico y solo el 24,2% de los
pacientes hipertensos consigue niveles adecuados.
Verónica Volberg, jefa de la
División de Cardiología del Hospital de Clínicas, explicó que “La hipertensión
arterial es la principal causa de ACV y de insuficiencia cardiaca. Como una
gran parte de los pacientes hipertensos son asintomáticos, la mayoría de los
diagnósticos se realizan durante controles médicos de rutina. Pero,
aproximadamente, sólo 1 de cada 5 pacientes recibe tratamiento y alcanza un
control adecuado”.
El relevamiento también
identificó alteraciones entre quienes no tenían hipertensión diagnosticada. Del
37% de participantes que no presentaba esa condición, un 10% registró valores
de presión arterial superiores a lo normal.
Colesterol, sedentarismo y
diferencias entre hombres y mujeres
El 43% de las personas
evaluadas tenía antecedentes de alteraciones del perfil lipídico, es decir,
concentraciones de colesterol y triglicéridos que pueden aumentar el riesgo
cardiovascular. Además, el 59,9% presentaba depósitos de colesterol en las
arterias, conocidos como placas de ateroma.
El integrante de la División
de Cardiología Dr. Joel Valledor, señaló que el 67,6% de quienes tenían placas
arteriales no recibía tratamiento. El Dr. Volberg sostuvo que “toda persona con
presencia de placas en los vasos debería estar bajo tratamiento con alguna
estatina, independientemente de su colesterol”.
Más de la mitad de los
encuestados llevaba una vida sedentaria. Los hombres registraron una
prevalencia de hipertensión del 75%, frente al 53% entre las mujeres, y también
mostraron menor adhesión al tratamiento después del diagnóstico.
La diferencia entre ambos
grupos también aparece en la edad de los eventos cardiovasculares. El primer
infarto ocurre, en promedio, unos 10 años antes en los hombres que en las
mujeres.
El ACV y el infarto agudo de
miocardio se encuentran entre las principales causas de muerte y enfermedad en
el mundo. El tratamiento de los factores de riesgo desde edades tempranas
permite reducir sus consecuencias y mejorar la calidad y la expectativa de
vida.
Controles tempranos y cambios
en los hábitos diarios
La prevención incluye controles
periódicos de la presión arterial, la diabetes y el colesterol, con tratamiento
médico cuando esté indicado. El Dr. Volberg recomendó actuar antes de que
aparezcan complicaciones: “Muchas enfermedades pueden evitarse o detectarse
tempranamente con controles simples y oportunos. Por eso, es fundamental un
control temprano de todos los factores de riesgo, llevar una dieta saludable
con bajo contenido de sal, de sodio, menos procesados y hacer más ejercicio”.
Una alimentación orientada al
cuidado cardiovascular incorpora frutas, verduras, semillas y frutos secos, y
reduce el consumo de carnes rojas y alimentos ultraprocesados. También se
aconseja no fumar ni exponerse al humo de tabaco.
Para quienes no realizan
actividad física de manera habitual, la recomendación es comenzar con caminatas
o bicicleta durante períodos breves y aumentar de forma progresiva la duración
y la intensidad. Mantener un descanso adecuado y consultar regularmente con
profesionales de la salud son parte de las medidas de prevención. BP
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