En la ciudad, muchos viajan en silencio. Algunos van con fe, otros solo con cansancio. Pero todos llevan en el alma una canción que dice: “No te rindas todavía”.
Hay noches en las que la esperanza parece perder el
último tren,
cuando los sueños se detienen en una estación sin
nombre.
Y sin embargo, Dios sigue subiendo a ese tren
contigo,
en cada intento, en cada paso, en cada caída que se
convierte en impulso.
“Don’t stop believin’, hold on to that feelin’…” (No dejes de creer, aferra esa sensación.)
Porque la fe también se siente: no se razona, se vive. Y cuando el alma ya no puede más, Cristo es esa chispa que te vuelve a encender.
“El que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mt 24,13) RM
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