lunes, 3 de julio de 2017

Evangelio del Martes 04 de Julio

Día Litúrgico: Martes XIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,23-27): En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

«Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza»

Comentario: Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Santa María de Poblet (Tarragona, España)

Hoy, Martes XIII del tiempo ordinario, la liturgia nos ofrece uno de los fragmentos más impresionantes de la vida pública del Señor. La escena presenta una gran vivacidad, contrastando radicalmente la actitud de los discípulos y la de Jesús. Podemos imaginarnos la agitación que reinó sobre la barca cuando «de pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas» (Mt 8,24), pero una agitación que no fue suficiente para despertar a Jesús, que dormía. ¡Tuvieron que ser los discípulos quienes en su desesperación despertaran al Maestro!: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25).
El evangelista se sirve de todo este dramatismo para revelarnos el auténtico ser de Jesús. La tormenta no había perdido su furia y los discípulos continuaban llenos de agitación cuando el Señor, simplemente y tranquilamente, «se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26). De la Palabra increpatoria de Jesús siguió la calma, calma que no iba destinada sólo a realizarse en el agua agitada del cielo y del mar: la Palabra de Jesús se dirigía sobre todo a calmar los corazones temerosos de sus discípulos. «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,26).
Los discípulos pasaron de la turbación y del miedo a la admiración propia de aquel que acaba de asistir a algo impensable hasta entonces. La sorpresa, la admiración, la maravilla de un cambio tan drástico en la situación que vivían despertó en ellos una pregunta central: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). ¿Quién es el que puede calmar las tormentas del cielo y de la tierra y, a la vez, las de los corazones de los hombres? Sólo quien «durmiendo como hombre en la barca, puede dar órdenes a los vientos y al mar como Dios» (Nicetas de Remesiana).
Cuando pensamos que la tierra se nos hunde, no olvidemos que nuestro Salvador es Dios mismo hecho hombre, el cual se nos acerca por la fe.

domingo, 2 de julio de 2017

Vivir es...


Tus sueños 02


No conocemos...


Estoy agradecido por... 04


3 de Julio - María Ana Mogas Fontcuberta

María Ana Mogas Fontcuberta, Beata
Virgen y Fundadora, 3 de Julio

Martirologio Romano: En Fuencarral, pueblo cercano a Madrid, en España, beata María Ana Mogas Fontcuberta, virgen, fundadora del Instituto Franciscano de Hermanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, para la educación de las niñas y el cuidado de pobres y enfermos († 1886).
Fecha de beatificación: 6 de octubre de 1996 por S.S. Juan Pablo II

María Ana comparte con otros integrantes de la vida santa haber nacido en una respetable familia, con medios económicos, y perteneciente a una clase social elevada, lo que significaba contar con un horizonte halagüeño para todo lo que hubiera podido desear. Hay quienes no saben encajar los privilegios de un ambiente selecto que ofrece tantas posibilidades para la vida. Pueden constituir una atadura, ¡cuántos se aferran a cualquier capricho! En cambio, para ella no lo fue en absoluto. Cuando Cristo tocó su corazón, poseía la madurez que le proporcionó la prematura pérdida de sus padres. El sufrimiento le acompañó desde los primeros años de vida.
Nació en Corró del Vall-Granollers, Barcelona, España, el 13 de enero de 1827. Sus padres eran creyentes. María Ana y sus tres hermanos tuvieron cercano ejemplo de cómo se materializa el amor a Dios en los gestos de piedad que de ellos aprendieron. Cuando tenía 7 años falleció su padre, y hallándose en los 14 murió su madre. Su tía y madrina, que no tenía hijos, se la llevó consigo a Barcelona. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para que el escenario de su vida no sufriera excesiva alteración. La cuidó y la mimó como una madre, ocupándose de que recibiera una buena educación, abriéndole las puertas del privilegiado entorno social del que formaba parte. Al mismo tiempo, la beata, que se había integrado plenamente en las actividades parroquiales en Santa María del Mar, poco a poco entrañaba dentro de sí a Cristo, orientada por su director espiritual, el padre Gorgas.
Pródiga en la piedad con quien lo necesitase, fue descubriendo que era llamada a una sólida donación que debía rebasar la caridad social. Cristo la quería para sí. Y a sus 21 años conoció a dos capuchinas que por razones políticas se hallaban fuera del convento. Orientaban su quehacer enseñando a los niños dirigidas por otro capuchino que se encontraba en la misma situación, el padre José Tous. En el aire flotaba el proyecto, aún sin perfilar, de poner en marcha una obra de carácter docente, y ella pareció a todos la indicada para formar parte de la misma. Monseñor Casadevall, prelado de Vic, acogió la idea, y puso en sus manos la escuela de Ripoll, Gerona. María Ana tuvo que sortear distintos escollos hasta que el padre Tous la animó diciéndole: «Vete, María Ana, te llaman para fundar». No la dejó sola. Fue con ella a Ripoll, donde la aguardaban las dos religiosas, en junio de 1850. Y se incorporó llena de fe y confianza a la tarea ya iniciada.
Esos primeros momentos estuvieron marcados por la indiferencia y la palpable disconformidad de las autoridades locales. Se desentendieron de ellas vulnerando la responsabilidad contraída, y ello hizo que todas pasaran por ciertas penalidades; no tenían medios ni para costearse el alimento y tuvieron que recurrir a la limosna. María Ana echaba mano de su fe, suplicando: «Afianzad, Señor, y asegurad los pasos que he comenzado a dar en el camino de vuestro servicio de tal forma que ninguna cosa de este mundo sea capaz de dar mis pies atrás». El padre Tous y el párroco de Ripoll vieron conveniente que una de ellas se pusiera al frente del quehacer interno y externo. Era el paso para ir consolidando formalmente lo que vivían, dotándolo de un espíritu fraterno. María Ana fue elegida para encabezar la comunidad, aunque tuvo noticia de ello al momento de profesar; tanta madurez, capacidad y virtud habían visto en la beata como para poner sobre sus hombros esa carga siendo todavía una novicia. La Virgen alumbraba la naciente fundación de claro matiz franciscano.
En 1853 María Ana obtuvo el título de magisterio exigido para dirigir la escuela, y durante un tiempo se mantuvo al frente de la misma, cosechando grandes frutos apostólicos. Hasta que la misteriosa Providencia la condujo a la localidad madrileña de Ciempozuelos, de acuerdo con el padre Tous, para hacerse cargo de una labor impulsada por el obispo dimisionario, monseñor Serra y una persona integrante de la nobleza. Se trataba de ayudar a mujeres que habían caído en las redes de la prostitución. Llegó junto a cinco religiosas en 1865. Pero ella sentía que estaba desviándose del camino, que ese no era el carisma con el que había nacido la fundación; además, el resto de las religiosas habían quedado lejos. La dificultad de dilucidar qué decisión debía tomar, cuál podría ser la voluntad divina…, sentimientos, entre otros, que exponía al padre Tous, le causaban gran aflicción.
Ante la opción de asumir la dirección de una nueva escuela, eligió esta vía, lo comunicó al director espiritual y salieron de Ciempozuelos; fue asesorada por san Antonio María Claret. Pero ya se habían escindido las religiosas que quedaron en Ripoll respecto a las de Madrid, lo cual añadió mayores dosis de sufrimiento a la fundadora. Ella, que solía pedir con insistencia: «Dadme, Dios mío, un corazón puro, acompañado de recta intención», luchó indeciblemente para evitar la ruptura, pero no pudo lograrlo. Del tronco común quedaron dos ramas: en Barcelona, las Franciscanas Capuchinas de la Divina Pastora, y en Madrid, las Franciscanas de la Divina Pastora, sin compartir las constituciones fechadas en 1872 con la aprobación de los respectivos ordinarios del lugar.
Este hecho supuso para María Ana un antes y un después en su vida; incluso quedó afectada su salud. En 1878 sufrió un ataque de apoplejía. Y siguió encarnando su lema: «Amor y sacrificio», perdonando, tratando con exquisita caridad a todos, unida al Sagrado Corazón de Jesús y a María, hecha oblación, en religioso silencio. En 1884 humildemente escribía: «Les pido por amor de nuestro Señor Jesucristo que me digan en qué las he ofendido: yo estoy pronta a ponerme en camino para postrarme a los pies de todas…». El excelso legado que dejó a sus hijas fue: «Amaos como yo os he amado, y sufríos como yo os he sufrido. Caridad, caridad verdadera. Amor y sacrificio». Falleció en Madrid el 3 de julio de 1886. Juan Pablo II la beatificó el 6 de octubre de 1996.

Fenilcetonuria: comer con más restricciones que la celiaquía


La fenilcetonuria, también conocida como ‘PKU’, es una enfermedad en la que el organismo no puede metabolizar la fenilalanina, un componente (aminoácido) de las proteínas. Entonces, quienes la padecen tienen que evitar a toda costa comer carnes, lácteos y derivados, huevos, legumbres y sus derivados, y alimentos pre-elaborados de los que no se conozca su exacta composición. 
Si ingieren más proteínas que las estrictamente necesarias, acumularán fenilalanina en sangre, lo que les generaría un efecto tóxico fundamentalmente en el sistema nervioso central. 
“Si no se la diagnostica y trata tempranamente, la PKU produce daño irreversible con consecuencias como retardo mental, trastornos de comportamiento y otros síntomas neurológicos, refirió la Dra. Luisa Bay, médica pediatra, Consultora en Errores Congénitos del Metabolismo del Hospital de Pediatría ‘Prof. Dr. Juan P. Garrahan’. Afortunadamente, si es detectada a tiempo y se inicia el tratamiento, no genera ninguna consecuencia a largo plazo. 
Los síntomas iniciales de una fenilcetonuria no tratada, agregó, pueden ser “cuadros de irritabilidad, vómitos, cabellos claros e hiperquinesia. No debe esperarse a la presencia de síntomas para diagnosticar la enfermedad, por eso está incluida a nivel mundial en los programas de pesquisa de enfermedades en el recién nacido”. 
Mientras las personas con diabetes tienen que estar atentas a no saltearse comidas y a moderar la ingesta de todo lo que les eleve súbitamente la glucosa en sangre, y los que padecen celiaquía deben evitar los alimentos derivados del trigo, avena, cebada y centeno, los pacientes con PKU tienen que llevar una dieta aún más restrictiva. 
Alejandro Spataro, miembro de FENI y padre de una nena con fenilcetonuria, aclaró que es mucho más complejo que eso: “se alimentan a base de frutas y verduras, debiendo pesar cada alimento para calcular cuánta fenilalanina están incorporando y no pasarse del límite diario. Pueden comer pastas, arroz y galletitas, pero sólo unas variantes especiales, muy bajas en proteínas, que en general son importadas, aunque suelen ser cubiertas por las obras sociales y prepagas”. 
La Dra. Bay puntualizó que la fenilalanina es un aminoácido esencial para el ser humano, “por ello no se puede privar completamente de él a los pacientes. Deben recibir justo la cantidad requerida para cada edad y cada paciente”. Cuando se controla estrictamente la ingesta de este aminoácido, queda muy reducido el aporte global de proteínas, siendo insuficiente para un crecimiento y desarrollo normales. Por lo tanto, debe complementarse el aporte de proteínas con una fórmula que no contiene fenilalanina, pero sí aporta el resto de los aminoácidos, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y micronutrientes para suplementar todo lo que no incorporan por la dieta que se indica. 
Mediante el estudio de las gotitas de sangre en el talón que se les realiza a los recién nacidos, denominado ‘pesquisa neonatal’, se puede diagnosticar la PKU. Este test es obligatorio en todo el país y permite detectar a tiempo 6 enfermedades congénitas graves que necesitan ser diagnosticadas rápido para que un tratamiento adecuado y precoz evite severas consecuencias. 
Cerca de 70 personas nacen por año en Argentina con ese ‘error del metabolismo’. La gran mayoría de los padres de niños con PKU no conoce detalles sobre la pesquisa neonatal hasta que recibe el diagnóstico, y prácticamente todos ignoran de la existencia de la fenilcetonuria, lo que les genera inevitablemente mucha incertidumbre. 
Muchos padres destacan la importancia de poder compartir las experiencias con otros que han pasado por la misma situación, lo que brinda información, contención y tranquilidad. FENI, la Asociación Fenilcetonuria Argentina, reúne a familias con esta condición y ofrece orientación y acompañamiento a quienes recién comienzan este camino. 
El siguiente paso, y el más importante, es encontrar un pediatra especialista en estos temas para poder brindarle el mejor cuidado posible al niño para que crezca sano y sin problemas. Cuando el paciente con fenilcetonuria es pequeño, es fundamental que los padres logren involucrar a todo el entorno social. Es central la comunicación con la familia ampliada, con la escuela, con los padres de los compañeritos. Son más ojos que prestan atención a que el niño no quiebre su dieta durante contextos más complejos como reuniones sociales, cumpleaños y otros festejos. 
De todos modos, la Dra. Bay refirió que “los niños se adaptan con facilidad a las restricciones. Además, como no se habitúan a ingerir lo que no pueden, luego fácilmente rechazan lo que no aprendieron a comer”. 

¿Cómo garantizar que se cumpla la pesquisa neonatal?
Este estudio es obligatorio y es importante que los padres retiren los resultados, porque, si no lo hacen, se deja abierta la posibilidad de que haya niños que nazcan con estas enfermedades y no se las detecten a tiempo, con todo el severo daño irreversible que pueden ocasionarles. 
Recomendaciones generales para mejorar el control sobre la realización y el resultado de la pesquisa neonatal:
  • El obstetra, el instructor del curso de preparto, el neonatólogo y todo agente de salud involucrado en la salud de la madre y del recién nacido deben anticipar a los padres la importancia de garantizar la adecuada realización de la pesquisa neonatal.
  • Debe difundirse que es un derecho de todos los niños que se les realice la pesquisa de las enfermedades obligatorias.
  • Los padres deben solicitar la realización del test a las 48 hs del nacimiento, antes de recibir el alta médica. Si el alta se realizara antes de las 48 hs de vida del bebe, el análisis debe repetirse indefectiblemente en el primer control pediátrico, ya que las muestras de las primeras 24 hs, cuando aún la ingesta de leche es baja, pueden dar resultados normales falsos. Si el recién nacido es prematuro, debe repetirse la pesquisa a las 2 semanas de nacido.
  • Generalmente, si el resultado es positivo, los padres son notificados y citados para confirmar los resultados, explicarles de qué se trata e iniciar tratamiento. Si el resultado es negativo, esto no sucede, pero los padres pueden solicitar el resultado a la semana de tomada la muestra.
  • Los padres deben asegurarse de que el hospital o centro de salud cuente con sus datos de contacto luego del alta, en caso de que fuera necesario repetir el estudio.
  • El pediatra que hará seguimiento del bebé debería solicitar como rutina, en la primera visita, los resultados de la pesquisa para asegurarse de que ésta se efectuó y de que el resultado es negativo.
  • Si se confirma el diagnóstico de algún error congénito del metabolismo, como la fenilcetonuria, los profesionales de la salud deben derivar el paciente inmediatamente al profesional idóneo en la enfermedad, quien indicará el tratamiento adecuado y hará un seguimiento de la evolución del paciente.

Saber dar… El que dé a beber...


A veces, no es tan fácil responder a las preguntas más sencillas. Hemos oído decir, con frecuencia, que amar es dar. Pero, ¿qué es dar? Muchos suponen que dar es sólo privarse de algo, renunciar a algo, «sacrificarse» desprendiéndose de algo. Estamos tan condicionados por nuestra sociedad industrial, y tan inclinados a poseer, acumular y ganar, que «dar» nos parece algo improductivo. Un empobrecimiento doloroso que no estamos dispuestos a aceptar. En nuestra sociedad, el hombre que da sin recibir, es un hombre poco práctico, sin sentido realista, incapaz de realizar una operación productiva.
Sin embargo, dar es algo totalmente distinto. El gesto de dar es la expresión más rica de vitalidad, de fuerza, riqueza y poder creador. Cuando damos algo de verdad, nos experimentamos a nosotros mismos llenos de vida, desbordantes, con capacidad de enriquecer a otros, aunque sea en un grado muy modesto. «Sólo el amor hace que la vida merezca ser vivida. Sólo la ayuda a los demás procura la gran alegría de vivir» (K Tillmann).
Dar significa estar vivo y ser rico. El que tiene mucho y no sabe dar, no es rico. Es un hombre pequeño, impotente, empobrecido, por mucho que posea. En realidad, sólo es rico quien es capaz de regalar algo de sí mismo a los demás y enriquecer a otros.
Necesitamos todos escuchar con más atención y hondura las palabras de Jesús. No quedará sin recompensa ni siquiera el vaso de agua fresca que sepamos dar a un pobre sediento. Hemos de aprender a dar; regalar lo que está vivo en nosotros y puede hacer bien a los demás; dar nuestra alegría, nuestra comprensión, aliento, esperanza, acogida y cercanía.
Muchas veces, no se trata de cosas grandes ni espectaculares. Sencillamente, «un vaso de agua fresca». Una sonrisa acogedora, un escuchar sin prisas, una ayuda a levantar el ánimo decaído, un gesto de solidaridad, una visita, un signo de apoyo y amistad. No lo olvidemos. En el fondo de la vida hay alguien que bendice, acoge y recompensa todo gesto de amor por pequeño que nos pueda parecer. Se llama Dios nuestro Padre. JAP

¿Es realmente posible esperar?


Bastantes personas entienden al principio el sexo como un modo de diversión más. Pero cuando piensan en encontrar a alguien con quien compartir su vida, cuando piensan ya en algo serio, es fácil que entonces comprendan que el valor de esa persona que están buscando tiene bastante relación con su capacidad de esperar, de guardarse para él.

—Sí, pero esa persona de la que hablas parece que no ha logrado esperar y guardarse para el otro...

Si no lo ha logrado hasta hoy, le recomendaría que al menos lo intente seriamente a partir de ahora. Si aún puedes -le diría- ofrecer tu cuerpo de primera mano a quien vaya a ser tu marido o tu mujer, tienes un tesoro muy valioso, consérvalo. Si no puedes decir ya eso, que al menos puedas decir un día que has logrado esperar por él, o por ella, los meses o años que aún te quedan.

Otros tienen miedo de perder a su novio o su novia si no acceden a tener relaciones sexuales. Si el otro les dice que “todos lo hacen”, o “si me quieres, demuéstramelo”, no encuentran argumentos para negarse.

Pienso que debe plantearse al revés. Si hay amor, con la espera pasará la prueba de su rectitud. Si te quiere de verdad, no lo perderás, sino que adquirirá una estima mayor por ti. Verá que no te entregas a cualquiera, sino que te guardas para quien vaya a ser el padre o la madre de tus hijos.
La Iglesia católica no aprueba las relaciones prematrimoniales precisamente porque tiene una enorme estima por el amor conyugal. Quiere ayudar a proteger y custodiar algo de lo que depende tanto para la propia pareja y para toda la sociedad. AA

Trata de estar vivo...