domingo, 29 de junio de 2025

Suave Melodía - El éxito musical que no puedes perderte...

Myriam Hernández - Mío (Audio)...

Estamos rodeados de cosas que nos envejecen, pero podemos reducir su efecto…

Seguramente hayas oído hablar del formaldehído. Es una sustancia química presente en multitud de objetos que nos rodean y que pueden modificar nuestros genes, provocando que envejezcamos con más rapidez o que tengamos más tendencia a sufrir ciertas dolencias.
Esa sustancia, en concreto, está en productos de madera prensada y contrachapada, en cosméticos, en pegamentos y adhesivos, y en recubrimientos de productos de papel (como los vasos de café o las bandejas de comida para llevar). Y también puede generarlo nuestro cuerpo al consumir productos alimenticios a los que se les ha añadido el edulcorante aspartamo.
Y es muy bueno saberlo porque, de ese modo, podemos ir evitando algunos de esos objetos o alimentos. Es verdad que la exposición cero no existe, pero también que reducirla puede aportar un granito de arena para que tengamos una vida más longeva y suframos menos dolencias.
Otros tóxicos que envejecen
Otros tóxicos de los que debemos alejarnos son el tabaco y el alcohol. Y si no podemos eliminarlos del todo, al menos sí reducirlos a la mínima expresión.
Todavía no están claros los detalles de cómo actúan sobre nuestros genes, pero seguramente sea con su metilación: poniendo marcas en genes que tienen una función protectora y convirtiéndolos en mudos.
Y no solo envejecen por dentro: un estudio publicado en The Journal of Clinical and Aesthetic Dermatology demostró que ambas cosas envejecen el rostro.
• El tabaco provoca más arrugas en la frente, en el entrecejo, en los ojos (patas de gallo) y en la boca, y unos labios menos gruesos.
• El exceso de alcohol causa hinchazón bajo los ojos y en las comisuras de la boca, así como pérdida de volumen en la parte media de la cara.
Tu edad no es la que consta en tu DNI
Los genes y el ADN no son inamovibles. Cómo se expresen y lo que ocurra en el organismo por ‘las órdenes’ que envíen puede cambiar, para bien o para mal.
Lo explicaré de una forma sencilla: la información contenida en el ADN equivale a las letras de un libro; las modificaciones epigenéticas, en cambio, son los subtítulos, las letras mayúsculas y minúsculas, la puntuación y los acentos que añadimos. Son marcas que modifican los genes. Y nuestros hábitos pueden ser los que vayan generando esas marcas.
A través de ellas la Ciencia puede ya determinar la edad biológica (los años que tienen tus órganos y tejidos) y ver las diferencias con la edad cronológica (según el año en que naciste). Por ejemplo, una persona cuyo DNI nos dice que tiene 40 años puede ser que en realidad tenga células que hayan envejecido prematuramente y correspondan a una persona de 60 años. Es posible que un mal estilo de vida ‘haya marcado’ sus genes y haya provocado que su cuerpo envejezca más deprisa. No ocurre solo con las personas que fuman, sino también con quienes tienen infecciones crónicas. Ambas circunstancias van deteriorando los genes de la juventud y propiciando arrugas internas que envejecen por dentro y por fuera.
Lo que puedes hacer para cuidar tus genes
Pero podemos evitar esas marcas. Casi nada está predeterminado de forma fija en nuestro genoma y lo que hacemos importa para ir contrarrestando esos factores que envejecen o alteran nuestros genes. ¡Hay margen para la esperanza!
Lo vemos a diario con personas que reflejan el proceso contrario al que acabo de citar: nacieron hace 70 años pero tienen perfiles epigenéticos de 10 o 15 años menos. Por lo general, son individuos que se han cuidado al no consumir sustancias tóxicas, que no han seguido una alimentación excesiva y que han evitado permanecer muchas horas sentados.
De momento, no existe el medicamento capaz de frenar el envejecimiento. La única forma de hacerlo es seguir hábitos de vida saludables: evitar el sedentarismo, el alcohol, el tabaco, los alimentos poco saludables y las infecciones víricas, entre otros.
La alimentación que merecen tus células
¿Qué comer para vivir más? La decisión de qué incluimos en nuestros platos es, evidentemente, un factor que determina en gran medida un envejecimiento saludable, y da más vida a los años y no más años a la vida. Las bebidas muy azucaradas, la comida ultraprocesada y las dietas ricas en grasa acortan la vida y se asocian a enfermedades que molestan bastante en las últimas décadas de nuestra existencia, como la diabetes 2 o la enfermedad cardiovascular.
Cuando salen noticias de personas centenarias (más de 100 años) y supercentenarias (más de 110 años) nos preguntamos cuál es su secreto. Muchas de esas personas tan longevas se encuentran en Japón y uno de los aspectos que se repite con frecuencia es que hacen un mayor consumo de pescado, especialmente el azul. Dar prioridad a ese alimento no parece, por lo tanto, nada descabellado.
Comer un poco menos para vivir un poco más debería ser nuestra máxima. La restricción calórica es un aspecto importante y que está de rabiosa actualidad, aunque arrastra cierta polémica.
La idea sería quedarnos con un poquito de hambre en cada comida. Eso nos conferiría un tiempo extra de vida al reducirse el gasto energético de nuestras células. Funciona en varios modelos de animales de laboratorio, pero en los humanos no está tan claro. Aun así, podría explicar por qué personas que sufrieron grandes hambrunas –por ejemplo, durante las guerras– luego alcanzan edades muy avanzadas. Estos grandes longevos serían los supervivientes seleccionados por la falta de alimento, aquellos que pudieron adaptarse a sobrevivir con un mínima ingesta calórica. Debemos ser muy prudentes en este punto porque de consumir muy pocas calorías a la desnutrición solo hay un paso y es pequeño.
Muévete a diario
El ejercicio moderado nos proporciona una vejez más saludable y activa, y es uno de los mejores aliados para evitar enfermedades típicas de la vejez como el cáncer, la enfermedad cardiovascular y las neurodemencias como el Alzhéimer.
Además, cuando no es excesivo se asocia a mantener nuestros relojes internos un poco retrasados; y eso proporciona una ventaja de supervivencia. Pero el ejercicio no debe ser extremo: los deportistas profesionales envejecen más pronto.
Habla, socializa, lee y sé resiliente
No podemos olvidar otro aspecto (en el que las mujeres llevan la delantera): mantener una vida familiar y social activa. Y también una vida laboral e intelectual dinámica. Hablar con otras personas, pasar tiempo de calidad con ellas (en especial si tienen un carácter positivo) sienta muy bien a nuestros genes, los rejuvenecen.
Finalmente quiero mencionar la resiliencia. Ser resiliente implica disponer de una ventaja enorme a la hora de tener un cuerpo y una mente más jóvenes.
La resiliciencia no es otra cosa que la capacidad de adaptarse, de aceptar los obstáculos que nos pone la vida y, al mismo tiempo, ver qué podemos hacer para salir fortalecidos de esa experiencia. Se cree que la gente que sobrevive a catástrofes desarrolla una ventaja adaptativa. Algo cambia en su interior que les hace vivir más. ME

Sólo Jesús edifica la Iglesia…

El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.
Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.
Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente ‘la piedra’ sobre la cual se asienta ‘la casa’ que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.
El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es ‘hacer las veces de Cristo’, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su servicio de sucesor de Pedro decía así: “La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.
Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades... Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.
En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues, siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades. JAP

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sábado, 28 de junio de 2025

Día litúrgico: 29 de junio: Solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles

Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy la Iglesia celebra a la vez esos dos grandes apóstoles y maestros en la fe. Pedro fue la ‘roca’ puesta como fundamento de la Iglesia; Pablo, la voz dada al Evangelio en su carrera entre los gentiles (los no judíos). Recibieron de Dios un trato ‘peculiar’. A Simón, Jesucristo le cambió el nombre, dándole la misión de confirmar en la fe a sus hermanos. Saulo de Tarso fue elegido mientras perseguía a los cristianos: se le apareció Jesús resucitado (unos 5 años después de la Ascensión).
—Señor, concédeme fortaleza para continuar la construcción de la Iglesia edificada sobre Pedro y Pablo.

Yo no ayudo a mi esposa...