miércoles, 29 de julio de 2015

Aceptar un “NO” como respuesta

Aceptar un “NO” como respuesta (30-07-15)

Es una palabra con dos letras, pero que tiene la capacidad de traer el mundo al piso de quien lo escuche, en algunas ocasiones ese tipo de respuesta es injusta pero cuando le sabemos dar el enfoque correcto todo se puede tornar para bien.
Nuestra fe nos anima a creer que pase lo que pase, hay un creador que tiene el control de todas las cosas y que confiar en Él es lo mejor que podemos hacer, pero ¿Qué pasa cuando la respuesta a algo que queremos es distinta a la que esperábamos? ¿Cómo podemos seguir confiando en un Dios que, a nuestro parecer, permanece indiferente a nuestros deseos?
“Sólo yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza”. Jeremías 29:11
Nada de lo que Dios nos niegue será para provocarnos un mal, la diferencia entre lo que nosotros podemos ver ahora y lo que Él ya vio desde la eternidad es abismal y quizá no siempre recordamos eso.
Aceptar es desigual que resignarse, cuando aceptamos algo estamos reconociendo que, en este caso, la soberanía de Dios está sobre todas las cosas y él sabe lo que es mejor para nosotros. Resignarse es anclarse en lo que “hubiera podido ser si…” y eso echa raíces en nuestro corazón desenfocándonos del propósito.
A veces ese “NO” llega cuando las expectativas por obtener – ese algo – eran tan altas que queremos tener el control de todo lo que pase en torno a eso, allí es donde nos toca entender que el único que tiene el mando es quien sabe el principio y final de nuestros días.
Cuando el “NO” toca, en más de una ocasión creemos que es algo en contra nuestra y aunque todas las situaciones a nuestro alrededor hablen a gritos las razones es más fácil tomar el papel de víctima que asumir la situación en paz, sabiendo que aunque no se entienda en ese momento, todo se torna para nuestro bien.
La respuesta “NO” hiere porque, a veces, queremos las cosas para ayer y los tiempos de Dios, mal que nos pese, son distintos a los nuestros. Tener lo que se quiere siempre es insensato (buena pregunta a nuestros padres) porque no siempre se está listo para recibir lo que se desea. Esperar es una gran herramienta para madurar.
Los “NO” son necesarios para potenciar lo mejor de nosotros, cuando algo se torna difícil de lograr tenemos que buscar caminos alternativos para seguir creciendo. Uno no aprende tanto de los errores ajenos como de los propios.
Por mucho que cueste, a veces, un NO es lo mejor que nos puede pasar. PB

Evangelio del Jueves 30 de Julio

Día Litúrgico: Jueves XVII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,47-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.

«Recogen en cestos los buenos y tiran los malos»

Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)

Hoy, el Evangelio constituye una llamada vital a la conversión. Jesús no nos ahorra la dureza de la realidad: «Saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego» (Mt 13,49-50). ¡La advertencia es clara! No podemos quedarnos dormidos.
Ahora debemos optar libremente: o buscamos a Dios y el bien con todas nuestras fuerzas, o colocamos nuestra vida en el precipicio de la muerte. O estamos con Cristo o estamos contra Él. Convertirse significa, en este caso, optar totalmente por pertenecer a los justos y llevar una vida digna de hijos. Sin embargo, tenemos en nuestro interior la experiencia del pecado: vemos el bien que deberíamos hacer y en cambio obramos el mal; ¿cómo intentamos dar una verdadera unidad a nuestras vidas? Nosotros solos no podemos hacer mucho. Sólo si nos ponemos en manos de Dios podremos lograr hacer el bien y pertenecer a los justos.
«Por el hecho de no estar seguros del tiempo en que vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada jornada como si nos tuviera que juzgar al día siguiente» (San Jerónimo). Esta frase es una invitación a vivir con intensidad y responsabilidad nuestro ser cristiano. No se trata de tener miedo, sino de vivir en la esperanza este tiempo que es de gracia, alabanza y gloria.
Cristo nos enseña el camino de nuestra propia glorificación. Cristo es el camino del hombre, por tanto, nuestra salvación, nuestra felicidad y todo lo que podamos imaginar pasa por Él. Y si todo lo tenemos en Cristo, no podemos dejar de amar a la Iglesia que nos lo muestra y es su cuerpo místico. Contra las visiones puramente humanas de esta realidad es necesario que recuperemos la visión divino-espiritual: ¡nada mejor que Cristo y que el cumplimiento de su voluntad!

29 de Julio - José Calasanz Marqués

José Calasanz Marqués, Beato
Sacerdote y Mártir, 29 de Julio

Martirologio Romano: En Valencia, en España, beato José de Calasanz Marqués, presbítero de la Sociedad Salesiana y mártir, que derramó su sangre por Cristo en la persecución.

El Padre José Calasanz (1872-1936) nació en Azanuy. En 1886 vio a Don Bosco en Sarriá, quien ya se encontraba en esa época cansado y sufriendo. 
Se convirtió en Salesiano en 1890 y en sacerdotes cinco años más tarde. Fue secretario de Don Rinaldi y después superior provincial en Perú y Bolivia. Después regresó a España para convertirse en Provincial de Tarraconense (Barcelona-Valencia). 
Era un hombre de gran corazón y muy trabajador, desde el inicio interesado en la salvación de sus cofrades. 
Fue capturado junto con otros Salesianos mientras llevaba a cabo un Retiro en Valencia. Fue asesinado mientras lo llevaban, con un solo disparo en la cabeza.
Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001 junto a otros 232 mártires españoles en Valencia.

martes, 28 de julio de 2015

Isaías 50

Isaías 50: Capítulo 50

1 Así habla el Señor: ¿Dónde está el acta de divorcio con la que despedí a la madre de ustedes? O bien, ¿a cuál de mis acreedores yo los he vendido? No, ustedes fueron vendidos por sus culpas, por los crímenes de ustedes fue despedida su madre.
2 ¿Por qué no había nadie cuando vine ni respondió nadie cuando llamé? ¿Será demasiado corta mi mano para rescatar? ¿No tengo fuerza para librar? Yo, con una amenaza, seco el mar y hago de los ríos un desierto; sus peces se pudren por falta de agua y se mueren de sed.
3 Yo visto los cielos de negro y los cubro con ropa de luto.
4 El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
5 El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
6 Ofrecí mi espalda a los que golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
7 Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
8 Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
9 Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Todos ellos se gastarán como un vestido, se los comerá la polilla.
10 ¿Quién entre ustedes teme al Señor y escucha la voz de su Servidor? Aunque camine en las tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios.
11 Pero ustedes, los que atizan el fuego y arman flechas incendiarias, caminen al resplandor de sus hogueras y entre las flechas que encendieron. Esto les sucederá por obra mía y ustedes yacerán en medio de tormentos.

La hora exacta

La hora exacta (29-07-15)

Una historia cuenta que en un pequeño pueblo, un hombre, al ir todos los días a trabajar en la fábrica, siempre se detenía delante del escaparate de una tienda, permanecía allí unos segundos y después seguía su camino. Esto hizo varios años, dos veces al día.
El dueño del establecimiento estaba intrigado por saber por qué motivo aquel vecino miraba el escaparate pero nunca entraba en la tienda. Un día decidió preguntarle qué era lo que le hacía detenerse y mirar. Esperó a que pasara, y cuando llegó le dijo:
– Vecino, llevo muchos meses observando que usted se pone frente a mi escaparate, mira y luego se va. ¿Qué es lo que mira?
– Yo trabajo en la fábrica del pueblo – respondió el hombre- y una de mis responsabilidades es tocar la sirena a la hora de la entrada al trabajo. Al ir cada día a la fábrica, paso por aquí para comprobar si el reloj que usted tiene en la pared lleva la hora exacta. Si hay alguna variación con el mío pongo mi reloj con el suyo y así toco la sirena en el momento exacto.
El comerciante lo había estado escuchando, primero con curiosidad y después con asombro, cuando el hombre terminó su explicación le dijo:
– Pues mire lo que son las cosas de la vida, yo pongo la hora de mi reloj cuando escucho el toque de la sirena de la fábrica. Cada vez que suena la sirena, yo miro mi reloj y si hay variación la corrijo poniéndolo a la hora con el toque de la sirena.
En muchas oportunidades hemos hecho ajustes para que nuestras vidas estén “a la misma hora” que la de los demás, sin darnos cuenta que el mundo se guía por modas, por cosas pasajeras que no aportan nada de efectivo a nuestra vida.
Las tendencias de la moda, de la tecnología, de la sociedad, las nuevas leyes, ideologías, etc. no deben marcar nuestra vida, nosotros no podemos ajustarnos a todo lo que salga o a lo que haga y diga la gente. Todos tenemos la responsabilidad de alinear nuestras vidas a los principios divinos que son inmutables y que nos fueron dados para nuestro bienestar.
“Las enseñanzas del Señor son perfectas, reavivan el alma. Los decretos del Señor son confiables, hacen sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos; traen alegría al corazón. Los mandatos del Señor son claros; dan buena percepción para vivir”. Salmos 19:7-8
El ser humano tiende a cambiar de parecer fácilmente, las tendencias e ideologías duran unos años, décadas, pero no permanecen, ya sea porque salen nuevos descubrimientos, porque surgen nuevos pensadores, porque las consecuencias no eran las esperadas o por cualquier otro motivo.
“Dejen de engañarse a sí mismos. Si piensan que son sabios de acuerdo con los criterios de este mundo, necesitan volverse necios para ser verdaderamente sabios”. 1 Corintios 3:18
Muchas veces por temor al qué dirán, por querer pertenecer al grupo, por estar a la moda o porque no queremos que se nos tache de anticuados o lo que sea, hacemos cosas que van inclusive contra nuestros principios pero, ¿Alguna vez te has puesto a pensar que tu vida podría ser ese reloj en el cual la gente se fija para estar en la hora correcta?
La única forma en la que podremos estar en la hora correcta será comparando nuestra vida, pensamientos y acciones con la Palabra de Dios. Sé aquella persona en la que la gente se detenga a ver para poner su vida en la hora correcta, no dejes que las tendencias te guíen, haz que tu vida guíe a los demás. AMFI

Evangelio del Miércoles 29 de Julio

Día Litúrgico: Miércoles XVII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

«Te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola»

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, también nosotros —atareados como vamos a veces por muchas cosas— hemos de escuchar cómo el Señor nos recuerda que «hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola» (Lc 10,42): el amor, la santidad. Es el punto de mira, el horizonte que no hemos de perder nunca de vista en medio de nuestras ocupaciones cotidianas.
Porque “ocupados” lo estaremos si obedecemos a la indicación del Creador: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla» (Gn 1,28). ¡La tierra!, ¡el mundo!: he aquí nuestro lugar de encuentro con el Señor. «No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Jn 17,15). Sí, el mundo es “altar” para nosotros y para nuestra entrega a Dios y a los otros.
Somos del mundo, pero no hemos de ser mundanos. Bien al contrario, estamos llamados a ser —en bella expresión de Juan Pablo II— “sacerdotes de la creación”, “sacerdotes” de nuestro mundo, de un mundo que amamos apasionadamente.
He aquí la cuestión: el mundo y la santidad; el tráfico diario y la única cosa necesaria. No son dos realidades opuestas: hemos de procurar la confluencia de ambas. Y esta confluencia se ha de producir —en primer lugar y sobre todo— en nuestro corazón, que es donde se pueden unir cielo y tierra. Porque en el corazón humano es donde puede nacer el diálogo entre el Creador y la criatura.
Es necesaria, por tanto, la oración. «El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del “hacer por hacer”. Tenemos que resistir a esta tentación, buscando “ser” antes que “hacer”. Recordemos a este respecto el reproche de Jesús a Marta: ‘Tú te afanas y te preocupas por muchas cosas y sin embargo sólo una es necesaria’ (Lc 10,41-42)» (Juan Pablo II). 
No hay oposición entre el ser y el hacer, pero sí que hay un orden de prioridad, de precedencia: «María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10,42).

28 de Julio - Germán Martín Martín

Germán Martín Martín, Beato
Sacerdote y Mártir, 28 de Julio

Germán Martín Martín nace en San Cristóbal del Priero, Asturias, el 9 de febrero de 1899.
Hizo el noviciado salesiano en Carabanchel Alto, donde profesó en 1918. Siguió allí dos cursos más para estudiar la filosofía. Realizó las prácticas pedagógicas el primer año en el colegio salesiano San José de la calle Rocafort de Barcelona y los dos años siguientes en Baracaldo. Tras un tiempo en Hispanoamérica, para cumplir según las leyes de entonces el servicio militar sustitutorio, regresó a España, siendo ordenado presbítero en Vitoria-Gasteiz en 1927. 
Estrenó su sacerdocio en Carabanchel, donde permaneció durante seis años. En 1933 es destinado al colegio San Miguel Arcángel del Paseo de Extremadura, dos años de consejero escolástico y el último de catequista o animador espiritual de los alumnos internos. En estos años de vida salesiana, don Germán practicó con exactitud y ejemplaridad el sistema preventivo en los diversos encargos que los Superiores le confiaron. Sabía llegar con delicadeza al corazón de los jóvenes. Antiguos alumnos suyos lo elogiaban por su profundo espíritu salesiano, bondad y métodos pedagógicos.
Al tener que marcharse del colegio los salesianos, don Germán junto con el beato don Dionisio Ullivarri, administrador del colegio María Auxiliadora de Salamanca, que estaba de paso en Madrid, se hospedaron en una pensión cercana a la Gran Vía. Seguidamente se trasladaron ambos a otra situada en la calle Alfonso XII, 66. El domingo 30 de agosto, los dos salesianos visitaron, según costumbre, a una familia amiga que vivía en la calle Orellana. Allí les detuvieron y les condujeron a la checa de Fomento y, aquella misma noche (madrugada del día 31 de agosto) los asesinaron en el cementerio de Aravaca, cerca de Madrid.

lunes, 27 de julio de 2015

Isaías 49

Isaías 49: Capítulo 49

1 ¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
2 El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
3 El me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré».
4 Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza». Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
5 Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.
6 El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra».
7 Así habla el Señor, el redentor y el Santo de Israel, al que es despreciado, al abominado de la gente, al esclavo de los déspotas: Al verte, los reyes se pondrán de pie, los príncipes se postrarán, a causa del Señor, que es fiel, y del Santo de Israel, que te eligió.
8 Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas,
9 para decir a los cautivos: «¡Salgan!», y a los que están en las tinieblas: «¡Manifiéstense!». Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas.
10 No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua.
11 De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados.
12 Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním,
13 ¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres!
14 Sión decía: «El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí».
15 ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!
16 Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos, tus muros están siempre ante mí.
17 Tus constructores acuden presurosos, los que te demolieron y arrasaron se alejan de ti.
18 Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y llegan hasta ti. ¡Juro por mi vida –oráculo del Señor– que a todos ellos te los pondrás como un adorno y los lucirás como una novia!
19 Porque tus ruinas, tus escombros y tu país destruido resultarán estrechos para tus habitantes, y estarán lejos los que te devoraban,
20 Los hijos que dabas por perdidos dirán otra vez a tus oídos: «El lugar es muy estrecho para mí, dame sitio para que pueda habitar».
21 Y tú dirás en tu corazón: «¿Quién me engendró estos hijos? Yo estaba sin hijos, estéril, desterrada y dejada de lado; y a estos ¿quién los crió? Yo me había quedado sola, y estos ¿dónde estaban?
22 Así habla el Señor: Yo alzaré mi mano hacia las naciones e izaré mi estandarte hacia los pueblos; ellos traerán a tus hijos en su regazo y tus hijas serán llevadas a hombros.
23 Tendrás a reyes como tutores y sus princesas serán tus nodrizas. Se postrarán ante ti con el rostro en tierra y lamerán el polvo de tus pies. Así sabrás que yo soy el Señor y que no se avergonzarán los que esperan en mí.
24 ¿Se le puede quitar el botín a un guerrero? ¿Se le escapa el cautivo al vencedor?
25 Ahora bien, así habla el Señor: Sí, al guerrero se le quitará el cautivo y al violento se le escapará el botín; yo mismo litigaré con tus litigantes y yo mismo salvaré a tus hijos.
26 A tus opresores les haré comer su propia carne, como con vino nuevo, se embriagarán con su sangre. Así sabrán todos los hombres que yo, el Señor, soy tu salvador y que tu redentor es el Fuerte de Jacob.

Oración por el buen uso del tiempo

Oración por el buen uso del tiempo (28-07-15)

Tengo ante mí unos minutos, unas horas, unos días. ¿Qué voy a hacer? La decisión está en mis manos. Si no hay urgencias inmediatas, si la enfermedad no corta las alas de mi vida, soy plenamente libre para escoger.
No quiero, sin embargo, decidir a solas. Sé que hay un Dios que es Padre y me ama. Sé que Cristo me ha enseñado el camino de la vida. Sé que el Espíritu Santo habita en mi alma y me invita a optar por lo mejor.
Por eso, Señor, te pido luz para usar bien el tiempo que ahora me concedes. Ayúdame a renunciar a un uso egoísta del mismo. Ayúdame a dejar de lado caprichos, placeres malsanos, deseos de venganza, obsesiones que encadenan.
Permíteme la gracia de arrepentirme de mis pecados y de llegar a una conversión profunda, sincera, completa, decidida, desde la certeza de tu misericordia eterna.
Concédeme ver con claridad qué deseas de mí ahora, cómo puedo ayudar mejor a mis hermanos.
Fortalece mi voluntad para que la pereza no me detenga, para que el miedo no me paralice, para que esté dispuesto a arriesgar mi fama si se trata de defender la justicia, de ayudar al pobre, de proteger a la viuda, de corregir al que yerra, de consolar al triste, de transmitir tu Evangelio.
Ayúdame a tomar buenas decisiones. La vida pasa, y no puedo desgastarme en lo inútil y en lo dañino. Sólo tiene sentido escoger lo que me lleva a amarte a Ti y a servir a mis hermanos.
Señor, tengo ante mí este tiempo que me concedes. Haz que se convierta en un momento bello para acercarme más a Ti, para conocer mejor mi fe, para dejarme impulsar por la esperanza, para avanzar por el camino maravilloso del amor, del servicio, de la entrega hasta “dar la vida por los hermanos” (1Jn 3,16). FP

Evangelio del Martes 28 de Julio

Día Litúrgico: Martes XVII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. »De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

«Explícanos la parábola de la cizaña del campo»

Comentario: Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu (Rubí, Barcelona, España)

Hoy, mediante la parábola de la cizaña y el trigo, la Iglesia nos invita a meditar acerca de la convivencia del bien y del mal. El bien y el mal dentro de nuestro corazón; el bien y el mal que vemos en los otros, el que vemos que hay en el mundo.
«Explícanos la parábola» (Mt 13,36), le piden a Jesús sus discípulos. Y nosotros, hoy, podemos hacer el propósito de tener más cuidado de nuestra oración personal, nuestro trato cotidiano con Dios. —Señor, le podemos decir, explícame por qué no avanzo suficientemente en mi vida interior. Explícame cómo puedo serte más fiel, cómo puedo buscarte en mi trabajo, o a través de esta circunstancia que no entiendo, o no quiero. Cómo puedo ser un apóstol cualificado. La oración es esto, pedirle “explicaciones” a Dios. ¿Cómo es mi oración? ¿Es sincera?, ¿es constante?, ¿es confiada?
Jesucristo nos invita a tener los ojos fijos en el Cielo, nuestra casa para siempre. Frecuentemente vivimos enloquecidos por la prisa, y casi nunca nos detenemos a pensar que un día —lejano o no, no lo sabemos— deberemos dar cuenta a Dios de nuestra vida, de cómo hemos hecho fructificar las cualidades que nos ha dado. Y nos dice el Señor que al final de los tiempos habrá una tría. El Cielo nos lo hemos de ganar en la tierra, en el día a día, sin esperar situaciones que quizá nunca llegarán. Hemos de vivir heroicamente lo que es ordinario, lo que aparentemente no tiene ninguna trascendencia. ¡Vivir pensando en la eternidad y ayudar a los otros a pensar en ello!: paradójicamente, «se esfuerza para no morir el hombre que ha de morir; y no se esfuerza para no pecar el hombre que ha de vivir eternamente» (San Julián de Toledo).
Recogeremos lo que hayamos sembrado. Hay que luchar por dar hoy el 100%. Y que cuando Dios nos llame a su presencia le podamos presentar las manos llenas: de actos de fe, de esperanza, de amor. Que se concretan en cosas muy pequeñas y en pequeños vencimientos que, vividos diariamente, nos hacen más cristianos, más santos, más humanos.