sábado, 26 de septiembre de 2015

Vinculan el tango con la capacidad predictiva del cerebro


La vida es impredecible a pesar de los esfuerzos por controlarla. Es el cerebro humano el órgano proactivo que se encarga continuamente de hacer predicciones sobre eventos futuros. Esa direccionalidad que pone énfasis en un “adelante” tiene una gran implicancia social ya que permite, entre otras tantas cosas, una rápida adaptación al entorno. 
Para estudiar esta curiosa y poco develada capacidad, Agustín Ibáñez, investigador independiente del Consejo en el Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires (INECO) pudo, junto a Lucía Amoruso (ex becaria del CONICET) y un grupo de investigación, desentrañar algunos de los mecanismos que permiten anticipar acciones, y lo hizo estudiando a bailarines de tango. Pero, ¿cómo se puede vincular esta danza con la neurociencia? 
Ibáñez responde a esta pregunta explicando que el tango tiene características peculiares ya que, por ejemplo, requiere de sintonización y coordinación en el espacio-tiempo en cercanía con otro cuerpo. Además, incluye variaciones rítmicas, fluctuaciones en la velocidad e incorpora la improvisación, acción que obliga a los bailarines a ser capaces de anticipar la cinemática del otro cuerpo. 
Esta capacidad predictiva que está presente en los bailarines, pero además en todas las personas, depende de una red cerebral extensa, que incluye las áreas frontales, temporales e insulares, que son las que están involucradas en la anticipación, la experiencia y la relevancia emocional, respectivamente. “Esto hace que una persona pueda interpretar de la mejor manera posible los eventos del mundo y construir así expectativas sobre lo que es más factible que ocurra en una situación determinada”, establece el investigador. En este sentido, esta capacidad cerebral es comparable con las anticipaciones que se hacen las personas cuando se dice que usan el ‘sentido común’. 

El tango al ritmo de la ciencia 
Los investigadores trabajaron, entre otros, con los subcampeones mundiales de tango “Filmamos 500 videos y estuvimos un año validándolos. Luego seleccionamos imágenes de cinco segundos en las que se veían pasos perfectos, con un error grueso o con errores sutiles. Finalmente, les pedimos que los miraran y nos dijeran si había ocurrido un falla, mientras registrábamos la activación de ciertas regiones del cerebro con electroencefalograma de alta densidad”, detalla Ibáñez. 
Entonces se registró la actividad cerebral de ochenta participantes subdivididos en las categorías: expertos, principiantes y novatos. “Tomamos nota de la actividad ocular, las respuestas conductuales y cerebrales colocando una malla de sensores que miden la actividad conjunta de miles de neuronas que se disparan sincrónicamente en la corteza”, dice Ibáñez. 
Pero – y como agrega el investigador– “esto es como si colocáramos un micrófono en un estadio de fútbol: se puede captar el grito coordinado de la hinchada si su equipo mete un gol, pero no es posible determinar las conversaciones individuales de las tribuna, ni discriminar cuales son los espectadores que cantaban el gol y cuáles no. En vistas de esta desventaja lo que queda es una medida ‘gruesa‘ de la actividad masiva de las neuronas”, destaca. 
Otro de los elementos estudiados fue una onda cerebral que refleja eso que el cerebro predice o espera que ocurra y su contraste con lo que efectivamente pasa. Las pruebas resaltaron la importancia de la experiencia, ya que si una persona tenía no tenía alta experticia, y por ende no estaba muy familiarizada con los movimientos del tango, su capacidad para detectar un pie fuera de lugar sería prácticamente nula. Ibáñez resalta que “contrariamente, una persona que toma clases de manera intensiva, durante años, poseerá un conocimiento experiencial en su sistema motor que le permitirá, al observar los movimientos iniciales de un paso, reconocer de qué paso se trata, generar predicciones sobre cuál será su desenlace y detectar, si los hubiera, errores en su ejecución”. 
De esta manera, el estudio reveló que el cerebro de un novato procesa los pasos según van ocurriendo y que los errores gruesos los identifica como si fueran “cosas raras”, en cambio, el de un experto pone en juego regiones que procesan el lenguaje e interpreta mucho antes el error que está por venir. La conclusión inevitable es que mientras más se practique más facilidad se adquirirá para predecir fallas, y solucionarlas. “Observamos que incluso antes de que se iniciase el error – específicamente 400 milisegundos antes de ello- , y varios segundos antes de que los sujetos decidieran conscientemente si había o no un error, la actividad del cerebro de los tangueros expertos ya estaba detectando algo extraño en la escena”, cuenta. 
Hasta el momento no se había llevado a cabo ningún trabajo científico que vinculara al tango y su efecto sobre la plasticidad del cerebro y qué rol juega la experiencia en la actividad cerebral cognitiva. “Los estudios con danza realizados a la fecha usaron videos que muestran un único bailarín mientras al equipo le interesaba ver qué pasaba cuando se observaba a una pareja realizando los movimientos. Igualmente, ningún estudio previo había mostrado como la experticia produce cambios en la actividad cerebral evocada por la observación del baile”, concluye.

26 de Septiembre - Gedeón

Gedeón, Santo
Juez de Israel, 26 de Septiembre

Martirologio Romano: Conmemoración de san Gedeón, de la tribu de Manasés, juez en Israel (Jc, 6, 37), que recibió del Señor el signo del rocío, que descendía a un vellón de lana, como fortaleza de Dios, librando al pueblo de Israel de sus enemigos, después de destruir el altar de Baal.
Etimología: Gedeón = valentón. Viene de la lengua hebrea.

Los episodios de sagrado libro de los Jueces, "cuando no había rey en Israel y cada cual obraba conforme a su albedrío", parecen todos calcados sobre este sencillo esquema: Pecaba Israel y le castigaba Dios; Israel se arrepentía y Dios le perdonaba, levantando el castigo. El pecado era la idolatría, y el castigo, la opresión de Israel por las gentes de Canaán y sus alrededores. Movido, al fin, el Señor por la penitencia de su pueblo elegido, "le proporcionaba libertadores -llamados jueces- que le sacasen de las manos de sus opresores y le librasen de tan dura servidumbre". 
Uno de tales jueces o libertadores, a continuación de Barac y Débora la profetisa, allá por los años de 1240 antes de la era cristiana -sin que la fecha pueda tenerse por rigurosamente exacta-, fue Gedeón, hijo de Joás, de la familia (clan, dicen los modernos) o tronco de Abiezer, de la tribu de Manasés. Acomodada primero esta familia en la región de Galaad (hoy el reino hachemita de Jordania) al otro lado del Jordán, emigró después, y pasando el río, vino a residir en Efra u Ofra (hoy Et-Taiyibe), a unos doce kilómetros de Beisán, muy cerca de Naím y Endor, al lado del monte llamado Pequeño Hermón.
En Efra, donde su solar paterno era uno de los principales, si no el principal, nació Gedeón, que significa "cortador". Se le llamó también Yerubbaal, Yerubbescheth y Yerubboscheth, como destructor del ídolo ignominioso de Baal y cortador de su bosque. San Agustín y Procopio de Gaza insinúan que fue jiliarjos = capitán o jefe de mil soldados, fundándose en la palabra hebrea "elef" que, sin embargo, en este caso no significa millar sino familia, o estirpe.
Vimos al principio la situación tan lamentable social, política y religiosa del pueblo hebreo en tiempo de Gedeón. No era mejor la exterior, muy semejante a la que hoy atraviesa el nuevo Estado de Israel cercado por todas partes de naciones árabes que le odian a muerte y, si posible les fuera, le borrarían del mapa. "Pecaron nuevamente dice el sagrado texto los hijos de Israel delante del Señor, el cual los entregó en manos de los madianitas por siete años; quienes de tal manera los oprimieron, que los israelitas se vieron obligados a poner su morada en las grutas naturales de los montes, en cuevas artificiales y hasta en ruinas de antiguos castillos".
El hecho central y culminante de la historia de Gedeón es precisamente la victoria conseguida contra estos madianitas por un medio del todo inadecuado para tan resonante y decisivo triunfo militar. Sabido es cómo en la Edad Media había entre nuestras villas y ciudades comunidad de pastos, que permitían apacentar los rebaños mucho más lejos del propio territorio o jurisdicción municipal; cosa parecida ocurre hoy entre las tribus beduinas, a ratos nómadas, del Oriente; el terreno de cada clan es inviolable y se guardarán muy bien de penetrar los demás en él en plan de dominio; otra cosa es, sin embargo, tratándose del pastoreo, pues se mezclan unas tribus con otras, aunque a veces se sirvan de este derecho para invadir en son de guerra el ajeno territorio.
Las tribus nómadas contemporáneas y vecinas de Gedeón, so pretexto de apacentar los rebaños, pasaron el río Jordán y en plan de conquista acamparon en la planicie de Jezrael (hoy Zerajin) en la extremidad oriental de la extensa y rica llanura de Esdrelón. Se planeó el ataque colocándose Madián al norte, Amalec al sur y los "Beni Qedem" = Hijos del Oriente, agrupación de diversas tribus nómadas, al este. Del número e importancia de esta invasión nos persuaden estos datos bíblicos: "Cuando venía la sementera, se presentaban los madianitas, los amalecitas y otros pueblos orientales... y no dejaban a los israelitas nada de lo necesario para la vida, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos, desolándolo todo por donde pasaban... Es de advertir que las tiendas de campaña henchían el valle de Jezrael como espesa plaga de langostas y sus camellos eran innumerables como las arenas de las orillas del mar". Dos reyes, Zebee y Salmana, y dos príncipes, Orez y Zeb, capitaneaban aquel ejército que, a juzgar por las cifras bíblicas, se componía de 135.000 hombres. Era ya el séptimo año de invasión.
Obediente Gedeón a la voz de Dios convocó a toda la cognación de Abiezer y a las tribus de Israel que tenía más cerca. Resonó en los montes el clarín de guerra y los emisarios esparcidos por todas partes intimaron órdenes de concentración. Se reunieron 32.000 hombres de Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí. Hubo Gedeón, indudablemente, de justificar su jefatura recordando primero la reprensión general hecha en nombre de Dios por aquel "varón profeta", que aparece sin saber dónde, ni cuándo; refiriendo después la visita del "ángel del Señor" que le ordenó ponerse al frente del ejército y probó su misión quemando con su báculo (se presentó como caminante) la oblación preparada; participando, finalmente, la íntima y continua comunicación con la que Dios le favorecía, mandándole destruir el altar de Baal, accediendo a la prueba del rocío y el vellocino, y revelándole la victoria por el diálogo de los centinelas madianitas escuchado por Gedeón y su criado Fara.
Nuevamente habló Dios a Gedeón para decirle que no quería que Israel le disputase la gloria del triunfo a causa del número, y así, hecha la primera prueba, abandonaron las filas 12.000 soldados, practicada la segunda, consistente en el modo de beber (en pie o arrodillados) en la fuente de Harad (hoy Ain-Djalud, en la montaña de Gelboé), quedaron sólo 300, quienes en tres grupos y armados de bocinas en la diestra y de ollas con teas encendidas dentro en la izquierda, irrumpieron de noche por tres sitios diferentes en el campamento y rompiendo las vasijas, sonando las trompetas y gritando: "Espada del Señor y de Gedeón", sembraron la confusión entre los orientales, haciendo que se matasen unos a otros y huyendo los demás. Cortando a éstos los de Efraím el paso del Jordán, completaron la gesta.
Disfrutó Israel de paz cuarenta años y sirvió a Dios toda la vida de Gedeón, quien murió y fue puesto en el sepulcro de su padre Joás en Efra, a donde se había retirado. Con el oro cogido al enemigo había fabricado un efod, o monumento conmemorativo, causa ocasional de prevaricación de Israel, después de su muerte, por lo que va Gedeón envuelto en la acusación bíblica como causa remota, aunque involuntaria. Respecto a la poligamia (tuvo 70 hijos de varias mujeres), ni es caso único en los santos del Antiguo Testamento, ni la ley evangélica estaba en vigor.
Completamos esta biografía, proclamando la santidad de Gedeón. "Loados sean también los Jueces, cada uno por su nombre -exclama el Eclesiástico-, cuyo corazón no fue pervertido, porque no se apartaron del Señor; a fin de que sea bendita su memoria y reverdezcan sus huesos allí donde reposan y dure para siempre su nombre y pase a sus hijos con la gloria de aquellos santos varones".
"¿Y qué más diré todavía? -añade San Pablo a los Hebreos-: El tiempo me faltará, si me pongo a contar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas; los cuales por la fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia y alcanzaron las promesas".
La Iglesia, en una epístola del Común de muchos Mártires, llama Santos a los citados por el Apóstol en dicho texto y ha colocado a Gedeón en el martirologio Romano al día 1 de septiembre, figurando su nombre en casi todos los demás martirologios, dándosele en algunos el título de profeta.
Le califican varios Santos Padres de varón justo, amado de Dios, santo, santísimo y le presentan como figura o tipo de Jesucristo.
Finalmente, aunque la frase que usa la Sagrada Escritura para referirnos su muerte -"murió en buena vejez"- signifique de suyo una edad avanzada, fundándose los exégetas en que también se aplica a otros varones conspicuos (Abrahán, David), la entienden asimismo de la salud, de la tranquilidad, de la fama, de la autoridad, de los méritos y virtudes, de la buena conciencia, de la amistad con Dios, en una palabra, de la santidad.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Jeremías 43


1 Apenas Jeremías terminó de comunicar a todo el pueblo todas las palabras del Señor, su Dios, las que el Señor había mandado decirles –las palabras antes mencionadas –
2 Azarías, hijo de Maasías, Iojanán, hijo de Caréaj, y todos aquellos hombres arrogantes dijeron a Jeremías: «¡Es falso lo que tú dices! No es el Señor, nuestro Dios, el que te ha enviado a decirnos: «No entren en Egipto para residir allí»
3 Es Baruc, hijo de Nerías, el que te instiga contra nosotros, a fin de entregarnos en manos de los caldeos, para que ellos nos maten o nos destierren a Babilonia».
4 Pero Iojanán, hijo de Caréaj, lo mismo que todos los jefes de las tropas y todo el pueblo, se negaron a escuchar la voz del Señor, que les mandaba quedarse en el país de Judá.
5 Iojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas tomaron a todo el resto de Judá, a los que habían vuelvo a residir en el país de Judá, después de haber sido dispersados entre las naciones vecinas:
6 a los hombres, las mujeres, los niños y las hijas del rey, a todas las personas que Nebuzaradán, comandante de la guardia, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías.
7 Y ellos entraron en el país de Egipto, porque no escucharon la voz del Señor. Así llegaron a Tafnis.
8 La palabra del Señor llegó a Jeremías en Tafnis, en estos términos:
9 Toma en tus manos unas piedras grandes, y húndelas, a la vista de algunos judíos, en el cemento del piso de ladrillos que está a la entrada de la casa del Faraón, en Tafnis.
10 Luego les dirás: Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Miren que yo mando traer a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi servidor: él instalará su trono encima de estas piedras que yo he hundido, y extenderá sobre ellas su baldaquino.
11 El vendrá y castigará al país de Egipto: ¡El destinado a la muerte, a la muerte, el destinado al cautiverio, al cautiverio, el destinado a la espada, a la espada!
12 Prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto, los quemará y llevará cautivos a los dioses; espulgará el país de Egipto como un pastor espulga su ropa, y saldrá de allí sano y salvo.
13 Hará pedazos los obeliscos de Bet Semes –la que está en el país de Egipto– e incendiará los templos de los dioses de Egipto.

Isabel la Católica


—Isabel de Castilla es una figura histórica muy controvertida. Llama la atención que haya pasado a la historia con el título de “católica”, pero que, por ejemplo, fuera quien expulsó a los judíos de España…
El hecho de que en determinado momento la reina prohibiera la práctica del judaísmo en España (porque el judío que se convertía no se debía marchar) ha creado efectivamente un ambiente negativo en torno a su persona. Pero quizá no se tiene en cuenta que esa expulsión fue una medida general en Europa, y que España fue la última en aplicarla, y que lo hizo solo cuando ya no quedaba otro remedio, cuando las presiones internacionales eran enormes. Y cuando tomó esa decisión, tuvo la preocupación de asegurar que los judíos dispusieran de un plazo para decidir, y que pudieran disponer de todos sus bienes, cosa no muy corriente en aquella época.
En el siglo XV, en todos los países, la ciudadanía estaba ligada al principio religioso, de modo que el “no fiel” podía ser un “huésped tolerado y sufrido” -esta es la frase exacta que utilizan los documentos- pero no un súbdito. Al huésped se le cobraba una determinada cantidad a cambio del derecho de estancia, pero ese permiso podía ser suspendido (recuerda un poco a los “permisos de residencia” de las actuales leyes de extranjería en esos mismos países).
Todas las figuras importantes de la historia han cometido errores, como sucedió en este caso, pero ha de quedar claro que no fue un error particular de Isabel la Católica: el judaísmo estaba prohibido desde mucho tiempo atrás en Inglaterra y en Francia, en Nápoles, y prácticamente en toda Europa. De hecho, el claustro de la Universidad de París se reunió para felicitar a los reyes de España por la medida, que al fin, habían tomado.
En aquellos tiempos se entendió esa medida como se entendería hoy una decisión de Estado que, causando grandes incomodidades a una serie de personas, se estimara digna de ejecutarse por el bien general de todos los demás. Si se pensara ahora en una minoría extranjera escasamente integrada en la nación y con unas fuertes señas de identidad, y se pensara que comprometen la seguridad del Estado, es fácil de entender que se adoptaran medidas drásticas. Por ejemplo, exigirles fidelidad a las normas del juego democrático. Y no de modo muy diferente se consideraba el cristianismo en la Europa del siglo XV, es decir, como un sistema de valores incuestionable. No sé cómo se juzgarán dentro de cinco siglos nuestras actuales restrictivas leyes de extranjería, o las expulsiones de inmigrantes ilegales, pero a quien entonces lo juzgue habrá que pedirle que lo haga considerando la mentalidad y situación actuales.
— ¿Y qué dices del papel de la reina Isabel en la conquista de América?
Ella es la primera en muchos siglos que reconoce que los habitantes de esas tierras recién incorporadas a la Corona son hombres como los demás, que han sido redimidos por Cristo y que por tanto han de ver reconocidos sus derechos humanos. Sin esta postura de Isabel la Católica difícilmente se habría llegado tiempo después a la Constitución de los Estados Unidos, que repite prácticamente lo que ella dijo, que Dios nos ha hecho a todos libres, iguales y en búsqueda de la felicidad.
Se habla mucho de las atrocidades que se cometieron, y efectivamente hubo errores prácticos, pues los encargados de llevar a cabo la tarea de colonización en ocasiones se dejaron llevar por sus intereses particulares y conculcaron los derechos de los nativos. Pero los principios siempre estuvieron claros, y de hecho, para burlar esa legislación, los grandes propietarios, siglos después, tuvieron que comprar negros ya esclavos en África para poder introducir allí esa servidumbre a la que aspiraban, porque las leyes de Castilla se lo impedían radicalmente: ningún indio podía ser esclavo.
Cada cristiano puede pensar lo que quiera sobre la actuación de Isabel la Católica, puesto que las decisiones personales de su reinado no comprometen a la fe cristiana, pero su actuación se ha utilizado tanto en contra de la Iglesia católica, presentando a la reina como una mujer intolerante -e intolerante precisamente por ser católica-, que conviene destacar algunos testimonios históricos sobre este punto.
Por ejemplo, los Reyes Católicos fueron personas conciliadoras y fáciles para el perdón, como demuestra el hecho de que al término de una guerra civil, fueron capaces de evitar las represalias y pactar con quienes estuvieron sublevados contra ellos, y garantizarles que no iban a sufrir perjuicio ninguno, sino que seguirían desempeñando las funciones sociales y el nivel que hasta entonces ocupaban. Aquello fue un ejemplo de cómo una guerra civil se cierra sin resentimientos, cosa muy difícil, pues lo normal es que se creen odios que duran mucho tiempo.
Otro ejemplo es cómo la reina acoge y educa a los hijos ilegítimos de la mujer de Enrique IV. Y cómo cuida también de los hijos ilegítimos de su marido, y cómo siente hacia todos ellos una obligación de afecto que va más allá del simple ejercicio de la caridad.
También defendió los derechos de las mujeres. En España no se había producido como en Francia una negativa tan rotunda al reconocimiento de los derechos de las mujeres, pero estos derechos eran más para ser transmitidos a los hijos o a los maridos que para ser ejercidos por ellas mismas. Isabel establece el principio contrario: no hay diferencia en cuanto a la capacidad de gobierno entre hombre y mujer, y así educa a sus hijas, y así procede ella misma también. Esa norma estaría vigente hasta principios del siglo XVIII en que, por razones de progreso ilustrado, se impuso la Ley Sálica.
Con sus errores, que los tuvo, fue una mujer que tuvo presente siempre el juicio de Dios. Una mujer que cuando escribe a su marido gravemente herido después de un atentado le dice: “Acuérdate de que tenemos que rendir cuentas ante Dios, y las cuentas que nos va a pedir a nosotros, los reyes, son mucho más estrechas que las que pide a ninguno de nuestros súbditos”. AA

Evangelio del Sábado 26 de Septiembre

Día Litúrgico: Sábado XXV (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 9,43b-45): En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres»

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, más de dos mil años después, el anuncio de la pasión de Jesús continúa provocándonos. Que el Autor de la Vida anuncie su entrega a manos de aquéllos por quienes ha venido a darlo todo es una clara provocación. Se podría decir que no era necesario, que fue una exageración. Olvidamos, una y otra vez, el peso que abruma el corazón de Cristo, nuestro pecado, el más radical de los males, la causa y el efecto de ponernos en el lugar de Dios. Más aún, de no dejarnos amar por Dios, y de empeñarnos en permanecer dentro de nuestras cortas categorías y de la inmediatez de la vida presente. Se nos hace tan necesario reconocer que somos pecadores como necesario es admitir que Dios nos ama en su Hijo Jesucristo. Al fin y al cabo, somos como los discípulos, «ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto» (Lc 9,45).
Por decirlo con una imagen: podremos encontrar en el Cielo todos los vicios y pecados, menos la soberbia, puesto que el soberbio no reconoce nunca su pecado y no se deja perdonar por un Dios que ama hasta el punto de morir por nosotros. Y en el infierno podremos encontrar todas las virtudes, menos la humildad, pues el humilde se conoce tal como es y sabe muy bien que sin la gracia de Dios no puede dejar de ofenderlo, así como tampoco puede corresponder a su Bondad.
Una de las claves de la sabiduría cristiana es el reconocimiento de la grandeza y de la inmensidad del Amor de Dios, al mismo tiempo que admitimos nuestra pequeñez y la vileza de nuestro pecado. ¡Somos tan tardos en entenderlo! El día que descubramos que tenemos el Amor de Dios tan al alcance, aquel día diremos como san Agustín, con lágrimas de Amor: «¡Tarde te amé, Dios mío!». Aquel día puede ser hoy. Puede ser hoy. Puede ser.

25 de Septiembre - Aunario de Auxerre

Aunario de Auxerre, Santo
Obispo, 25 de Septiembre
                                                                
Aunario vino al mundo en el seno de una familia perteneciente a la casa de Orleáns que se distinguió tanto por su nobleza como por su virtud. Una hermana suya, Santa Austregilda, fue la madre de San Lupo de Sens. Aunario pasó su juventud en una corte real, pero renunció a las pompas del mundo y se puso bajo la dirección espiritual de San Siagrio obispo de Autun. Este fue quien lo ordenó sacerdote y, en 561, fue elegido para presidir la sede de Auxerre. San Aunario fue uno de los obispos más influyentes y respetados de su tiempo en Francia, tanto en los círculos civiles como en los religiosos, pero su máxima actividad la desarrolló en el terreno de la disciplina eclesiástica. Estuvo presente en el sínodo de París que presidió San Germán en el año de 573, así como en las dos asambleas de Magon, en 583 y 585, de donde surgió el decreto que prohibía a los clérigos citarse entre sí para comparecer ante los tribunales civiles y otra legislación que estableció el derecho de los obispos para intervenir en favor de las viudas, los huérfanos y los esclavos liberados. En aquellos sínodos se reforzaron los decretos para la observancia del domingo y el pago de los diezmos.
Celoso en el establecimiento de la disciplina en su propia diócesis, infatigable en la vigilancia sobre la moral pública y ansioso por instruir a su pueblo en todo lo concerniente a su vida cristiana, Aunario convocó particularmente a dos sínodos en Auxerre para aplicar las mencionadas legislaciones en su propia iglesia. En la primera de aquellas asambleas fueron decretados cuarenta y cinco cánones, muchos de los cuales abordaban de manera interesante y nueva, los hábitos y costumbres del lugar y la época, cuando los vestigios de las supersticiones del paganismo y los abusos en las prácticas del cristianismo, no habían alcanzado todavía la inofensiva respetabilidad de los "vestigios folklóricos". Por ejemplo, se prohibió a las gentes utilizar los recintos de las iglesias para la danza y el canto de trovas y romancillos profanos o cualquier otro entretenimiento ajeno a las prácticas de la religión; asimismo se les prohibió disfrazarse con pieles de ciervo o de becerro el día del Año Nuevo, intercambiar "regalos malignos", hacer votos o juramentos ante hierbajos, árboles, pozos o fuentes "sagrados", practicar las artes de la magia o reunirse en casas particulares para celebrar las vigilias de las fiestas solemnes. Para edificación y aliento de los fieles, San Aunario mandó escribir las biografías de sus dos distinguidos predecesores en la sede de Auxerre, San Amado y San Germán y, con el fin de llevar con más orden y concierto los servicios de su iglesia, aumentó considerablemente los ingresos de su sede. Los miembros del clero secular y los monjes fueron obligados a asistir a los oficios divinos diariamente y, cada iglesia y monasterio, por turno, debía entonar con toda solemnidad las letanías e intercesiones, durante un día cada mes. San Aunario murió el 25 de septiembre del año 605.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Jeremías 42


1 Entonces todos los jefes de las tropas, con Iojanán, hijo de Caréaj, Azarías, hijo de Maasías, y todo el pueblo, desde el más pequeño al más grande, acudieron
2 al profeta Jeremías y le dijeron: «¡Que nuestra súplica llegue hasta ti! Ruega al Señor, tu Dios, en favor de todo este resto, porque de los muchos que éramos hemos quedado unos pocos, como lo ves con tus propios ojos.
3 Que el Señor, tu Dios, nos indique el camino que debemos seguir y lo que debemos hacer».
4 El profeta Jeremías les dijo: «De acuerdo. Voy a rogar al Señor, su Dios, como ustedes dicen, y les comunicaré todo lo que el Señor les responda, sin ocultarle nada».
5 Ellos dijeron a Jeremías: «Que el Señor sea un testigo veraz y fidedigno contra nosotros, si no obramos en todo conforme a la palabra que el Señor, tu Dios, te enviará para nosotros.
6 Nos guste o no, oiremos la voz del Señor, nuestro Dios, para que nos vaya bien por haber obedecido la voz del Señor, nuestro Dios».
7 Al cabo de diez días, la palabra del Señor llegó a Jeremías.
8 El llamó a Iojanán, hijo de Caréaj, a todos los jefes de las tropas que estaban con él, y también a todo el pueblo, del más pequeño al más grande,
9 y les dijo: «Así habla el Señor, el Dios de Israel, a quien ustedes me enviaron para presentarle una súplica:
10 Si ustedes permanecen en este país, yo los edificaré y no los demoleré, los plantaré y no los arrancaré, porque me arrepiento del mal que les hice.
11 No teman al rey de Babilonia, del que ahora tienen miedo; no le teman –oráculo del Señor– porque yo estoy con ustedes para salvarlos y para librarlos de su mano.
12 Yo haré que ustedes encuentren compasión, y él se compadecerá de ustedes y los dejará habitar en el país.
13 Pero si ustedes, desoyendo la voz del Señor, su Dios, dicen: «No permaneceremos en este país»;
14 si dicen: «No, entraremos en el país de Egipto; allí no veremos guerra, no oiremos el sonido de la trompeta, ni estaremos hambrientos de pan; es allí donde queremos permanecer»,
15 entonces, escuchen la palabra del Señor, ustedes, resto de Judá: Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Si ustedes pretenden a toda costa entrar en Egipto, para residir allí,
16 la espada que ustedes temen los alcanzará allí, en Egipto, y el hambre que les da miedo se adherirá a ustedes allí, en Egipto, y morirán.
17 Todos los que pretendan a toda costa entrar en Egipto para residir allí, morirán por la espada, el hambre y la peste; ninguno de ellos sobrevivirá ni escapará a la desgracia que atraeré sobre ellos.
18 Porque así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Como se ha derramado mi ira y mi furor sobre los habitantes de Jerusalén, así se derramará sobre ustedes mi furor cuando entren en Egipto; ustedes se convertirán en imprecación, devastación, maldición e ignominia, y no volverán más a este lugar».
19 Pero Jeremías dijo: «Esta es la palabra que el Señor les dirige, resto de Judá: «No entren en Egipto». Sepan bien que hoy yo les hago una solemne advertencia.
20 Ustedes se han perjudicado a sí mismos cuando me enviaron ante el Señor, su Dios, diciendo: «Ruega en favor nuestro al Señor, nuestro Dios; comunícanos todo lo que diga el Señor, nuestro Dios, y nosotros lo haremos».
21 Hoy se lo he comunicado a ustedes, pero ustedes no han oído la voz del Señor, su Dios, en nada de lo que él me envió a decirles.
22 Y ahora pueden estar seguros de que morirán por la espada, el hambre y la peste, en el lugar donde quieren entrar para residir allí».

¿Quién dijo miedo?


“Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo” Publio Siro
El miedo es un rasgo normal del ser humano y sirve para alertarnos y protegernos. Desde nuestra niñez estamos padeciendo y experimentando numerosos miedos. Los primeros miedos que aparecen en nuestra vida se manifiestan con temor a los ruidos fuertes y el temor a caer, así vamos creciendo y llegamos a adultos con diferentes miedos: a la soledad, a perder el matrimonio, a perder el trabajo, a quedar en la ruina, a que las cosas no salgan como planeaste, a fracasar, a tomar decisiones, y hasta miedo a triunfar.
¿Es usted de esas personas a las cuales el miedo ha paralizado? ¿Siente que su vida no ha avanzado por causa del miedo?
Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó adónde iba:
– A Bagdad – le contestó ésta – a matar cinco mil personas.
Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje la interpeló indignado:
– ¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, y mataste a cincuenta mil!
– No – respondió la Peste. – Yo sólo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo.
El miedo es real, no solamente paraliza sino que también imposibilita que veamos las oportunidades que se nos presentan día a día. El miedo nos esclaviza, nos toma prisioneros impidiendo que tengamos la vida que deseamos para nosotros. El miedo no nos deja avanzar hacia la vida extraordinaria que anhelamos en nuestro matrimonio, trabajo, en nuestras relaciones, y en todo lo que somos y hacemos.
Le invito a preguntarse frente al espejo: ¿Qué cosas haría si no tuviera miedo? Y de seguro salen respuestas increíbles, salen esos sueños y esas metas que quiere alcanzar pero que el miedo no lo deja.  La pregunta que debe hacerse: ¿Cómo abordo el miedo? o ¿Cómo enfrento el miedo?

1- Acepte el miedo
Todos tenemos nuestros miedos, y están relacionados con nuestra historia y nuestros puntos vulnerables. El miedo busca alejarnos de nuestro potencial, de nuestra capacidad para responder ante los problemas. Todos pasamos por miedo, usted no es la única persona que tiene miedo.

2- Cambie sus pensamientos
El miedo puede perseguirle desde su pasado, prepararle una trampa en el presente y aun acecharle en su futuro, no deje que el miedo le domine, no piense en él, llénese de la promesa: “Porque el Espíritu de Dios no nos hace cobardes. Al contrario, nos da poder para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir una buena vida cristiana”. 2 Timoteo 1:7

3- Sus pensamientos atraen lo que desea
Si usted piensa en negativo, el resultado que obtendrá son hechos negativos. Cuando aparezca el miedo, usted puede controlarlo. Recuerde lo que dice la Biblia en Proverbios 10:24 “Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe”.

4- Conviértase en administrador de su vida
El miedo no puede ser su dueño, Dios es el dueño de su vida, pero a usted le toca administrar y como tal debe hacer uso de todos los recursos que Dios ha puesto a su disposición. Siga el manual, hay promesas para su vida, su familia, sus relaciones, sus negocios. Usted puede lograr sus sueños, alcanzar sus metas porque Dios está con usted, Él es el dueño.

5- La Vida es elección. Le toca a usted elegir como quiere vivir
Constantemente estamos eligiendo, desde el principio Dios nos dio a elegir. Pida un deseo para su vida, pero con desearlo no es suficiente, comprométase a vivir la vida que quiere, una vida de dicha y felicidad, camine en su visión desde hoy. Marche sin miedo.
“Tu vida se expande en proporción a tu valentía”. John C. Maxwell
Tus sueños deben ser mayores que tus miedos. Virgil Thompson decía: “Prueba algo que no hayas probado antes y hazlo por lo menos tres veces: una para sobreponerte al miedo, otra para averiguar cómo hacerlo y la tercera para ver si te gusta o no”.
El miedo es algo que necesita ser atravesado para crecer.
Hoy es el mejor día para tomar una decisión de enfrentar sus miedos, usted puede dominarlos con la ayuda divina. Porque yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: “No temas, yo te ayudo”. Isaías 41:13 – PS

Evangelio del Viernes 25 de Septiembre

Día Litúrgico: Viernes XXV (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 9,18-22): Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

«¿Quién dice la gente que soy yo? (…) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Comentario: Rev. D. Pere OLIVA i March (Sant Feliu de Torelló, Barcelona, España)

Hoy, en el Evangelio, hay dos interrogantes que el mismo Maestro formula a todos. El primer interrogante pide una respuesta estadística, aproximada: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc 9,18). Hace que nos giremos alrededor y contemplemos cómo resuelven la cuestión los otros: los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos, los familiares más cercanos... Miramos al entorno y nos sentimos más o menos responsables o cercanos —depende de los casos— de algunas de estas respuestas que formulan quienes tienen que ver con nosotros y con nuestro ámbito, “la gente”... Y la respuesta nos dice mucho, nos informa, nos sitúa y hace que nos percatemos de aquello que desean, necesitan, buscan los que viven a nuestro lado. Nos ayuda a sintonizar, a descubrir un punto de encuentro con el otro para ir más allá...
Hay una segunda interrogación que pide por nosotros: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Lc 9,20). Es una cuestión fundamental que llama a la puerta, que mendiga a cada uno de nosotros: una adhesión o un rechazo; una veneración o una indiferencia; caminar con Él y en Él o finalizar en un acercamiento de simple simpatía... Esta cuestión es delicada, es determinante porque nos afecta. ¿Qué dicen nuestros labios y nuestras actitudes? ¿Queremos ser fieles a Aquel que es y da sentido a nuestro ser? ¿Hay en nosotros una sincera disposición a seguirlo en los caminos de la vida? ¿Estamos dispuestos a acompañarlo a la Jerusalén de la cruz y de la gloria?
«Es un camino de cruz y resurrección (...). La cruz es exaltación de Cristo. Lo dijo Él mismo: ‘Cuando sea levantado, atraeré a todos hacia mí’. (...) La cruz, pues, es gloria y exaltación de Cristo» (San Andrés de Creta). ¿Dispuestos para avanzar hacia Jerusalén? Solamente con Él y en Él, ¿verdad?

24 de Septiembre - Gerardo Sagredo

Gerardo Sagredo, Santo
Obispo y Mártir, 24 de Septiembre

Martirologio Romano: En Panonia (hoy Hungría), san Gerardo Sagredo, obispo de la sede de Morisena (hoy Csanad) y mártir, que fue preceptor de san Américo, príncipe adolescente hijo del rey san Esteban, y en una sedición de húngaros paganos murió apedreado cerca del río Danubio (1046).
Etimología: Gerardo = Audaz con la lanza, viene del germano.

San Gerardo, algunas veces llamado Sagredo, fue el apóstol de un vasto distrito de Hungría. 
Era originario de Venecia, donde nació a principios del siglo once. Desde muy joven, se consagró al servicio de Dios en el monasterio benedictino de San Giorgio Maggiore en Venecia, pero al cabo de algún tiempo, abandonó el convento para hacer una peregrinación a Jerusalén. 
Al pasar por Hungría, conoció al rey San Esteban, a quien impresionaron tanto las cualidades de Gerardo, que lo retuvo para que fuese el tutor de su hijo, el Beato Américo. Al tiempo que ejercía sus funciones de educador, el santo predicó la palabra de Dios con mucho éxito. Cuando San Esteban fundó la sede episcopal de Csanad, nombró a Gerardo como su primer obispo. La gran mayoría de los habitantes del lugar eran paganos, y los pocos que llevaban el nombre de cristianos, eran ignorantes, salvajes y brutales, pero San Gerardo trabajó entre ellos con tan buenos frutos que, en poco tiempo, el cristianismo progresó considerablemente. Siempre que le era posible, unía Gerardo la perfección en su desempeño de la tarea episcopal con el recogimiento de la vida contemplativa que le fortalecía para continuar con sus funciones. Además, Gerardo fue investigador y escritor; entre sus obras figura una inconclusa disertación sobre el Himno de los Tres Jóvenes (Daniel III) y otros escritos que se perdieron con el correr del tiempo.
El rey Esteban secundó el celo del buen obispo en tanto que vivió, pero a su muerte, ocurrida en 1038, el reino quedó en la anarquía a causa de las disputas por la sucesión al trono y, al mismo tiempo, estalló una rebelión contra el cristianismo. 
Las cosas iban de mal en peor, hasta el extremo de que, virtualmente, se declaró una abierta persecución contra los cristianos. Por entonces, Gerardo, que celebraba la misa en la iglesita de una aldea junto al Danubio, llamada Giod, tuvo la premonición de que aquel mismo día habría de recibir la corona del martirio. Terminada la visita a la aldea, el obispo y su comitiva partieron hacia la ciudad de Buda. 
Ya se disponían a cruzar el río, cuando fueron detenidos por una partida de soldados al mando de un oficial, idólatra recalcitrante y acérrimo enemigo hasta de la memoria del rey
Esteban. Sin mediar palabra, los soldados comenzaron a lanzar piedras contra San Gerardo y sus gentes, que se hallaban dentro de la barca, amarrada a un pilote. Algunos de ellos se metieron al agua, volcaron la embarcación y sacaron a rastras al santo obispo. Asido a los brazos de sus captores, se incorporó hasta ponerse de rodillas y oró en voz alta con las palabras de San Esteban, el Protomártir: "¡Señor, no les toméis en cuenta esta culpa!" Apenas había pronunciado estas palabras cuando le atravesaron el pecho con una lanza. 
Los soldados arrastraron el cuerpo hasta el borde de un acantilado que lleva el nombre de Blocksberg y arrojaron el cadáver al Danubio. Era el 24 de septiembre de 1046. La muerte heroica de San Gerardo produjo un profundo efecto entre el pueblo que, desde el primer momento, comenzó a venerarlo como mártir. Sus reliquias fueron colocadas en un santuario, en 1083, al mismo tiempo que las de San Esteban y las de su hijo, el Beato Américo. En 1333, la República de Venecia obtuvo del rey de Hungría la concesión de trasladar la mayor parte de las reliquias de San Gerardo a la iglesia de Nuestra Señora, en la isla de Murano, vecina a Venecia donde hasta hoy se venera al santo como al protomártir de aquel lugar donde vino al mundo.