Encuentran
una fosa con decenas de cuerpos. En las noticias afirman que fueron asesinados
por los soldados de un ejército concreto.
Se
difunde un mensaje provocativo en las redes sociales. En la prensa acusan a un
político de haberlo puesto en circulación.
Con
el pasar del tiempo, a veces después de varias horas o de varios días, se
descubre que las noticias eran erróneas, por no llamarlas falsas.
La
bomba no era de ese grupo terrorista, sino de otro. La fosa contenía cuerpos de
asesinados por el otro ejército. El mensaje provocativo fue inventado por un
hábil ‘hacker’ y no por este o aquel político.
¿Cómo
evitar que se difundan tan rápidamente noticias falsas? ¿Existe un modo de
evitar este tipo de engaños, algunos gravísimos porque dañan la fama de
personas inocentes?
Algunos
aprovechan estas situaciones para exigir más censura, lo cual genera muchos
problemas y grandes peligros contra la libertad de información.
En
cambio, sería de gran utilidad enseñar a los periodistas y agentes de la
información, y a los destinatarios (el gran público) a afrontar estas
‘informaciones’ con prudencia.
La
prudencia del buen periodista se fijaría en lo esencial del dato y en el origen
de las primeras informaciones, sin llegar a conclusiones precipitadas.
Así,
frente a la bomba que ha provocado varias muertes, diría solamente que hubo una
explosión, que la policía o los hospitales hablan de X víctimas, y que el
gobierno piensa que la culpa sería de tal grupo terrorista, aunque la
investigación sigue abierta.
De
este modo, no se da por hecho que esos terroristas concretos hicieron el
atentado, sino que se sospecha de ellos. Así, la noticia se limita a decir lo
que se sabe por ahora, y que la prensa sigue a la espera de nuevas
informaciones.
Por
su parte, los lectores prudentes se dan cuenta en seguida de que el hecho es
demasiado reciente y de que hay intereses de unos para acusar a otros de
haberlo provocado, por lo que se mantienen cautos al leer las primeras
noticias.
No
resulta fácil, en un mundo de tantas prisas y de tantos intereses, vivir la
prudencia ante las informaciones que llegan en oleadas imparables.
Pero
si cada uno aprende a mantenerse atento a lo que se sabe, si deja a un lado
hipótesis no probadas, y si desconfía de noticias de última hora en temas
complejos que requieren muchas indagaciones, evitaremos la difusión dañina de
noticias falsas, y estimularemos a los periodistas a ir a fondo a la hora de
investigar cada uno de los hechos que merecen ser conocidos por la sociedad. FP
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