sábado, 27 de agosto de 2016

Enfermedades eruptivas en niños


Las enfermedades eruptivas son características de la primavera y el otoño y la población infantil es la más afectada. Cuáles son las más comunes y sus síntomas.

Las enfermedades eruptivas son más frecuentes en otoño y primavera y se caracterizan por la presencia de lesiones en la piel, picazón. No vuelven a presentarse a lo largo de la vida, salvo la escarlatina que es provocada por el estreptococo y se puede sufrir más de una infección. Éstas enfermedades pueden ser febriles o afebriles. Dentro de las eruptivas febriles se encuentran las enfermedades virales o bacterianas como rubéola, varicela, sarampión, quinta y sexta enfermedad y escarlatina, como las más frecuentes. 

Sarampión: el sarampión es una enfermedad eruptiva producida por un virus. Se transmite de persona a persona, por contacto directo con secreciones respiratorias, aunque en algunos casos puede transmitirse por vía aérea, pero a corta distancia. El sarampión es una enfermedad que puede ser erradicada del mundo ya que afecta sólo al hombre, se transmite de persona a persona, deja inmunidad permanente y tiene una excelente vacuna para combatirla. El período de incubación en general es de 10 días. Se trata de una enfermedad de comienzo agudo, es epidémica, de muy alta contagiosidad. Se caracteriza por fiebre, coriza, catarro bronquial y conjuntival. Esta primera etapa dura 3-4 días. A continuación se produce una erupción en la boca muy característica, continuando con erupción en la piel con pequeñas manchas rojas que comienzan en la cara y tronco y se extienden a los miembros. Se trata de una enfermedad seria que puede provocar complicaciones respiratorias graves. 

Varicela: esta enfermedad eruptiva infecciosa es provocada por el virus varicela-zoster, de altísima transmisibilidad y distribución universal. Los grupos de mayor riesgo son los niños en edad preescolar y escolar. Suelen ser las escuelas los epicentros de las epidemias, con mayor incidencia desde fines de julio hasta principios de octubre. La transmisión se realiza por vía respiratoria, pudiendo ocurrir antes de la aparición del brote. El riesgo de transmisión se extiende hasta la aparición de las costras, éstas no contagian. El promedio del periodo de incubación es de 14 a 16 días, pudiendo ser entre 10 a 20 días. El brote es el signo clínico más característico. Este evoluciona por brotes por lo que se pueden observar lesiones típicas en distintos estadios. El brote se inicia con una mancha roja que evoluciona a pápula (palpable), ésta a vesícula, apareciendo luego la pústula y finalmente se forma la costra. Puede o no tener fiebre, en caso de tenerla en general no es alta. Estas lesiones pueden presentarse en la mucosa bucal. Pueden aparecer complicaciones, sobre todo infección bacteriana producida por rascado de las lesiones. La vacuna protege en un 95% para las formas severas y 70/80% para las formas leves. 

Escarlatina: es una enfermedad eruptiva producida por el estreptococo. Se caracteriza por una mayor frecuencia de infecciones respiratorias altas durante el invierno y la primavera. Afecta con más frecuencia a niños en edad escolar y adultos jóvenes. La transmisión de la faringitis estreptocócica se produce por contacto íntimo con proyección directa de grandes gotas o secreciones respiratorias. El periodo de incubación es corto, de 12 horas a 4 días. Se caracteriza por fiebre brusca, vómitos, dolor de garganta con faringitis, brote eritematoso, micropapular. Se trata con antibióticos. 

Quinta Enfermedad: es una enfermedad eruptiva producida por un virus, el parvovirus. Predomina en la segunda mitad del invierno, primavera e inicio del verano. La transmisión habitual es mediante secreciones respiratorias. Hasta 1 mes después se pueden seguir observando los cambios de coloración de la piel con los cambios de temperatura, exposición a la luz solar, ejercicio y el estrés. La enfermedad habitualmente es autolimitada y de curso benigno. No requiere tratamiento específico. 

Sexta enfermedad: es una enfermedad eruptiva producida por un virus, el Herpes. Se transmite a través de las secreciones salivales. Tiene un periodo de incubación de 7 a 15 días. Se caracteriza por fiebre alta y persistente durante tres a cuatro días, con descenso brusco de la misma y posterior aparición de un brote que dura uno o dos días. Es una enfermedad habitualmente benigna, que en la mayoría involuciona en pocos días sin dejar secuelas por lo que no requiere tratamiento específico. 

ERUPTIVAS AFEBRILES 

Las enfermedades afebriles más frecuentes son: 

Dermatitis atópica: esta entidad no es contagiosa, se caracteriza por intensa picazón, compromete zonas de pliegues y en general mejora con la edad, tiene un gran componente alérgico. La sequedad de la piel y el rascado juegan un rol preponderante en la aparición de las lesiones. La base del tratamiento es la humectación de la piel y el tratamiento del prurito. 

Urticaria: se presenta como ronchas que pican y van cambiando de lugar, generalmente son secundarias a una reacción alérgica y muy raramente se puede identificar con certeza el agente desencadenante. Es una entidad benigna, no contagiosa que puede evolucionar en brotes y durar hasta 10 días. 

Sarna: es una parasitosis que se caracteriza por intensa picazón sobre todo nocturna, en general la padece más de un miembro de la familia, las lesiones son variadas y es contagiosa de persona a persona con contacto muy cercano, entre convivientes. No se contagia de los animales. Requiere tratamiento con medicación específica de todo el grupo familiar. 

Sudamina: es una erupción frecuente en los bebés y niños más pequeños, no es contagiosa, generalmente no requiere tratamiento y se debe a inmadurez en el funcionamiento de las glándulas sudoríparas. Se trata con baños y paños fríos. 
Otras lesiones eruptivas frecuentes no infecciosas son las picaduras de insectos y su reacción secundaria llamada prurigo, que consiste en un brote con intenso picazón con lesiones con el centro hundido que se llaman umbilicadas y las erupciones por medicamentos denominadas farmacodermias en las que predomina el brote, la picazón y el antecedente de haber recibido alguna medicación, entre las que más frecuentemente ocasionan estas reacciones se encuentran los anticonvulsivantes y antibióticos. 

TIPS 

Consejos a tener en cuenta: 

-En el caso de que hubiera brote y fiebre en el niño: estos síntomas son el alerta para una consulta precoz. En caso de que se presenten ambos síntomas, se aconseja el aislamiento del paciente por lo menos hasta el diagnóstico. 
-En caso de haya síntomas, evitar contacto con otros niños y mujeres embarazadas. No administrar aspirina en caso de varicela. 
-La vacunación de calendario oficial protege contra rubéola y sarampión. La vacuna de varicela es optativa. Tener en cuenta que el segundo caso familiar de varicela es generalmente más severo y debe ser tratado con antivirales por lo que si el hermano se brota también hay que consultar. 
-Si bien muchas veces la varicela puede ser una enfermedad inofensiva, otras veces puede complicarse y dejar a los niños con las defensas disminuidas, lo cual provoca que contraigan otras enfermedades. 
-Es muy importante que la mujer en edad fértil esté protegida contra la rubéola, ya que es riesgoso para el bebé que contraiga esta enfermedad sobre todo en los 2 primeros trimestres del embarazo. 
-Cuando se realizan campañas de vacunación debe vacunarse toda la población que indica el ministerio de Salud, aunque el niño tenga su calendario completo. Dra. María Carmen Di Fabio

Bioética y ecología


Un día de descanso. Cogemos el coche y empezamos a salir de la ciudad.
A los pocos minutos, estamos atrapados en una cola interminable. Tensiones, ruidos, tal vez un aire contaminado y triste. Después de una hora logramos salir al campo abierto.
Pasa el tiempo y llegamos al “paraíso” soñado: una playa. Cientos de personas luchan por lograr un buen lugar en el aparcamiento.
Media hora después, con el coche ya “seguro”, vamos hacia el mar. La arena está llena de papeles, chicles, incluso algún pedazo de botella. Entramos, por fin, al agua, y notamos que el alquitrán acaba de pegarse a nuestros pies...
Fuera de lo anecdótico, problemas como estos, y problemas mucho más serios, nos hacen pensar en la importancia del ambiente. Además, nos llegan continuamente noticias sobre incendios, pájaros que se extinguen, nubes tóxicas y alimentos peligrosos para la salud de los niños o de los adultos.
Para la bioética la ecología es algo fundamental. La especie humana, gracias a su inteligencia, ha sido capaz de vivir en muchos tipos de paisajes y de climas. Pero también muchos miles de hombres y mujeres han muerto por culpa de la contaminación, las infecciones, las sequías, el frío o el calor.
Frente a esta situación, estamos llamados a trabajar por un planeta más limpio, más verde, con animales que llamen nuestra atención y den alegría a nuestra insaciable hambre de ciencia y de belleza.
La preocupación por el ambiente, por la ecología, no es algo nuevo. También los antiguos soñaban con un mundo equilibrado, con ciudades bien organizadas y funcionales, con praderas verdes y árboles repletos de frutos. Pero quizá hoy más que nunca nos hemos dado cuenta de que podemos destruir en pocos minutos un bosque que ha crecido durante años o, incluso, siglos; o que somos capaces de eliminar en pocos meses algunas especies de animales o de plantas que querríamos seguir teniendo a nuestro lado.
La bioética nos orienta e ilumina a la hora de conservar el ambiente en el que transcurre nuestra vida temporal. Lo que hagamos o lo que dejemos de hacer no resulta indiferente ni para los hombres de nuestro tiempo ni para las generaciones futuras.
Es algo que nos afecta a todos. También a los católicos. Como explicaba el Papa Benedicto XVI, la Iglesia no se limita sólo a hablar de la salvación, sino que también “tiene una responsabilidad con la creación y tiene que cumplir esta responsabilidad en público. Y, al hacerlo, no sólo tiene que defender la tierra, el agua, el aire, como dones de la creación que pertenecen a todos. Tiene que proteger también al hombre contra su propia destrucción. Es necesario que haya algo como una ecología del hombre, entendida en el sentido justo”. Y añadía: “Los bosques tropicales merecen, ciertamente, nuestra protección, pero no menos la merece el hombre como criatura, en la que está inscrito un mensaje que no contradice nuestra libertad, sino que es su condición” (Benedicto XVI, 22/12/ 2008).
Vale la pena invertir energías y dinero para un mundo mejor. Pero sin olvidarnos nunca del lugar privilegiado que ocupa el ser humano, de las necesidades básicas de millones de hermanos nuestros a los que falta comida, medicinas, cuidados básicos. Una bioética atenta a lo ecológico sabrá dar el primer lugar a los hombres y mujeres más desamparados, y sabrá promover un ambiente más saludable y más hermoso para todos. FP

Evangelio del Domingo 28 de Agosto

Día Litúrgico: Domingo XXII (C) del T.O

Texto del Evangelio (Lc 14,1.7-14): Un sábado, habiendo ido a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado». 
Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos».

«Los invitados elegían los primeros puestos»

Comentario: Rev. D. Enric PRAT i Jordana (Sort, Lleida, España)

Hoy, Jesús nos da una lección magistral: no busquéis el primer lugar: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto» (Lc 14,8). Jesucristo sabe que nos gusta ponernos en el primer lugar: en los actos públicos, en las tertulias, en casa, en la mesa... Él conoce nuestra tendencia a sobrevalorarnos por vanidad, o todavía peor, por orgullo mal disimulado. ¡Estemos prevenidos con los honores!, ya que «el corazón queda encadenado allí donde encuentra posibilidad de fruición» (San León Magno).
¿Quién nos ha dicho, en efecto, que no hay colegas con más méritos o con más categoría personal? No se trata, pues, del hecho esporádico, sino de la actitud asumida de tenernos por más listos, los más importantes, los más cargados de méritos, los que tenemos más razón; pretensión que supone una visión estrecha sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea. De hecho, Jesús nos invita a la práctica de la humildad perfecta, que consiste en no juzgarnos ni juzgar a los demás, y a tomar conciencia de nuestra insignificancia individual en el concierto global del cosmos y de la vida.
Entonces, el Señor, nos propone que, por precaución, elijamos el último sitio, porque, si bien desconocemos la realidad íntima de los otros, sabemos muy bien que nosotros somos irrelevantes en el gran espectáculo del universo. Por tanto, situarnos en el último lugar es ir a lo seguro. No fuera caso que el Señor, que nos conoce a todos desde nuestras intimidades, nos tuviese que decir: «‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto» (Lc 14,9).
En la misma línea de pensamiento, el Maestro nos invita a ponernos con toda humildad al lado de los preferidos de Dios: pobres, inválidos, cojos y ciegos, y a igualarnos con ellos hasta encontrarnos en medio de quienes Dios ama con especial ternura, y a superar toda repugnancia y vergüenza por compartir mesa y amistad con ellos.

viernes, 26 de agosto de 2016

27 de Agosto - Fernando González Añón

Fernando González Añón, Beato
Presbítero y Mártir, 27 de Agosto

Martirologio Romano: En la localidad de Picasent, en la región de Valencia, en España, beato Fernando González Añón, presbítero y mártir, que, en tiempo de persecución, mereció pasar a la bienaventuranza eterna (1936).
Fecha de beatificación: Fue solemnemente Beatificado, el 11 de marzo de 2001, por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro como parte de un total de 233 mártires por su fe.

Nació el 17 de febrero de 1886 en la ciudad de Turís, provincia de Valencia, diócesis de Valencia (España). Sus padres Fernando González Pons, labrador, e Isabel Añón Navarro quienes formaron un hogar cristiano. Ya desde muy niño era muy piadoso mostrando su vocación sacerdotal en sus juegos y hasta en las pláticas que dirigía a sus vecinos y a los niños de la escuela. Ingresó al Seminario Conciliar Central, donde se distinguió por su piedad, aplicación y jovialidad, que le merecieron la estima de superiores, compañeros y amigos; fue un seminarista ejemplar.
Recibió la tonsura, las órdenes menores y el subdiaconado los días 22 y 23 de diciembre de 1911. Tras haber recibido el presbiterado, celebró por vez primera la Misa en la Parroquia de su pueblo natal el 6 de marzo de 1913.
Los primeros frutos de su ministerio pastoral los recogió en el pueblo de Alcácer, donde fue coadjutor en 1913. En 1915 pasó a Santa Catalina de Alcira, también como coadjutor. Ejerció después en Macastre, como cura ecónomo, y más tarde, como Capellán de la Hidroeléctrica, en Cortes de Pallás. Fue cura regente de Anna en 1924 y coadjutor de San Juan de la Ribera en 1925. En todas estas Parroquias se distinguió como apóstol de los obreros, a quienes socorrió siempre en sus necesidades. El 24 de junio de 1931 tomó posesión del curato de Turís. Ya con los suyos, se multiplicó su actividad pastoral, desviviéndose por el culto y la devoción al Santísimo Sacramento. Fundó las Cuarenta Horas y promovió la festividad de Cristo Rey y la fiesta de la Virgen de los Dolores.
Se dedicaba a la atención pastoral de los enfermos y necesitados, sin olvidar la catequesis. Apóstol y propagandista de la buena prensa. No hubo petición de pobres que no atendiera, y su influencia ante personalidades estuvo cultivada con miras a hacer el bien.
El beato Fernando era consciente, en los días previos a la revolución, de la situación que estaba por afrontar: persecución religiosa y probable martirio.
La revolución en Turís comenzó con el incendio de las iglesias, la quema de imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento de los católicos. Al estallar la revolución de 1936, el beato reaccionó como un sacerdote católico auténtico. Mantuvo su ánimo sereno y se confió en la Divina Providencia. Fue detenido el 27 de agosto de 1936 en la casa abadía. Al día siguiente fue asesinado no sin antes perdonar a sus ejecutores y pronunciar ¡Viva Cristo Rey!

¿Inculcar una moral es lavar el cerebro?


—Muchos piensan que inculcar a una persona unos principios morales preestablecidos es un modo de lavarle el cerebro. Dicen que lo mejor es que cada uno vaya sacando de su experiencia personal sus propios criterios morales.
Entiendo que lavar el cerebro a una persona consiste en disminuir su capacidad de juzgar razonadamente. Pero educar a las personas para desarrollar el hábito de ser veraces, o generosas, o justas, o respetuosas con los demás, no puede decirse que atente contra su capacidad de tomar decisiones razonables. Es justamente al revés. Los buenos hábitos morales refuerzan la capacidad de juzgar razonablemente.
Por el contrario, cuando faltan los hábitos morales resulta más fácil que se extravíe la razón. Fue Lenin quien dijo aquello de que “si queremos dominar a un pueblo, antes corromperemos su moralidad”. AA

Evangelio del Sábado 27 de Agosto

Día Litúrgico: Sábado XXI (C) del T.O

Texto del Evangelio (Mt 25,14-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.
»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 
»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».

«Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda»

Comentario: Rev. D. Albert SOLS i Lúcia (Barcelona, España)

Hoy contemplamos la parábola de los talentos. En Jesús apreciamos como un momento de cambio de estilo en su mensaje: el anuncio del Reino ya no se limita tanto a señalar su proximidad como a describir su contenido mediante narraciones: ¡es la hora de las parábolas!
Un gran hombre decide emprender un largo viaje, y confía todo el patrimonio a sus siervos. Pudo haberlo distribuido por partes iguales, pero no lo hizo así. Dio a cada uno según su capacidad (cinco, dos y un talentos). Con aquel dinero pudo cada criado capitalizar el inicio de un buen negocio. Los dos primeros se lanzaron a la administración de sus depósitos, pero el tercero —por miedo o por pereza— prefirió guardarlo eludiendo toda inversión: se encerró en la comodidad de su propia pobreza.
El señor regresó y... exigió la rendición de cuentas (cf. Mt 25,19). Premió la valentía de los dos primeros, que duplicaron el depósito confiado. El trato con el criado “prudente” fue muy distinto.
El mensaje de la parábola sigue teniendo una gran actualidad. La separación progresiva entre la Iglesia y los Estados no es mala, todo lo contrario. Sin embargo, esta mentalidad global y progresiva esconde un efecto secundario, peligroso para los cristianos: ser la imagen viva de aquel tercer criado a quien el amo (figura bíblica de Dios Padre) reprochó con gran severidad. Sin malicia, por pura comodidad o miedo, corremos el peligro de esconder y reducir nuestra fe cristiana al entorno privado de familia y amigos íntimos. El Evangelio no puede quedar en una lectura y estéril contemplación. Hemos de administrar con valentía y riesgo nuestra vocación cristiana en el propio ambiente social y profesional proclamando la figura de Cristo con las palabras y el testimonio.
Comenta san Agustín: «Quienes predicamos la palabra de Dios a los pueblos no estamos tan alejados de la condición humana y de la reflexión apoyada en la fe que no advirtamos nuestros peligros. Pero nos consuela el que, donde está nuestro peligro por causa del ministerio, allí tenemos la ayuda de vuestras oraciones».

jueves, 25 de agosto de 2016

26 de Agosto - María de los Ángeles Ginard Marti

María de los Ángeles Ginard Marti, Beata
Virgen y Mártir, 26 de Agosto

Martirologio Romano: En la Dehesa de la Villa, Madrid, España, beata María de los Ángeles Ginard Martí, virgen y mártir (1936).
Fecha de beatificación: 29 de octubre de 2005, siento pontífice S.S. Benedicto XVI.

Religiosa de las Hermanas Celadoras de Culto Eucarístico, nació en Llucmajor, Mallorca, España, el 3 de abril de 1894. A los dos días, siguiendo la costumbre cristiana de la época de bautizar a los niños al poco de nacer, la llevaron a la pila bautismal de la parroquia de San Miguel de Llucmajor, imponiéndole el nombre Ángela Benita Sebastiana Margarita, pero usaba en el siglo el de Ángela y al entrar en religión el de María de los Ángeles.
Fueron sus padres don Sebastián Ginard García, que pertenecía al cuerpo de la Guardia Civil y en el que alcanzó el grado de capitán, y su madre doña Margarita Martí Canals. Ambos procedían de familias mallorquinas muy católicas y en ese ambiente religiosos formaron su hogar y educaron a los nueve hijos, de los que María de los Ángeles ocupaba el tercer lugar.
La niñez de María de los Ángeles transcurrió entre Llucmajor, Palma y Binisalem. En este último pueblo hizo su primera comunión el día 14 de abril de 1905. En torno a este acontecimiento empezó a sentirse inclinada a una piedad cristiana con tendencia hacia la vida religiosa, la cual estaba motivada por las visitas que con su madre hacía a dos tías monjas, sobre todo a la que estaba en el monasterio de las jerónimas de San Bartolomé de Inca.
La juventud la pasó en Palma de Mallorca, donde se trasladó la familia buscando trabajo para mejorar la situación económica que era escasa para sacar adelante una familia tan numerosa. María de los Ángeles y sus dos hermanas mayores se dedicaros a bordar y a confeccionar sombreros de señoras. Con estas labores que realizaban en el hogar por encargo y cuando estos le faltaban para vender después, conseguían unos ingresos económicos muy necesarios para un digno bienestar de la familiar. Esta ocupación no la liberaban de los trabajos propios del hogar y de la atención a los hermanaos pequeños. Hacia éstos María de los Ángeles se volcó en la atención y en la formación religiosa: les enseñaba a rezar, el catecismo; le leía la historia Sagrada y la de los primeros mártires cristianos.
Se levantaba temprano para oír misa y comulgar en la iglesia del Socorro o en la vecina parroquia de la Santísima Trinidad, donde estaba su director espiritual, el padre Sebastián Matas. Durante el día hacía la visita al Santísimo Sacramento expuesto en el Centro Eucarístico, rezaba el santo Rosario, hacía oración particular y se daba a otras devociones particulares.
El plan de vida espiritual que llevaba María de los Ángeles la apartaba de las diversiones propias de su edad y la iba centrando en la vocación que sentía desde su niñez. Así cuando contaba unos veinte años de edad pidió permiso a sus padres para ingresar en el monasterio de las jerónimas de San Bartolomé de Inca. Éstos le aconsejaron que era muy joven, que lo pensara bien y dejara la decisión para más tarde. Con estos consejos no trataban de oponerse a su hija, sino retenerla por un tiempo en el hogar pues la necesitaban, pues el dinero ganado de su trabajo les era necesario para sacar adelante con dignidad a los hermanos menores. María de los Ángeles comprendió a sus padres y, sin perder la ilusión de entregarse a Dios en una vida consagrada, supo esperar.
Transcurridos unos años, y viendo que las circunstancias familiares anteriores había cambiado, volvió a pedir permiso a los padres, quienes se lo dieron gustosos.
Obtenido el consentimiento de los padres, ingresó en el postulantado de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico de Palma de Mallorca el 26 de noviembre de 1921. Muy pronto se adaptó a la nueva vida. La adoración al Santísimo Sacramento, que es fin primordial del instituto en el que había ingresado, le llenaba, era su vida de dónde sacaba fuerzas para los trabajos comunitarios de amasar el pan para la misa, confeccionar y bordar ornamentos sagrados, preparar los niños para la primera comunión y para lograr una convivencia comunitaria volcándose en caridad a sus hermanas religiosas, la cuales la tenían por religiosa muy ejemplar, abierta y cordial, que se caracterizaba por su sencillez, piedad y, sobre todo, por la obediencia y docilidad en aceptar los cargos y traslados que sus superioras disponían.
Después del año de noviciado y de los tres primeros años de profesión temporal fue destinada a Madrid, luego a Barcelona y nuevamente a Madrid, desempeñando en esta última casa siempre el oficio de procuradora o administradora del convento.
Al estallar la Guerra Civil Española de 1936, sor María de los Ángeles se encontraba en Madrid. Los acontecimientos previos a la guerra eran alarmantes para la Iglesia y sus miembros. La persecución religiosa se manifestó abiertamente con quema de iglesias y conventos y con amenazas a los sacerdotes, religiosos y fieles católicos. En estas circunstancias, a sor María de los Ángeles le apenaba la destrucción y amenazas que habían emprendido los perseguidores por odio a la fe, por todo lo relacionado con Dios y con la Iglesia. En la adoración a Jesús Sacramentado pedía por una solución a estos problemas y, firme en la fe, ofrecía, si esa era la voluntad de Dios, su vida en martirio por el triunfo de Cristo.
Cuando las religiosas vieron la necesidad de salir del convento vestidas de seglares se encontraban con el nerviosismo típico del momento, sor María de los Ángeles con serenidad las tranquilizaba a la vez que les decía: «Todo lo que nos pueden hacer a nosotras es matarnos, pero esto...» Es decir, lamentaba más la persecución y destrucción de lo religioso que el que la matasen.
El día 20 de julio de 1936 las religiosas salieron vestidas de seglares del convento. A sor María de los Ángeles le tocó refugiarse en la vivienda de una familia en la calle Monte Esquinza número 24. Desde allí, por la proximidad, vio el saqueo de la iglesia y del convento, y la destrucción de imágenes objetos de culto. En este refugio permaneció hasta el día 25 de agosto por la tarde, en que los milicianos anárquicos, por acusación del portero, que era de ellos, fueron a detenerla.
En el momento de la detención, apresaron a doña Amparo, hermana de la dueña de la casa que le acogía, y sor María de los Ángeles llevada por caridad y bondad, dijo a los milicianos: esta señora no es monja, dejadla, la única monja soy yo. Con estas palabras confesó su condición de religiosa y salvó la vida a esta señora.
Detenida la llevaron a la checa de Bellas Artes y el día 26 de agosto de 1936, al anochecer, según acostumbraban los perseguidores en los primeros meses de la guerra, le dieron el paseíllo a la Dehesa de la Villa donde la fusilaron, pues a la mañana del día siguiente el Poder Judicial levantó el cadáver.
Sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio de la Almudena y después de la guerra, el 20 de mayo de 1941, fueron exhumados y trasladados al panteón de las Hermanas del Culto Eucarístico del mismo cementerio, de donde el 19 de diciembre de 1985 fueron trasladados al convento de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico de la calle Blanca de Navarra, número 9, de Madrid. Y recientemente, el 3 de febrero de 2005, han sido colocados en la iglesia capilla de este convento.
El proceso de canonización por martirio en su fase diocesana fue abierto en Madrid el 28 de abril de 1987, y clausurado, también en Madrid, el 23 de marzo de 1990. El 19 de abril de 2004, su Santidad Juan Pablo II aprobó la publicación del decreto sobre el martirio para su beatificación.

El HIV y su gran incidencia en los más jóvenes


Un reciente informe a nivel global reveló que 2 millones de personas de entre 10 y 19 años son portadores del virus y que el 70% de las nuevas transmisiones se dan en mujeres de entre 15 y 19 años. La importancia de llegar al diagnóstico de manera temprana.
Los avances farmacológicos contra el HIV provocaron que la enfermedad deje de estar asociada a la muerte. Pero como contrapartida, llevó a que las personas “relajen” las medidas de prevención, como consecuencia de perderle el miedo. 
A tal punto la gente dejó de temerle a la transmisión, que sólo dos de cada diez personas manifestaron usar siempre el preservativo en sus relaciones sexuales. Ese dato surge de una encuesta reciente de AHF Argentina que reveló además que el 50,4% lo usa “a veces” y un 28,3% “nunca”. Además, la causa del 90% de los nuevos casos de VIH es por mantener encuentros íntimos sin utilizar protección. 
“Las infecciones de transmisión sexual son aquellas que pueden transmitirse de una persona a otra durante una relación sexual (vaginal, oral o anal). Entre las más frecuentes figuran la sífilis, gonorrea, clamidias, herpes simple, hepatitis B, HPV y HIV -explicó el Dr. Miguel Pedrola (MP 11668), coordinador de AHF Argentina-. Adicionalmente, los datos epidemiológicos muestran que la sífilis, que se creía erradicada, resurgió al punto que en los últimos años los casos de la enfermedad aumentaron cerca del 30% con 5.584 casos reportados en 2014″. 
El organismo dio a conocer cifras alarmantes en relación con la juventud y el HIV/sida a nivel global: 2 millones de jóvenes de entre 10 y 19 años están viviendo con HIV y 7 de cada diez 10 nuevas transmisiones se dan en mujeres de entre 15 y 19 años. 
Además, se calcula que, cada año, unos 106 millones de personas en el mundo contraen gonorrea, que se transmite por la vía sexual. Las ITS afectan tanto a las mujeres como a los hombres y no hay una edad específica para contagiarse. Desde el comienzo de la vida sexual, las personas pueden verse expuestas a estas infecciones. En efecto, siempre que haya penetración -oral, anal o vaginal- hay riesgo de transmisión en diversos grados, pero al usar preservativo esa probabilidad de infección nunca es mayor del 5%. 
Según datos de la Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del Ministerio de Salud de la Nación, en la Argentina hay 126 mil personas viviendo con HIV, de las cuales un 30% aún no lo sabe. 
Entre 2000 y 2016, la tasa de mortalidad aumentó entre los jóvenes, mientras que entre los adultos se muestra un descenso. La mitad de los jóvenes que viven con VIH se encuentran en Nigeria, Sudáfrica, Mozambique, Kenia, Tanzania e India.

¿Qué pedimos en la oración?


Las oraciones surgen desde la fe: creemos en Dios y confiamos en su Amor providente. Entre esas oraciones, muchas tienen como meta una petición.
¿Qué pedimos en la oración? Pedimos la gracia más importante: la conversión de los corazones, la victoria sobre el pecado, el crecimiento en el amor.
Pedimos también por necesidades concretas: que haya comida en la mesa, que haya trabajo para todos, que haya serenidad en la familia.
Pedimos por la paz: la paz interior, que permite convivir como hermanos. La paz exterior, que nace de la justicia, de buenas leyes y de gobernantes honestos.
Pedimos por la lluvia y por el tiempo favorable a las cosechas, por el aire limpio y por un poco menos de calor (o de frío).
Pedimos por los que están encadenados por la tibieza y la apatía, por la desgana y por la cobardía, por el miedo y por el respeto humano.
Pedimos por quienes sufren a causa de las tentaciones de la carne, de la avaricia, de la envidia, de la soberbia, del rencor.
Pedimos por los pobres y los enfermos, por los abandonados y los excluidos, por los perseguidos y los discriminados, por los huérfanos y las viudas.
Pedimos por los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos. También por los hijos antes de nacer y por las madres en dificultad.
Pedimos tantas cosas. La lista parece interminable. Llevamos nuestras súplicas al Padre, en el nombre de su Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo.
Las acompañamos con la intercesión de la Virgen María y de los santos. Las unimos a tantos monasterios donde, sin cesar, mujeres y hombres contemplativos elevan a Dios una oración de súplica llena de esperanza. CN

Evangelio del Viernes 26 de Agosto

Día Litúrgico: Viernes XXI (C) del T.O

Texto del Evangelio (Mt 25,1-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».

«En verdad os digo que no os conozco»

Comentario: Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España)

Hoy, Viernes XXI del tiempo ordinario, el Señor nos recuerda en el Evangelio que hay que estar siempre vigilantes y preparados para encontrarnos con Él. A media noche, en cualquier momento, pueden llamar a la puerta e invitarnos a salir a recibir al Señor. La muerte no pide cita previa. De hecho, «no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13).
Vigilar no significa vivir con miedo y angustia. Quiere decir vivir de manera responsable nuestra vida de hijos de Dios, nuestra vida de fe, esperanza y caridad. El Señor espera continuamente nuestra respuesta de fe y amor, constantes y pacientes, en medio de las ocupaciones y preocupaciones que van tejiendo nuestro vivir.
Y esta respuesta sólo la podemos dar nosotros, tú y yo. Nadie lo puede hacer en nuestro lugar. Esto es lo que significa la negativa de las vírgenes prudentes a ceder parte de su aceite para las lámparas apagadas de las vírgenes necias: «Es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis» (Mt 25,9). Así, nuestra respuesta a Dios es personal e intransferible.
No esperemos un “mañana” —que quizá no vendrá— para encender la lámpara de nuestro amor para el Esposo. ¡Carpe diem! Hay que vivir en cada segundo de nuestra vida toda la pasión que un cristiano ha de sentir por su Señor. Es un dicho conocido, pero que no estará de más recordarlo de nuevo: «Vive cada día de tu vida como si fuese el primer día de tu existencia, como si fuese el único día de que disponemos, como si fuese el último día de nuestra vida». Una llamada realista a la necesaria y razonable conversión que hemos de llevar a término.
Que Dios nos conceda la gracia en su gran misericordia de que no tengamos que oír en la hora suprema: «En verdad os digo que no os conozco» (Mt 25,12), es decir, «no habéis tenido ninguna relación ni trato conmigo». Tratemos al Señor en esta vida de manera que lleguemos a ser conocidos y amigos suyos en el tiempo y en la eternidad.