viernes, 28 de marzo de 2025

La Anunciación del ángel a María… momento solemne para la historia…

Nada se sabía de la Madre de Jesús. Vivía en Nazaret. Oculta a los ojos de los hombres, pero no a los ojos de Dios. Más adelante contará Ella misma los hechos que la llevan a la maternidad, y a descubrir su vocación y su misión en la vida y en los planes de Dios. Hasta la anunciación del arcángel Gabriel, María de Nazaret era una mujer israelita perfectamente desconocida. Su vida trasciende la historia por el libre y amoroso cumplimiento de la misión que le fue asignada desde la eternidad y que Ella conoció a través del arcángel.
Infancia de María
Nace en una familia de la tribu de Judá; sus padres se llaman Joaquín y Ana. Diversas tradiciones nos la sitúan muy pequeña en el Templo donde aprende la Sagrada Escritura a un nivel no usual a las mujeres de Israel. Pero lo importante era su trato con Dios desde el principio. En su infancia, o primera adolescencia, es cuando percibe con claridad que Dios le pide vivir virgen por amor a Dios. Su vida de oración es intensa para poder descubrir algo infrecuente: la entrega total prescindiendo de algo tan bueno, y tan bendecido por Dios en todos los libros santos y en la conciencia de los humanos, como el matrimonio y la maternidad. Pero Dios quería de Ella ese modo de vivir que es amar con el corazón indiviso, sin anticipos de cosas buenas, en oblación total. Más adelante, Jesús dirá que no todos entienden estas cosas. Pero Ella entiende porque, aunque no lo sepa, desde su concepción tiene un privilegio especialísimo: no estar afectada por el pecado original y estar, por tanto, llena de la gracia de Dios. Ella es amada de Dios de un modo nuevo, en previsión de los méritos del que será su Hijo. Ella no lo sabe, pero sí sabe que tiene una gran intimidad con Dios, que le ama de un modo pleno, que bebe sus palabras y sintoniza plenamente con el querer divino.
Los planes de Dios
Cuando cumple trece años, sus familiares, siguiendo las costumbres del momento, deciden poner los medios para que se case del mejor modo posible. Para eso miran entre los varones de la tribu, y descubren uno que tiene todas las condiciones: José, vecino también de Nazaret. Era justo, es decir, cumplidor de la ley, honrado, trabajador, piadoso. Un buen hombre a ojos de todos, que puede encajar muy bien con el carácter de María. Los planes de Dios siguen su curso. Ahora podrá ser Madre virginal protegida a los ojos de todos por el Matrimonio con José.
El saludo del ángel
Al poco tiempo acontece uno de los momentos culmen de la historia de los hombres. María está en su casa, probablemente, recogida en oración. Cuando, de repente entró un ángel. Quizá es una aparición con el resplandor de los que están en la vida eterna cerca de Dios, quizá es más sencillo. Poco importa el modo; pues lo sorprendente son sus palabras: “Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación”(Lc).
Momento solemne para la historia
Aquel fue un momento solemne para la historia de la humanidad: se iba a cerrar el tiempo del pecado para entrar en el tiempo de la gracia; se pasa del tiempo de la paciencia de Dios al de mayor misericordia. La creación entera está pendiente del sí de una joven israelita. Es un momento de gran alegría en los cielos y en la tierra, llega al mundo un gran amor divino. Dios habita en su alma de un modo pleno, gozoso, amoroso. Ella es la hija de Dios Padre que siempre ha correspondido al querer de Dios. María se sorprende, pero sin perder la serenidad, pues reflexiona sobre el significado de estas palabras. Respeto y sorpresa. “¿Es de Dios lo que oigo?”.
No temas
El ángel, llamado Gabriel, nombre que significa ‘fuerte ante Dios’, espera; y tras un breve silencio, pronuncia las palabras de su embajada: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin”(Lc).
El ‘no temas’ es la introducción que usa la Escritura para las vocaciones de divinas, es como decir: escucha con atención, lo que vas a oír es Palabra de Dios. Y luego la gran sorpresa: por especial gracia de Dios concebirá, dará a luz, pondrá por nombre al futuro rey de Israel, al Hijo de David que tendrá un reino eterno. El momento tan esperado en Israel de la venida de un salvador ha llegado. La virgen profetizada por Isaías es Ella. Comienzan, si María quiere, los tiempos tan esperados de la gran misericordia de Dios.
María escucha, piensa, y pone una objeción no de resistencia, sino de no entender como Dios le puede pedir dos cosas que son incompatibles para el ser humano: la virginidad y la maternidad. ¡Era tan clara la llamada a ser virgen!
La respuesta de María
“María dijo al ángel: ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?”. “Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo, será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era llamada estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible”(Lc). El ángel ha respondido a la duda, María ve, ahora, la llamada anterior compatible con la maternidad que se le pide. Dios quiere que su Hijo no sea un hijo de la carne con un padre humano, sino sólo de Mujer. La única Mujer totalmente dócil a su querer.
“He aquí la esclava del Señor”
El tiempo se detiene. María reconoce el querer de Dios para Ella: su colaboración libre en una empresa divina. Percibe que su maternidad va ser de una calidad especial; ser la madre del Rey de Reyes, del Salvador, pero sobre todo ser madre del Hijo del Altísimo, ser madre de Dios; porque la maternidad hace referencia a la persona, y Ella introducirá al Hijo sempiterno en la vida de los hombres. María tuvo que ser plenamente consciente de lo que estaba pasando y de lo que se le pedía: no será un elemento pasivo en la gran tarea de la redención. Y, desde una inteligencia preclara, sin la tiniebla del pecado, ve con claridad meridiana la grandeza de lo que se le pide. Aunque tendrá conocimiento más claro en la profecía de Simeón. Pero ve, sobre todo, el gran derroche de Amor en el mundo. El mundo espera su respuesta. La espera Adán y Eva desde el seol, la esperan los patriarcas, los ángeles, el cielo está en suspenso ante la respuesta de María. Los segundos se hacen eternos. Cuando de pronto surge de su boca el sí con acentos de entrega y fe consciente y amorosa:
“Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia”(Lc).
Y el Verbo se hizo carne en sus entrañas virginales. El Espíritu forma la humanidad de Jesús y la une al Verbo. La Humanidad llega a su punto más alto: Dios se ha unido al hombre en Jesús. No hay cumbre mayor a partir de entonces. Y el gozo embarga el corazón de María llena de Dios, que además de hija de Dios Padre, es, desde entonces, Madre de Dios Hijo. EC

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jueves, 27 de marzo de 2025

Día litúrgico: Viernes III (C) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mc 12,28b-34): En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy tenemos la alegría de tropezarnos, por fin, con un escriba sensato. No hay nada más sano que dar la razón a Cristo: “Amar a Dios con todas las fuerzas y al prójimo como a uno mismo”.
—En la Cruz, Jesús puso ‘Carne’ a este precepto.

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Las causas por las que te sientes con demasiada sed…

Sentir sed es la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos simplemente que le faltan líquidos, los cuales necesita para funcionar correctamente. Es muy normal sentir sed a menudo cuando hace calor o si estás en medio de un entrenamiento físico, pero si siempre sientes que tienes la boca seca y sedienta de agua de manera que ni siquiera un vaso o dos te ayudan a saciar tu sed, podría ser un signo de un problema de salud. Entonces, ¿cómo puedes saber si tu constante sensación de sed indica un problema de este tipo? Aquí hay algunas afecciones que debes revisar y diagnosticar en caso necesario, que pueden causar un aumento de la sensación de sed.
1. Simplemente deshidratación
La deshidratación es la causa más directa del aumento de la sed. Se produce cuando tu cuerpo no tiene suficiente agua para llevar a cabo sus funciones normales. Varios factores pueden provocar deshidratación, incluida la ingesta insuficiente de líquidos, diarrea, vómitos o sudoración excesiva.
Signos de deshidratación:
·        Orina oscura: la orina de color oscuro es una clara señal de que tu cuerpo está conservando agua, lo que indica deshidratación.
·        Micción frecuente: la necesidad de orinar con frecuencia también puede ser una señal, ya que el cuerpo intenta expulsar los desechos de manera más eficiente.
·        Piel seca: cuando está deshidratada, la piel puede perder elasticidad y secarse.
·        Boca seca: una boca seca persistente puede ser un indicador inmediato de deshidratación.
·        Sensación de cansancio y agotamiento: la falta de líquidos puede hacer que te sientas cansado y letárgico.
·        Dolores de cabeza: la deshidratación puede provocar dolores de cabeza a medida que el cuerpo lucha por mantener las funciones esenciales.
2. Diabetes
La sed insaciable puede ser un síntoma de diabetes. En esta afección, el cuerpo no produce suficiente insulina o no la utiliza de manera efectiva, lo que hace que la glucosa (azúcar) se acumule en la sangre. El exceso de glucosa se expulsa a través de la orina, lo que extrae líquidos del cuerpo y provoca micción frecuente y aumento de la sed.
Síntomas de diabetes:
·        Visión borrosa: los niveles altos de azúcar en sangre pueden hacer que los cristalinos de los ojos se hinchen, lo que provoca visión borrosa.
·        Cansancio y agotamiento: a pesar de comer, el cuerpo no puede utilizar la glucosa de forma adecuada, lo que provoca fatiga.
·        Hambre constante: las células del cuerpo carecen de energía a pesar de los altos niveles de azúcar en sangre, lo que provoca hambre persistente.
·        Cortes y moretones de curación lenta: los altos niveles de glucosa pueden afectar la capacidad del cuerpo para curar heridas.
·        Micción frecuente: los riñones trabajan horas extra para filtrar el exceso de azúcar, lo que provoca una micción más frecuente.
3. Diabetes insípida
La diferencia de la diabetes mellitus, que implica problemas con los niveles de insulina y azúcar en sangre, la diabetes insípida se caracteriza por un problema con la regulación del agua en el cuerpo. Se produce cuando el cuerpo no produce suficiente hormona antidiurética (ADH) o cuando los riñones no responden adecuadamente a la ADH. Esta hormona, también conocida como vasopresina, desempeña un papel crucial en el control del equilibrio de líquidos del cuerpo al indicar a los riñones que conserven agua.
Otras señales que pueden indicar este problema son:
·        Micción frecuente: sin suficiente ADH, los riñones eliminan demasiado líquido del cuerpo, lo que provoca micciones frecuentes.
·        Deshidratación: la pérdida excesiva de agua puede provocar rápidamente deshidratación, incluso si bebes mucho líquido.
·        Sed persistente: el cuerpo envía señales continuamente para que ingieras más líquido debido a la rápida pérdida de agua.
4. Boca seca
Cuando tienes la boca muy seca, puedes sentir sed, pero lo más probable es que el problema no sea la ingesta de líquido, sino las glándulas de la cavidad bucal que producen menos saliva. Esto puede suceder como efecto secundario de un medicamento que estés tomando o debido a tratamientos contra el cáncer, pero también debido a enfermedades como el síndrome de Schögren, daños en los nervios de la cabeza y el cuello o incluso por fumar tabaco y marihuana. Si tus glándulas no producen suficiente saliva, también experimentarás otros síntomas, como:
·        Mal aliento
·        Cambios en el sentido del gusto
·        Irritaciones de las encías
·        Lápiz labial que se pega a los dientes
·        Saliva pegajosa y espesa
·        Dificultad para masticar
5. Anemia
En un estado de anemia, tu cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos sanos. Algunas personas nacen con ella, mientras que otras pueden desarrollarla en algún momento de la vida. Las causas de la anemia son muchas y variadas, y entre ellas podemos nombrar diversas enfermedades, mala nutrición e incluso sangrados abundantes. Una anemia leve probablemente no te hará sentir demasiada sed, pero sentirás que tu cuerpo necesita más agua si el problema empeora.
Otros síntomas de anemia son:
·        Mareos
·        Agotamiento y debilidad general
·        Piel pálida o amarillenta
·        Latidos cardíacos rápidos
·        Hiperhidrosis
6. Hipercalcemia
La hipercalcemia describe una condición en la que hay demasiado calcio en la sangre. Esta puede ser una condición grave, ya que el calcio juega muchos papeles cruciales en el cuerpo, incluyendo la salud de los huesos, la función muscular, la señalización nerviosa y la salud del corazón. Existen diversos factores que pueden provocar hipercalcemia y comprenderlos puede ayudar a diagnosticar y controlar la afección. Las causas van desde la hiperactividad de las glándulas paratiroides, el cáncer, las enfermedades granulomatosas (tuberculosis), así como los medicamentos y la sobredosis de vitamina D, entre otros.
Además del aumento de la sed, otros síntomas de la hipercalcemia incluyen:
·        Necesidad de orinar con frecuencia
·        Sensaciones abdominales
·        Náuseas y vómitos
·        Estreñimiento
·        Dolor de huesos y músculos débiles
·        Sensación de confusión, agotamiento e incluso depresión
·        En casos raros, problemas cardíacos como frecuencia cardíaca rápida y arritmias
¿Cómo saciar la sed?
Como comprenderás, la respuesta a esta pregunta depende, por supuesto, del tipo de problema que haya provocado la sensación de sed. De cualquier manera, se recomienda beber más agua de la que estás acostumbrado, especialmente para tratar la deshidratación, pero si eso no ayuda, es una buena idea consultar a un médico para ver qué la está causando. Si te resulta difícil beber agua en general, aquí tienes algunas recetas de agua saborizada que puedes preparar tú mismo y que te animarán a beber más. JQR