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jueves, 2 de octubre de 2025

Santa Teresita - Una semblanza en tres palabras...


Santa Teresita del Niño Jesús, esa monjita francesa lejana en el tiempo, pero tan cercana a nuestro corazón cristiano, esa gigante de la vida espiritual, pero a la vez tan sencilla, esa profunda doctora en la ciencia del Amor Divino, y a la vez tan poco académica, se nos presenta, una y mil veces, como una hermosa estrella en cielo de Dios, estrella que brilla e ilumina, que está lejos pero que puede influir en nosotros.
Santa Teresita, con su vida y su enseñanza se nos presenta como en la foto, en la que parece contemplar una Presencia especial, sin mirar a la cámara, está concentrada, atenta, serena, ante una Realidad que nosotros no vemos.
Pensar en Santa Teresita, como pensar en los demás Santos, es descubrir el lugar de Dios en la vida de un ser humano que lo ha encontrado. En este caso, ese descubrimiento de Dios, que transforma radicalmente la vida, podría sintetizarse en tres palabras con las cuales podemos describir, brevemente, la figura de nuestra Santa: niña, esposa y guerrera.
Niña en los brazos de Dios
La espiritualidad de Santa Teresita se conoce, fundamentalmente como infancia espiritual. Inspirada en el Evangelio, nuestra Santa vivió como un niño en los brazos de su madre. En varias ocasiones utiliza esa imagen, la del niño dormido lleno de confiado abandono. Ella dice que el “camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre”.
Y así lo vivió. Para ella, la confianza filial no fue una enseñanza más sino su propia forma de vivir. Ante las diversas dificultades que tuvo que superar para entrar al Carmelo, por ejemplo, le escribía a una de sus hermanas: “Dios no puede mandarme pruebas que estén por encima de mis fuerzas… ¡Paulina, no tengo más que a Dios, sólo a Dios, sólo a Dios”.
Por esto, su gran aspiración espiritual fue siempre reconocer su propia pequeñez e incapacidad para las cosas de Dios y la grandísima misericordia del Padre que socorre a los pequeños.
A las puertas de la muerte, por su enfermedad y prueba de la fe, exclamaba no poder más, sin embargo, estaba segura de que Dios no la dejaría sola. Así, llegó a una confianza tal que, en medio de grandes dolores, mantenía la serenidad de siempre, como el niño a punto de dormirse…
Esposa de Cristo
Un segundo aspecto de la espiritualidad que vivió nuestra Santa es su profundísimo amor a Jesús. Como anécdota pintoresca y como signo elocuente, viene bien saber que en la pared de su celda, había escrito el letrero: “Jesús es mi único amor”.
Ese amor al Señor, amor de entrega, imitación, sacrificio, amor exclusivo y fecundo, es la fuente de donde brotan todas las virtudes, anhelos, intereses de Santa Teresita.
Como esposa enamorada vivió para Él, por Él, con Él. En medio de su enfermedad y de la prueba de la fe, su hermana Paulina le preguntó dónde estaba Jesús, porque hacía tiempo que no hablaba de Él. Ella contestó, poniendo la mano sobre el corazón: “¡Está aquí! Está en mi corazón”.
Ese amor al Señor fue el anhelo de toda su vida: “¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía... Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono”.
Guerrera del Reino de Dios
Finalmente, Santa Teresita “es batalladora, aun cuando sus batallas se dan en el amor y por el amor, en la paz y por la paz… La batalla se da… contra la voluntad de la propia grandeza en lugar de la única grandeza de Dios”.
Nuestra Santa se nos presenta, con su serena dulzura, como una guerrera y conquistadora del Reino de Dios, en ella y en los demás: “Vestí las armas del Omnipotente, y su mano divina me adornó. Nada me hará temer en adelante, ¿quién podrá separarme de su amor? A su lado, lanzándome al combate, ya ni al fuego ni al hierro temeré. Sabrán mis enemigos que soy reina, que esposa soy de un Dios. Guardaré la armadura que me ciño, Jesús, ante tus ojos adorados, y hasta la última tarde del destierro serán mis votos mi mejor adorno”.
Ese ardor por la santidad la llevará a entregarse valientemente por la salvación de los demás: “Sentí un gran deseo de trabajar por la conversión de los pecadores, deseo que no había sentido antes con tanta intensidad... Sentí, en una palabra, que entraba en mi corazón la caridad, sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz...!”
Más aún, su anhelo conquistador de las almas, su entrega en favor de los demás, la llevó a aceptar la prueba de la fe y le inspiró el deseo de seguir haciendo el bien por toda la eternidad: “yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”.
Conclusión
¿Qué nos deja nuestra Santa? ¿Qué podemos hacer nuestro de lo suyo para acercarnos más a Dios? Podríamos conformarnos con una sola cosa de las muchas que tiene para darnos. Pensemos, simplemente, en la importancia de vivir cada acontecimiento, cada situación, cada momento… con Jesús enfrente, descubriendo en lo pequeño de nuestra vida cotidiana, un amor que nos abraza, transforma y empuja a amar al estilo de Dios.

viernes, 27 de junio de 2025

Sagrado Corazón de Jesús… (Un día de retiro en casa)

Propuesta
Querido Teófilo: (Utilizo este nombre simbólico, que significa ‘amigo de Dios’ para dirigirme a todos los que desean conocer y amar más al Señor).
Todo tiempo es bueno para rezar, pero algunos días son muy especiales. La solemnidad del Sagrado Corazón es un día muy particular para reflexionar, con más tiempo, en el amor del Señor.
Sabiendo que la vida actual no siempre nos facilita la oración, quisiera proponerte algunas líneas para que te sirvan y estimulen a rezar más y mejor. Incluso me animo a proponerte hacer una especie de retiro en casa, una forma adaptada de jornada de oración más profunda sin descuidar tus ocupaciones habituales.
Por eso te propongo un texto breve con algunas ayudas hablar con Dios y dejar que Él transforme tu vida. Busca el momento y el lugar más propicios que encuentres para rezar con tranquilidad. La propuesta consiste en:
                  Pensamientos breves para la noche anterior.
                  Durante el día, breves textos tomados de la encíclica Dilexit Nos del Papa Francisco.
                  Preguntas orientadoras para la meditación. Comienza cada momento con una oración, un momento de silencio, recordando que estamos en la presencia de Dios. 
Pensamientos para la noche anterior
                  “Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rm 5,8).
                  “Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él” (Ez 34,11).
                  “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar” (Salmo 22).
Momentos de meditación para el día del Sagrado Corazón
Primer momento: Dios nos ama
Textos seleccionados
Texto 32: Manantial divino de amor
El Corazón de Cristo, que simboliza su centro personal, desde donde brota su amor por nosotros, es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas.
Texto 90: Amor que inspira confianza
Ante el Corazón de Cristo es posible volver a la síntesis encarnada del Evangelio y vivir aquello que propuse poco tiempo atrás recordando a la entrañable santa Teresa del Niño Jesús: «La actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo». Ella lo vivía con intensidad porque había descubierto en el Corazón de Cristo que Dios es amor: «A mí me ha dado su misericordia infinita, y a través de ella contemplo y adoro las demás perfecciones divinas». Por eso la oración más popular, dirigida como un dardo al Corazón de Cristo, dice simplemente: «En Ti confío». No hacen falta más palabras.
Texto 101: Amor que vivifica
En el Corazón traspasado de Cristo se concentran escritas en carne todas las expresiones de amor de las Escrituras. No es un amor que simplemente se declara, sino que su costado abierto es manantial de vida para los amados, es aquella fuente que sacia la sed de su pueblo.
Puntos de reflexión
                  ¿Pienso habitualmente en el amor que Dios me tiene?
                  ¿Puedo relacionar mi vida de fe, mi vida cristiana, con el amor de Cristo por mí?
                  ¿Mi vida es una respuesta de amor al Señor?
                  Un lindo propósito podría ser habituarme a rezar durante el día esta sencilla pero significativa oración: “Jesús, en Vos confío.”
                  Testimonio de San Pablo: Hch 26,12-18
“Una vez, cuando me dirigía a Damasco con plenos poderes y con la orden de los sumos sacerdotes, en el camino, hacia el mediodía, vi una luz más brillante que el sol, que venía del cielo y me envolvía a mí y a los que me acompañaban. Todos caímos en tierra, y yo oí una voz que me decía en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te lastimas al dar coces contra el aguijón». Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?». Y me dijo: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y permanece de pie, porque me he aparecido a ti para hacerte ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que yo me manifestaré a ti. Te libraré de los judíos y de las naciones paganas. A ellas te envío para que les abras los ojos, y se conviertan de las tinieblas a la luz y del imperio de Satanás al verdadero Dios, y por la fe en mí, obtengan el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los santos»”.
Podemos escribir algún pensamiento, reflexión, propósitos personales o alguna oración al Señor y a su Madre.
Segundo momento: nuestra respuesta de amor
Textos seleccionados
Texto 91: Devoción al Sagrado Corazón
Dos aspectos fundamentales que hoy debería reunir la devoción al Sagrado Corazón para seguir alimentándonos y acercándonos al Evangelio: la experiencia espiritual personal y el compromiso comunitario y misionero.
Texto 106: Encuentro con Cristo
San Buenaventura une las dos líneas espirituales en torno al Corazón de Cristo: al mismo tiempo que lo presenta como la fuente de los sacramentos y de la gracia, propone que esta contemplación se convierta en una relación de amigos, en un encuentro personal de amor…
Texto 166: Jesús quiere que correspondamos a su amor
Jesús habla de su sed de ser amado, nos muestra que no es indiferente a su Corazón la reacción que nosotros tengamos ante su deseo: «Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado de los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume; y no hallo nadie que se esfuerce, según mi deseo, en apagármela, correspondiendo de alguna manera a mi amor». El pedido de Jesús es amor.
Texto 167: Amor al prójimo
Necesitamos volver a la Palabra de Dios para reconocer que la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos, no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor. La Palabra de Dios lo dice con total claridad: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40).
Puntos de reflexión
                  Nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús debería tener varios elementos: encuentro personal con Jesús, práctica de los sacramentos, amor al prójimo, iniciativas apostólicas.
                  ¿Busco momentos de oración y cercanía a Jesús, especialmente en la Eucaristía?
                  ¿Mis encuentros con Jesús me hacen más paciente, comprensivo, bondadoso con los demás? ¿Soy generoso con los otros?
                  ¿Me interesa que los demás conozcan y amen a Jesús? ¿Qué hago para ayudarlos en eso?
Podemos terminar escribiendo algún pensamiento, reflexión, propósitos personales o alguna oración al Señor y a su Madre
Oración Final
Señor Jesús, que nos amas con un amor eterno, que buscas nuestra felicidad más que nosotros mismos, confiamos en tu amor, depositamos en él toda nuestra esperanza, queremos dejarnos guiar por ese Corazón que tanto nos ha amado, queremos ser testigos de tu misericordia ante los demás.
Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros.

sábado, 21 de junio de 2025

Novena al Sagrado Corazón de Jesús…

(Tomada de los textos de Santa Teresita)
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio”.
Celebrar al Sagrado Corazón de Jesús es apuntar a lo central de nuestra fe: “Su corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: «nos amó primero» (1 Jn 4,10). Gracias a Jesús «nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído» en ese amor (1 Jn 4,16)”.
Por esto, ofrecemos estas oraciones y reflexiones para que nos ayuden a revivir nuestra vida cristiana, nuestro vínculo con ese Dios que amándonos nos impulsa a vivir del mismo modo. En este caso, tomamos con guía a una experta en el amor divino: Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Que nuestra Madre nos acompañe en el camino… 
Oración inicial para todos los días
“Oh Dios mío… ya que me has amado hasta darme a tu Hijo único para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos; te los ofrezco gustosa, y te suplico que no me mires sino a través de la Faz de Jesús y en su Corazón abrasado de amor”.
Jesús mío “quiero trabajar sólo por tu amor, con el único fin de agradarte, de consolar a tu Sagrado Corazón y de salvar almas que te amen eternamente”. 
Oración final para todos los días
“Acuérdate de que en la tierra quiero consolarte, Señor, del negro olvido al que los pecadores te condenan. ¡Amor único mío, escucha mi plegaria, para amarte, Jesús, dame mil corazones! Pero no basta aún, ¡oh Belleza suprema! ¡Para amarte dame tu propio corazón divino!” 
Meditaciones para cada día
1 El amor que necesito
Texto
“Necesito encontrar un corazón que arda en llamas de ternura, que me preste su apoyo sin reserva, que me ame como soy, pequeña y débil, que todo lo ame en mí, y que no me abandone de noche ni de día». No he podido encontrar ninguna criatura capaz de amarme siempre y de nunca morir. Yo necesito a un Dios que, como yo, se vista de mí misma y mi pobre naturaleza humana, que se haga hermano mío y que pueda sufrir”.
Puntos para la reflexión
                  El corazón humano tiene una sed infinita de amor, necesita saberse amado.
                  El amor de los demás es limitado. En ocasiones falla y traiciona.
                  Necesitamos un amor gratuito, que no sea ni por ningún interés.
                  Sólo Dios es capaz de amar infinitamente, siempre, sin jamás morir ni desaparecer.
                  Dios, al encarnarse, en Jesús, se ha hecho cercano a cada uno de nosotros por amor. La infinitud del amor divino está cerca, se puede recibir, nos puede transformar.
                  Jesús, al sufrir, nos demuestra que nos ama siempre, que nos acompaña en todo momento, incluso en los más difíciles.
                  ¿Hemos descubierto, en nuestra vida, los gestos de amor de Dios? ¿Confiamos en su amor? ¿Tratamos de corresponderle? 
2 Pruebas de amor
Texto
“Tú me escuchaste, amado Esposo mío. Por cautivar mi corazón, te hiciste igual que yo, mortal, derramaste tu sangre, ¡oh supremo misterio!, y, por si fuera poco, sigues viviendo en el altar por mí. Y si el brillo no puedo contemplar de tu rostro ni tu voz escuchar, toda dulzura, puedo, ¡feliz de mí!, de tu gracia vivir, y descansar yo puedo en tu sagrado corazón, Dios mío”.
Puntos para la reflexión
                  Jesús nos ha demostrado su desbordante amor por nosotros, especialmente, al dar la vida en la Cruz y al quedarse con nosotros en la Eucaristía.
                  La pasión de Cristo debe alimentar constantemente nuestra gratitud ante el amor divino.
                  La presencia de Jesús en la Eucarística es un gesto constante de que no estamos solos, de que Dios nos acompaña porque nos ama infinitamente.
                  Gracias a la fe podemos descubrir estos gestos de amor de Dios. La fe nos lleva a cambiar nuestra vida de cara a ese Dios que tanto nos ama.
                  Si Dios, por amor a nosotros, se nos ha acercado tanto, nuestro amor a Él debe impulsarnos para que vivamos cerca de Él.
                  ¿Agradecemos con nuestras palabras y con nuestras obras el inmenso amor de Dios?
                  ¿Tratamos de buscar tiempo para estar con Dios, en la oración, la lectura de la Biblia, la misa…? 
3 Comunión
Texto
“Tú bien sabes que yo no veo al Sagrado Corazón como todo el mundo. Yo pienso que el corazón de mi Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara”.
Puntos para la reflexión
                  La vida cristiana surge del encuentro con Jesús, con el amor de su Santísimo Corazón.
                  La vida cristiana requiere de tiempos especiales de oración, para poder conocer y amar íntimamente a Jesús.
                  La vida cristiana consiste en unirnos al Señor, en vivir en unión con Él.
                  Es importante ofrecer a Dios toda nuestra vida, nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, nuestras obras de amor al prójimo y nuestros sacrificios.
                  Nuestra vida adquiere su verdadero sentido en unión con la de Jesús.
                  ¿Trato de vivir todo según el pensamiento de Jesús, según su voluntad? ¿Le ofrezco mi vida al Señor? ¿La pongo en sus manos? 
4 Confianza
Texto
“Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquellos mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han quemado... ¡Oh dulcísima hoguera, sacratísima llama, en tu centro yo fijo mi mansión. Y allí, Jesús, yo canto confiada y alegre: ¡vivo de amor!”
Puntos para la reflexión
                  La fe en el infinito amor de Dios nos llena de amor, gratitud y confianza.
                  Ante la inmensa misericordia divina, nuestro corazón no tiene miedo, sino seguridad. Sabemos que Él nos puede perdonar.
                  La fe en el perdón divino nos mueve al sincero arrepentimiento, a la conversión de vida, a la respuesta de amor.
                  Ninguna ofensa se compara el perdón de Dios. Lo más grave es desconfiar de su amor, no arrepentirse de corazón, alejarnos de Él.
                  ¿Se que Dios es rico en misericordia y que nunca se cansa de perdonarnos? ¿Busco continuamente su perdón, con humildad y gratitud? 
5 Sacrificio
Texto
“Vivir de amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario a zaga de las huellas de Jesús, y valorar la cruz como un tesoro... En el cielo, mi vida será el gozo, y el dolor será ido para siempre. Mas aquí desterrada, quiero, en el sufrimiento, ¡vivir de amor!”
“Para darles un precio, todos mis sacrificios echar quiero en tu inefable corazón de Dios”.
Puntos para la reflexión
                  La fidelidad al Señor implica vivir de la fe y de su amor en toda circunstancia, buena o adversa.
                  Poder ofrecer a Dios nuestros sufrimientos es una gracia.
                  Unidos a Jesús, el Dios que ha sufrido por nosotros, nos da fortaleza para sobrellevar nuestras adversidades.
                  ¿Cómo vivo los momentos de dolor? ¿Recurro a Dios, dejo que Él me consuele y sostenga? ¿Me fortalezco contemplando el amor infinito de Jesús en la cruz? 
6 Desinterés
Texto
“Vivir de amor es darse sin medida, sin reclamar salario aquí en la tierra. ¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura de que en amor el cálculo no entre! Lo he dado todo al corazón divino, que rebosa ternura. Nada me queda ya... Corro ligera. Ya mi única riqueza es, y será por siempre ¡vivir de amor!”
Puntos para la reflexión
                  Muchas veces amamos pero con la necesidad de ser correspondidos, agradecidos, valorados.
                  Sin embargo, en el caso de Dios, Él nos amó primero, nosotros somos los que correspondemos.
                  Es importante aprender a amar a Dios por Él mismo y no por sus dones.
                  Crecer en el amor divino es la mejor recompensa del amor.
                  ¿Doy a Dios todo lo que puedo? ¿Colaboro con la obra de Dios con mis bienes, con mi tiempo, con mis talentos?
                  ¿Amó a Dios por Sí mismo o por sus dones? 
7 Caridad fraterna
Texto
“En los comienzos de mi vida religiosa Jesús quiso hacerme sentir qué dulce es verle a él en el alma de sus esposas. Así, cuando llevaba a la hermana sor San Pedro, lo hacía con tanto amor, que no hubiera podido hacerlo mejor si hubiese tenido que llevar al mismo Jesús”.
Puntos para la reflexión
                  El amor a Jesús se traduce en amor al prójimo. El mismo Señor nos ha enseñado que Él mismo recibe las obras que hacemos a los demás.
                  En la fe, podemos ver al Señor y amarlo, en nuestros hermanos, especialmente los más necesitamos.
                  Prestar un servicio a alguien por amor al Señor es un acto de caridad verdaderamente valioso para Dios, de hecho, “la fe actúa por la caridad”.
                  Esta caridad, que apunta a Dios y al prójimo, eleva nuestra capacidad de amar. Nos hace más pacientes, serviciales, humildes, desinteresados, mansos, honrados…
                  ¿Nuestro amor a Dios nos lleva a amar a los demás, incluso los que no nos son simpáticos? ¿Somos serviciales? ¿Pensamos en lo demás? ¿Nos ocupamos de los más necesitados? 
8 Misión
Texto
“Vivir de amor es navegar sin tregua en las almas sembrando paz y gozo. ¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge, Pues te veo en las almas, mis hermanos. La caridad me guía, ella es mi estrella, bogo siempre a su luz, en mi vela yo llevo grabada mi divisa: ¡Vivir de amor!”
Puntos para la reflexión
                  Una expresión muy especial de la caridad fraterna es el deseo de que los demás se encuentren con Dios, fuente de gozo y paz.
                  La misión es el amor que busca dar a Dios a los demás.
                  La mayor necesidad del corazón humano es el amor divino. Y la misión, la evangelización busca hacer de puente para que el hombre descubra el amor de Dios.
                  La misión es no conformarse con amar a Dios sino querer que otros también lo amen.
                  ¿Qué hago para que los que me rodean se encuentren con Dios? 
9 Perseverancia
Texto
“¡Corazón de Jesús, tesoro de ternura, tú eres mi dicha, mi única esperanza! Tú que supiste hechizar mi tierna juventud, quédate junto a mí hasta que llegue la última tarde de mi día aquí. Te entrego, mi Señor, mi vida entera, y tú ya conoces todos mis deseos. En tu tierna bondad, siempre infinita, quiero perderme toda, Corazón de Jesús… Mi desterrada alma, al dejar esta vida, quisiera hacer un acto de purísimo amor, y luego, dirigiendo su vuelo hacia la patria, ¡entrar ya para siempre en tu corazón…!”
Puntos para la reflexión
                  El amor de Dios es infinito, nos colma aquí en la tierra y será nuestra casa en el Cielo.
                  La esperanza del amor eterno, de la vida eterna, da luces y fuerzas especiales para vivir coherentemente nuestra fe en la tierra.
                  La vida cristiana es un encuentro con Jesús tan profundo que no se rompe, que no se acaba, sino que permanece para siempre.
                  El amor verdadero es para siempre.
                  ¿Deseo amar a Dios, crecer en su amor y serle fiel por siempre?

sábado, 5 de abril de 2025

Pasión y muerte…

Lectura: Mc 15,20b-40
Lo hicieron salir para crucificarlo. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo». Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero Él no lo tomó. Después lo crucificaron.
Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos». Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. (Y se cumplió la Escritura que dice: «Fue contado entre los malhechores»)
Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: ¡«Eh, Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!». De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!». También lo insultaban los que habían sido crucificados con Él.
Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías». Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo». Entonces Jesús, dando un grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!». Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos.
Meditación:
Mirando la Cruz, podemos contemplar tanto la obra de Dios como las diversas actitudes de los hombres. Vemos a Jesús que se entrega por nosotros, que lo hace hasta el final, que no ahorra sufrimientos, que nos da su Espíritu. “No hay amor más grande que dar la vida” (Cf. Jn 15,13).
Vemos también la crueldad de los soldados, los insultos de muchos, la ayuda -forzada al comienzo- del Cireneo, la compañía -a la distancia- de las mujeres…
Meditando la Pasión y Muerte del Señor no sólo nos acercamos a su amor infinito sino que somos transformados por ese amor. En la Cruz encontramos la mejor escuela de todas las virtudes: allí vemos la paciencia, la entrega, la humildad, la misericordia…
                  ¿Tengo presente en mi vida lo que Cristo hizo por mí?
                  ¿Uno mis sufrimientos a los del Señor Jesús por la salvación de los demás?
                  ¿Trato de luchar contra mis pecados, por los cuales Jesús murió en la Cruz?
Oración:
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mi!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas, injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilato: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilato: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilato hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén (San Buenaventura).
Contemplación:
Contemplando la imagen del Crucificado, repitamos en nuestro interior: “Hijo de Dios”.
Acción:
Tener siempre una crucecita o un crucifijo para recordar el amor infinito de Dios y así tratar de corresponder.